La compañía alemana acumula escándalo tras escándalo
La compañía alemana acumula escándalo tras escándalo - ABC

El departamento legal de Volkswagen autorizó expresamente los polémicos experimentos

La Universidad que sometió a gases tóxicos a 25 personas para demostrar que los coches contaminaban menos dice que fue «engañada»

CORRESPONSAL EN BERLÍNActualizado:

Tras destaparse el escándalo de los experimentos con seres humanos llevados a cabo en Alemania, la empresa automovilística Volkswagen ha optado por la misma estrategia que siguió tras el escándalo por el fraude de los motores diésel. La compañía ha apuntado con el dedo acusador al responsable de relaciones exteriores y a aceptado su cede, acotando la responsabilidad por lo ocurrido a un muy reducido número de trabajadores y exculpando a la directiva que afirma no haber sabido nada de un asunto que considera «repelente», según el adjetivo utilizado por el presidente de la empresa, Thomas Müller.

Pero al igual que ocurrió con los motores trucados, esa estrategia ha demostrado tener las patas muy cortas. El diario salmón alemán Handelsblatt ha publicado el contenido de documentos internos que demuestran que el departamento legal de Volkswagen autorizó expresamente los experimentos, lo que demuestra que la directiva sabía, que tenía dudas al respecto y que pidió asesoría al respecto, además de añadir una piedra más al saco de las sospechas de falta de independencia de las instituciones científicas que los llevaron a cabo.

La única consecuencia que ha tenido hasta ahora el escándalo ha sido el cese del apoderado general del grupo, Thomas Steg, que se ha ido sin dar explicaciones. En un comunicado, Volkswagen señaló que la dirección del consorcio había «aceptado la petición de cese temporal» de Steg y lo había separado de sus funciones «hasta que se aclare completamente lo sucedido».

Estudio de salud laboral

Lo sucedido se ha ido aclarando gracias a informaciones periodísticas y a los datos proporcionados por la Clínica Universitaria de Aquisgrán, el centro en el que se llevaron a cabo las pruebas y cuyo equipo ha declarado sentirse «engañado» y «estafado» por Volkswagen, puesto que creían que estaban realizando un estudio sobre salud en el trabajo que en realidad pensaba utilizarse, en caso de haber dado los resultados deseados, como coartada contra las acusaciones sobre motores que violaban la normativa medioambiental.

El experimento contó con una financiación de 220.000 euros y consistió en el sometimiento a 25 voluntarios a inhalaciones tóxicas de diverso grado durante tres horas, una vez por semana y cuatro semanas seguidas.

Así fue el estudio con humanos

Tras cada sesión se realizaban pruebas de medición de parámetros médicos y se les tomaban muestras de sangre para comparar el estado del organismo con los parámetros observados en situaciones de aire limpio. Ni la clínica, ni Volkswagen ni el equipo médico ha querido comentar este dato, pero por científicos al tanto de experimentos parecidos en otros sectores, estos voluntarios eran en su mayoría estudiantes que cobraban unos 12 euros por hora trabajada, incluyendo como horas trabajadas las empleadas en las pruebas médicas. Uno de los participantes, Georg Winkers, se ha presentado ante los periodistas para relativizar lo ocurrido y «desdramatizar». «Hoy en día no tengo ninguna secuela», ha garantizado, mientras que el centro aseguró que el ensayo no ha tenido repercusiones en la salud de ninguno de los voluntarios.

Pero los resultados de los experimentos parecen decir lo contrario. Si bien no han sido hechos públicos los resultados en las pruebas sobre seres humanos, sí se han filtrado las conclusiones del estudio realizado anteriormente con monos en EE.UU., en el que se sometió a los primates a inhalaciones. El humo procedía del tubo de escape de un Beeetle de Volkswagen fabricado en 2016 para comparar sus efectos en la salud con las inhalaciones de gases emitidos por una camioneta de Ford fabricada en 1997.

Peor los coches nuevos

Los ensayos debían mostrar la inocuidad de los nuevos motores diésel, pero por el contrario tuvieron como consecuencia que los animales que respiraron las emisiones del motor más antiguo presentasen «más señales inflamatorias que los que respiraron los gases emitidos por el vehículo más antiguo».

El laboratorio envió los resultados en el plazo previsto, pero recibió un correo electrónico en el que se le informaba que no serían hechos públicos. Hubo una propuesta para publicarlos solo parcialmente, tratando de evitar el dato más corrosivo para la imagen de Volkswagen, pero la empresa concluyó que se trataba de un contenido demasiado «demoledor».

En el caso de los experimentos con humanos, el equipo científico se ha presentado ante la prensa para defender el carácter técnicamente «irreprochable» de las pruebas, pero igualmente se ha negado a hacer públicos los resultados y a fecha de hoy seguimos sin saber qué mostraban las pruebas médicas. Se excusan en que no consideran «ampliamente relevantes» los resultados porque no pueden extrapolarse a toda la población y porque el dióxido de nitrógeno (NO2) no es el único gas contaminante presente en el aire que respiran las personas.

Se limitan a repetir una y otra vez que «se cumplieron las cuatro condiciones: ninguna influencia en el diseño del estudio, ninguna influencia en el desarrollo del estudio, derechos de publicación libres y transparencia en la financiación», y se desvinculan por completo de la decisión de las empresas de no publicar los resultados.

El director del Instituto de Medicina del Trabajo que realizó el experimento, Thomas Kraus, ha enviado el informe con los datos al Gobierno regional y ha declarado sentirse «traicionado» por las empresas que financian. Se mantiene en la independencia del estudio, a pesar de que fue realizado por encargo de la Asociación Europea de Estudios sobre la Salud y el Medio Ambiente en el Transporte (EUGT), que es financiada directamente Volkswagen, Daimler y BMW.

El decano de la Facultad de Medicina de Aquisgrán, Stefan Uhlig, también ha respaldado al equipo de la Clínica Universitaria y ha restado importancia a estas prácticas alegando que experimentos de este tipo se han realizado en unos 30 países en las últimas décadas. «Son experimentos que nos ayudan a todos nosotros porque sirven para mejorar la salud colectiva», ha dicho, mientras que el presidente de Volkswagen, Mathias Müller, ha abierto una investigación interna y no ha confirmado ni negado ninguna de las informaciones anteriormente citadas.

Un sector en evidencia

«Estamos investigando detalladamente» los trabajos realizados por la Asociación Europea de Estudios sobre la Salud y el Medio Ambiente en el Transporte para «extraer todas las consecuencias necesarias», anunciaba en un comunicado, pero de esto hace ya una semana y la empresa no ha publicado por su parte ni un solo dato.

El sector automovilístico alemán ya quedó en evidencia con el fraude masivo de los motores diésel, en el que 13 millones de vehículos fueron manipulados para burlar la legislación de emisiones tóxicas. La ausencia de sanciones en Alemania a estas empresas fue tema de la campaña electoral y la propia canciller Merkel, recordó los empleos que estaban en juego.