EE.UU. no logra frenar el consumo de opiáceos y llega a los 142 muertos al día

El abuso de la heroína y los analgésicos sigue creciendo en el país, que afronta una «epidemia nacional»

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Pese a los esfuerzos de las autoridades estadounidenses, el consumo de opiáceos y las muertes por sobredosis siguen alcanzando nuevas cotas. Es una auténtica epidemia: si en 2014 ya causaba la muerte de 125 estadounidenses cada día, en 2015 ha ascendido a las 142, según los datos que publicó ayer el Centro de Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés). En total, cerca de 52.000 decesos.

Los analgésicos, las drogas sintéticas y la heroína son los responsables. Desde hace años, las sobredosis son la principal causa de muerte accidental en Estados Unidos, y entre 2002 y 2015 se han duplicado en las estadísticas. Ahora, según alertó ayer el CDC, su consumo no solo crece en las zonas urbanas, sino que también ha alcanzado a las zonas rurales.

La «guerra a la droga», así denominada por primera vez por el presidente Richard Nixon, y continuada por todos sus sucesores se ha gastado miles de millones de dólares en la criminalización y persecución de la producción, tráfico y consumo de sustancias prohibidas. La realidad ha demostrado que ha sido una estrategia fallida, que solo ha conseguido llenar las cárceles de personas -sobre todo negras- relacionadas con la droga y que no ha evitado que el consumo se dispare.

El actual presidente de EE.UU. tampoco se ha quedado al margen del problema. El pasado mes de agosto, Donald Trump declaró una «emergencia nacional» por la adicción a la heroína y los opiáceos en el país. «Nunca ha habido algo como lo que ha sucedido en este país durante los últimos cuatro o cinco años», explicó el mandatario republicano.

La epidemia de heroína ha sido una realidad en los barrios marginales de todo EE.UU. desde los años 80, sobre todo en la minoría negra. El aumento disparado de la última década tiene que ver con una cultura de prescripción de opiáceos indiscriminada para tratar el dolor y con factores sociales como el empobrecimiento de las clases medias. Cuando el médico ya no da más recetas, la heroína -más barata incluso que los medicamentos- espera en la calle.

Según ha constatado en la Agencia Antidrogas Estadounidense (DEA), la heroína se ha convertido en el sustituto de los analgésicos opiáceos. Solo pagar las dosis de un día, de unas 4 o 5 pastillas de analgésicos en el mercado negro pueden costar 40 dólares. Pero el coste de una bolsa de heroína oscila entre los 10 y 20 dólares. De hecho, el 45 % de las personas que utilizan heroína eran anteriormente adictos a los analgésicos derivados del opio, según estadísticas del CDC.