CAMBIO CLIMÁTICO

La Cumbre del Clima se juega en Estados Unidos

Hoy comienza en Marrakech la reunión que buscará las soluciones para frenar el cambio climático

Una familia circula en moto en Nueva Delhi en medio de una espesa niebla causada por la contaminación
Una familia circula en moto en Nueva Delhi en medio de una espesa niebla causada por la contaminación - EFE
ARACELI ACOSTA Madrid - Actualizado: Guardado en:

La sombra de las elecciones americanas es alargada y a ella no escapa la Cumbre del Clima (COP22), que este lunes comienza en Marrakech (Marruecos) y se prolongará hasta el 18 de noviembre. Tras el éxito de la anterior cita climática, de la que salió el Acuerdo de París, cuya entrada en vigor se produjo el pasado 4 de noviembre, Marrakech tiene la tarea de fijar cómo hay que hacer la transición hacia un mundo bajo en carbono para cumplir con el objetivo de que la temperatura del planeta no aumente más de 2ºC a final de siglo con respecto al nivel preindustrial y hacer todo lo posible para que no supere los 1,5ºC.

Sin embargo, en esta ocasión, el partido no se juega ni en París ni en Marrakech, donde se darán cita representantes de 195 países, sino en los «estados bisagra» que parecen tener la llave para decantar la batalla electoral en EE.UU. hacia el republicano Donald Trump o la demócrata Hillary Clinton.

El miedo a Trump

«Si Trump gana las elecciones da igual que al día siguiente diga que renuncia al Acuerdo de París o que no lo diga, la sensación de incertidumbre es tan enorme que todo el mundo va a paralizar los primeros pasos hacia la descarbonización», explica a ABC Teresa Ribera, directora del Instituto para el Desarrollo Sostenible y las Relaciones Internacionales y ex secretaria de Estado de Cambio Climático.

Las manifestaciones de Trump tildando de «farsa» el cambio climático, del que dice que «ha sido creado por y para los chinos», llevó hace unos días al enviado especial de China para el cambio climático, Xie Zhenhua, a intervenir: «Si fuera un líder sabio, debería saber que todas las políticas deben responder a la tendencia del desarrollo del mundo». Y es que China «ha asumido un riesgo político con Obama muy importante, de ahí su temor a que gane Trump», explica Ribera.

La ministra francesa de Medio Ambiente, Ségolène Royal, por su parte, entiende la amenaza del candidato republicano de retirarse del pacto como una táctica de campaña: «Tal vez necesitaba más financiación del lobby petrolero», dijo hace días con sorna.

Empate virtual

Pero nadie quita ojo al empate virtual que arrojan las últimas encuestas y dan por hecho que este factor externo influirá en las negociaciones de Marrakech. «Está claro que la primera semana será algo más lenta por las elecciones, pero el Acuerdo de París ya está ratificado y en marcha, el resultado no lo va a cambiar, pero es importante tener un jugador a favor o en contra», dice Elvira Carles, directora de la Fundación Empresa y Clima.

Lo cierto es que no hay tiempo que perder, puesto que el Acuerdo de París no es la meta sino un punto de partida, por tanto, hay que sentar las reglas del juego. «Si París fue una reunión muy política, ésta va ser más técnica», añade Carles.

Lo que se debe decidir

El secretario de Estado de Medio Ambiente, Pablo Saavedra, espera que se concreten «en textos legales» temas como los mecanismos de transparencia por los que se va a regir el acuerdo, la revisión de los compromisos de reducción de emisiones, la contabilidad de esa disminución o de qué manera los países desarrollados van a ayudar financiera y tecnológicamente a las naciones emergentes y en desarrollo a adoptar sus medidas.

Aunque el pacto no empieza a funcionar hasta 2020, las reglas tienen que estar escritas con anterioridad, además de que se espera que en 2018 se sienten las condiciones para la revisión al alza de las propuestas de recorte de realizadas por los países. En este momento, según Naciones Unidas, con los recortes prometidos, la temperatura global del planeta aumentaría entre 2,9 y 3,4ºC en este siglo sobre el nivel preindustrial. Para poner al mundo en la senda correcta de los 2ºC, habría que reducir «urgentemente» un 25% las emisiones previstas para 2030.

Diez años para cambiar

Hace unos días el economista Nicholas Stern, autor del famoso Informe Stern, que analizaba el impacto del cambio climático y el calentamiento global sobre la economía mundial, aseguraba que solo tenemos diez años para activar cambios radicales. «El mundo debe lanzar con urgencia y firmeza la agenda mundial para el clima y la sostenibilidad para los próximos diez años, y evitar los enormes riesgos derivados del retraso», dijo Stern, quien advierte de que sin la rápida aplicación del Acuerdo de París y los Objetivos de Desarrollo Sostenible del Milenio pronto podría llegar a ser imposible alcanzar el desafío de mantener el calentamiento global por debajo de los 2°C.

Los próximos diez años son fundamentales, abunda en la idea Teresa Ribera. «Aunque sea un periodo en la sombra, donde aún no se van a materializar los efectos porque los distintos sectores están preparándose y empezando a aplicar medidas, para que todo el mundo se ponga las pilas hay que alimentar una confianza y que las señales regulatorias sean coherentes. Eso es lo que nos dio el Acuerdo de París. Quedarnos quietos ahora (si Trump gana) nos haría tirar por la borda estos años que tenemos para prepararnos». Marrakech se juega fuera de Marrakech.

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