«Yo era muy joven cuando empecé y recuerdo especialmente a uno que, cada vez que se cruzaba conmigo por el pasillo hacía siempre así (guiña lascivamente un ojo)», relata la verde Katja Dörner
«Yo era muy joven cuando empecé y recuerdo especialmente a uno que, cada vez que se cruzaba conmigo por el pasillo hacía siempre así (guiña lascivamente un ojo)», relata la verde Katja Dörner - WIKIPEDIA

Las diputadas alemanas denuncian machismo en el Bundestag

«Todo en la vida gira alrededor del sexo y el sexo gira en torno al poder», dijo una vez Oscar Wilde. Tras la ola de denuncias en Washington y Londres, un equipo de reporteros alemanes del programa Ocupy, de la televisión pública WDR, ha querido verificar esa cita y sondear en qué medida el machismo está presente también en el corazón del poder de la igualitaria Alemania

CORRESPONSAL EN BERLÍNActualizado:

«Todo en la vida gira alrededor del sexo y el sexo gira en torno al poder», dijo una vez Oscar Wilde. Tras la ola de denuncias en Washington y Londres, un equipo de reporteros alemanes del programa Ocupy, de la televisión pública WDR, ha querido verificar esa cita y sondear en qué medida el machismo está presente también en el corazón del poder de la igualitaria Alemania, para lo que ha preguntado a 45 diputadas de todos los grupos parlamentarios sobre su día a día en la política. El resultado es realmente esclarecedor.

«He escuchado elogios de mi partido por mi competencia, como si les sorprendiera, y también recuerdo haber tenido que escuchar elogios por ser «el mejor culo de la comisión», relata Margi Stumpp, del partido Los Verdes, en medio de un sinfín de episodios en los que queda patente que los hombres siguen ejerciendo un papel de superioridad, casi intimidatorio, por medio de comportamientos en los que se refieren a sus colegas políticas desde un punto de vista sexual en contextos profesionales completamente ajenos al ámbito de las relaciones. «Es una falta de respeto y una forma de dominación», denuncia Elisabeth Motschmann, de la Unión Cristianodemócrata de Merkel (CDU), «¿por qué se ha sometido a las mujeres durante siglos? Y entonces llega la frase: porque ha dado buen resultado».

«No eres tan fea como para haber tenido que dedicarte a la política», escuchó de un colega, a modo de supuesto cumplido, la diputada socialdemócrata Ulla Schmidt, vicepresidenta del Bundestag y ex ministra de Sanidad. Y no sucedió hace décadas, sino la pasada legislatura. «Yo era muy joven cuando empecé y recuerdo especialmente a uno que, cada vez que se cruzaba conmigo por el pasillo hacía siempre así (guiña lascivamente un ojo)», relata la verde Katja Dörner. «O cuando tomas la palabra y te presentan diciendo que ahora es el turno de nuestra bella colega, vicepresidenta del grupo parlamentario», anota la conservadora Gitta Connemann, »y yo tengo que empezar mi intervención recordando que, además, soy inteligente».

«Ha habido momentos especialmente desmoralizadores, como al finalizar una intervención en la que, sinceramente, creo que estuve muy bien, que aporté buenos argumentos, y mis compañeros me comentaron al regresar a mi asiento la forma tan encantadora en la que se movían mis pendientes cuando yo giraba la cabeza hacia la bancada contraria», recuerda Katja Kipping, de Die Linke (La Izquierda), «y no es que no me guste hablar de moda o complementos, pero es evidente que para cualquier piropo o para cualquier comentario sobre moda aplicada a la política hay un timing correcto que evidentemente no era ese».

Por no hablar de los repartos de cargos y la predestinación a determinados puestos por el hecho de ser mujer. La socialdemócrata (SPD) Bettina Hagedorn recuerda, por ejemplo, su primera reunión con el grupo parlamentario, cuando se le propuso, como lugar ideal para ella por ser mujer y nueva en el Parlamento, las comisiones de Educación o Asuntos Sociales, cuando ella lo que quería era ir a la comisión de Finanzas. «Para ti, además con un hijo, lo ideal es la comisión de Asuntos Sociales, le dijeron sus compañeros del Partido Liberal (FDP) a Christine Aschenberg-Dugnus

En opinión de la verde Renate Künast, «ese comportamiento ofensivo tiene como objeto establecer una especie de jerarquía en el grupo». La socialdemócrata Leni Breymaier, teoriza sobre «sutiles mecanismos» de superioridad, aclarando que «no se trata de sexualidad, sino de poder”.

En el nuevo Parlamento elegido en las elecciones de septiembre, sólo 218 de los 709 escaños están ocupados por mujeres, algo menos del 31 %, frente al 37 % de la anterior legislatura.