Sociedad

Francisco y el poder de la alegría

El corresponsal del Vaticano en ABC, Juan Vicente Boo, presenta este martes 15 de noviembre en Madrid «el primer libro global sobre el pontificado» del Papa jesuita

El Papa recibe el libro de manos de su autor, Juan Vicente Boo
El Papa recibe el libro de manos de su autor, Juan Vicente Boo - ABC

Trabajar durante casi dos décadas en plena Vía della Conciliazione a pocos metros de la casa del Papa ofrece una perspectiva sobre el mundo y el hombre que solo unos pocos tienen al alcance de su mano. Esa cercanía diaria al Santo Padre es lo que ha llevado a nuestro corresponsal de ABC en el Vaticano, Juan Vicente Boo, a publicar «El Papa de la alegría» (Espasa), «el primer libro global sobre Francisco y su Pontificado».

Como antiguo corresponsal en Nueva York y Bruselas, Juan Vicente Boo analiza en su publicación «el enorme impacto mundial» del primer Pontífice latinoamericano y cómo su personalidad atractiva y alegre ha permitido a este cardenal «del fin del mundo» ser el primer Papa invitado a hablar ante el Congreso de EE.UU., lograr un acuerdo contra el calentamiento global o reconciliar a Cuba y EE.UU., entre otras cosas. «Para entender lo que hace Francisco es necesario conocer el origen de las guerras que causan el mayor número de refugiados de la historia; comprender la pelea interna que hay dentro del Islam y que él mismo intenta calmar y también las raíces de la crisis económica que estamos viviendo o cómo hemos llegado a calentar el planeta y provocar un cambio climático», explica Boo a ABC.

«Para entender lo que hace Francisco es necesario conocer el origen de las guerras, la pelea interna que en el Islam y las raíces de la crisis económica que estamos viviendo»

Sin embargo, para un periodista que durante muchos años ha visto funcionar, «en tiempo real y desde dentro, sistemas económicos, ejércitos, alianzas militares y naciones», el legado más importante de Francisco es «haber mejorado nuestros corazones y hacerlos más humanos». «Nos hace sonreír y esto es un favor impagable», señala Boo, quien recuerda en su libro que si «miras al mundo desde la OTAN ves ejércitos, bombarderos y misiles. Si miras desde la Unión Europea ves potencias económicas y mercados. Desde Naciones Unidas ves Estados. Desde el Vaticano, en cambio, ves personas».

Ese es el retrato que mejor describe a Francisco. Un hombre que ha sabido encontrar en la alegría «la mejor palanca para la renovación de la Iglesia y de las personas», sostiene el autor. «A él la alegría le da fuerzas, le da alas y ha conseguido que sea contagiosa». El extracto del libro, que aquí adelantamos, lo demuestra.

Maestro de la comunicación

«Benedicto XVI era un Papa “para leer”. Francisco es un Papa “para ver y escuchar”. La transcripción de sus palabras en un periódico se queda siempre corta. Es necesario ver su rostro —sonriente, preocupado, pícaro o bromista— para entender lo que quiere decir. Hay que escuchar atentamente las inflexiones de su voz para entender el significado de su lenguaje cercano, de la calle. En cierto modo, es un Papa “radiofónico”».

Lenguaje de los gestos

«Juan Pablo II había enseñado que el lenguaje más universal es el de los gestos: arrodillarse en el suelo para besar la tierra al bajar de la escalerilla del avión, visitar en la cárcel al asesino a sueldo que había intentado matarle a tiros en la plaza de San Pedro...

«El Papa nos hace sonreír y esto es un favor impagable»

Francisco sigue esa escuela, acentuando otro lenguaje universal, el del cariño, y sabiendo que nada arrastra tanto como el ejemplo. Con independencia del cargo, la autoridad moral viene de la coherencia entre lo que una persona dice y lo que hace. El Papa argentino —en muchos aspectos, piamontés—, no aconseja o no pide casi nada que no haya hecho personalmente a lo largo de su azarosa vida».

