Ola de incendios

Dimite la ministra de Interior portuguesa por la gestión de los incendios

El presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, se distancia del primer ministro socialista, António Costa

CORRESPONSAL EN LISBOA (PORTUGAL)Actualizado:

Primera dimisión en el Gobierno socialista portugués. La ministra de Administración Interna, Constança Urbano de Sousa, se marcha después de la oleada de críticas recibida no solo por su gestión de los incendios sino por sus palabras de hace unos días, cuando dijo: «Dimitir sería tener las vacaciones que no tuve».

La indignación popular ante semejante frase no se hizo esperar y corrió a gran velocidad por las redes sociales, hasta el punto de que se convocó una manifestación como protesta en Lisboa bajo el lema: «Que se vaya de vacaciones».

Los 41 muertos causados por la devastación de las llamas en los últimos días no dejaban resquicio a comentarios de ese tipo, con el sufrimiento de los portugueses en primer plano y la falta de respuestas institucionales flotando en el aire. Mucho más cuando la cifra global de fallecidos por esta causa en lo que va de año ha subido a 105.

La grave crisis está servida en el Ejecutivo y el primer ministro, António Costa, tampoco se salva del blanco de las críticas, especialmente porque no pidió disculpas a los ciudadanos ni se dirigió a ellos con palabras de consuelo. Hasta destacados barones socialistas, como el eurodiputado Francisco Assis, habían pedido la cabeza de Constança Urbano de Sousa e instaron al jefe del Gobierno a «mostrar un poco de corazón». La cohabitación se ha fracturado y el presidente de la República, el conservador Marcelo Rebelo de Sousa, le dio igualmente un ‘tirón de orejas’ a un acorralado António Costa.

Estas grietas en la cúpula no son más que el reflejo del descontento popular y la indefensión ante la embestida de las llamas. Y es que más de 316.000 hectáreas se han calcinado desde que arrancó este 2017, con 70.000 de ellas arrasadas entre domingo y lunes

Después de la renuncia a la reelección de Pedro Passos Coelho, los conservadores del PSD se encuentran en fase de renovación. De hecho, Pedro Santana Lopes ha tenido que retrasar la presentación de su candidatura para la presidencia de la formación debido al clima tenso tras los incendios, que aconseja centrar los esfuerzos en otros objetivos. El partido decide hoy mismo si apoya el movimiento de ficha del CDS (Centro Democrático y Social) de Assunçao Cristas, que anunció una moción de censura contra el Gobierno socialista porque la gestión del gabinete liderado por Costa ha vuelto a quedar en entredicho y cientos de ciudadanos se sienten frustrados.

La ira popular no olvida que, cuando fallecieron 65 personas por la acción de las llamas en Pedrógao Grande hace cuatro meses, el propio primer ministro se afanó en declarar: «Esta situación no debe repetirse». Pero se ha repetido y con la misma dimensión apocalíptica. Para colmo, se ha producido una dispersión de daños que hiere en lo más profundo a la población lusa. Además, las manifestaciones se extienden por toda la nación para quejarse de la falta de medios para combatir las llamas.

Nada extraño, si tenemos en cuenta el dato que acaba de salir a la luz: el Estado perdió 29 medios aéreos aptos para la lucha contra el fuego el pasado 30 de septiembre, pues finalizó el contrato temporal para su alquiler y el Ejecutivo estimó que, una vez finalizado el verano, ya no había riesgo de incendios. Esa previsión se ha revelado errónea y el asunto se ha convertido en la gran pesadilla del socialismo en el poder.

El único consuelo institucional que perciberon los ciudadanos llegó de Marcelo Rebelo de Sousa, quien habló para la nación en hora de máxima audiencia para intentar transmitir un mensaje de serenidad. «Cuatro muertos no son 41», decía una señora mayor ante las cámaras de televisión, en referencia a la embestida de las llamas en Galicia. Porque de nuevo los portugueses vuelven a mirar a España, igual que sucedió cuando llegaban al país vecino las imágenes de los incendios de Doñana a finales de junio, cuya ausencia de víctimas mortales contrastaba con el infierno de Pedrógao Grande.

La gran pregunta que flota en el aire es por qué Portugal no aprende la lección y se sigue dependiendo de la ayuda exterior para hacer frente a estas catástrofes que no dejan de reproducirse. En consecuencia, crece el convencimiento de que el Gobierno no ha estado a la altura y ha fallado en la protección de los ciudadanos.

Más de 25 aldeas tuvieron que ser evacuadas entre el domingo y el lunes, con los pasajeros de cuatro líneas de ferrocarril pasando la noche en los vagones porque las columnas de humo impedían reanudar la actividad de los trenes con normalidad.

El panorama se dibujó con este aspecto en la antesala de un trauma que se plasma en los tres días de luto nacional declarados oficialmente. Ahora la incógnita pasa por saber si la salida de la ministra será la única en el gabinete de Costa.