Una persona corriente

«Francisco quiere a las personas corrientes porque se siente uno más. No está subido mentalmente a ningún pedestal. En cada vuelo internacional, el Papa no sólo nos saluda uno a uno a los periodistas. Saluda también a los pilotos, a los mecánicos, a las azafatas… Durante el viaje hacia La Habana y México, una azafata de Alitalia tenía una curiosidad y le hizo una pregunta.

—¿Es cierto que a usted le gustaría ser una persona corriente?

—Yo soy una persona corriente— le respondió sonriendo el Papa».

La diplomacia del encuentro

Francisco «dejó estupefactos a los diplomáticos frenando en seco el plan de bombardeos masivos de EE.UU. en Siria con una vela de oración en la plaza de San Pedro y una carta a Vladimir Putin. Logró impulsar, en el más estricto secreto, la reconciliación entre Cuba y EE.UU., recibiendo el cálido agradecimiento simultáneo de los presidentes Raúl Castro y Barack Obama.

En 2015, mediante una encíclica ecológica, un discurso en Naciones Unidas y una cadena de llamamientos a la responsabilidad, contribuía decisivamente al éxito de la Cumbre de París para hacer frente al reto del calentamiento global. Y todo sin levantar la voz. Parafraseando a Arquímedes se podría decir que, con la palanca de la ternura, Francisco lograba mover el mundo».

Liderazgo en tiempos difíciles

«Poner orden, disciplina y espíritu de servicio allí donde faltan es una tarea ingrata que requiere dotes especiales. Viendo su modo de actuar, pasado y presente, está claro que Francisco las tiene. Y es muy probable que consiga sacar adelante su profunda reforma, a pesar de las dificultades.

Casi siempre, en cada momento decisivo de la historia, la Iglesia ha tenido el papa que necesitaba. Si en el cónclave del 2013 los cardenales hubiesen elegido para poner orden en la Curia vaticana a una persona metódica como un reloj suizo, probablemente a estas alturas estaría ya muerta de agotamiento… o habría renunciado.

Su legado más importante es «haber mejorado nuestros corazones y hacerlos más humanos»

Francisco, en cambio, no tiene miedo de nadar en aguas turbulentas. A moverse entre el desorden, a trabajar con colaboradores imperfectos e incluso traicioneros, como han demostrado ser algunos. Y su resistencia es proverbial. Tiene experiencia y está curtido, pues ha tenido que poner orden en circunstancias difíciles. Como joven provincial de los jesuitas en Argentina, salvó la vida a docenas de personas en peligro de arresto, tortura o muerte a manos de una Junta Militar que asesinó sin juicio a unas 30.000 personas, los llamados eufemísticamente “desaparecidos”».

Amistad interreligiosa

«Como todos los papas desde el Concilio Vaticano II, Francisco vuelca una gran energía en dos frentes sólo aparentemente “exteriores” a la Iglesia: la unidad con las otras Iglesias cristianas, y la convivencia con las demás religiones. Avanza rápido en ambos apoyándose sobre todo en un elemento muy sencillo: la amistad personal. Y, también, en un cambio de estrategia que tiene dos aspectos.

Ante todo, dejar de lado debates teológicos interminables que llevaban siglos en callejones sin salida y solo servían para cultivar enemistades. El cristianismo consiste en creer, pero también en actuar, sobre todo al servicio del prójimo. Ese punto, olvidado por algunos, permite trabajar codo a codo con los demás cristianos sin necesidad de discutir sobre arabescos teológicos. En segundo lugar, dar mayor protagonismo a los fieles de a pie. El ejemplo de amistad visible entre los líderes de cada confesión es importante. Pero son las personas corrientes quienes crean la unidad cotidiana con la familia evangélica, ortodoxa o judía de la casa de al lado».

Cuatro horas de oración

«El “padre Jorge”, como sigue presentándose cuando llama por teléfono a sus amigos es, ante todo, un sacerdote. Su espiritualidad es la de un buen jesuita, volcado en ayudar a las almas a conocer a Dios y acercarse a Él con la enorme sabiduría y experiencia de los “Ejercicios espirituales”. La espiritualidad de Francisco se entreteje con su jornada diaria, que incluye cuatro horas de oración, nueve horas de trabajo, y encuentros con docenas de personas. En un día “normal”, más de un centenar».

Toda la actualidad en portada
publicidad

comentarios