Sociedad

La Congregación General de los Jesuitas acepta la dimisión del superior general

Con la sencillez que le caracteriza, el superior general de los Jesuitas desde 2008, Adolfo Nicolás, ha pasado este lunes el testigo al norteamericano James Grummer, a quien ha nombrado Vicario General de la Compañía de Jesús

A la derecha, James Grummer, Vicario General de la Compañía de Jesús
A la derecha, James Grummer, Vicario General de la Compañía de Jesús
JUAN VICENTE BOO - @juanvicenteboo Corresponsal En El Vaticano - Actualizado: Guardado en:

Con la sencillez que le caracteriza, el superior general de los Jesuitas desde 2008, Adolfo Nicolás, ha pasado este lunes el testigo al norteamericano James Grummer, a quien ha nombrado Vicario General de la Compañía de Jesús hasta la elección del próximo superior general a principios de la semana que viene.

El religioso palentino, que ha trabajado la mayor parte de su vida en Asia, se dirigió a los 215 participantes en la Congregación General para decirles: «Soy Adolfo Nicolás, de la provincia de Japón…», presentar al responsable provisional de la Compañía, Jim Grummer, y explicar que «me ha pedido que siga en la mesa de la presidencia, pero prefiero sentarme en mi sitio, allí cerca de la puerta… por buenas razones», relativas a su edad.

Los electores le escuchaban conmovidos. En primer lugar por ver la huella que la responsabilidad de estos ocho años ha dejado en el rostro y el aspecto de este misionero, que ha cumplido los ochenta el pasado mes de abril.

En segundo lugar, por la naturalidad y el buen humor con que el hasta ahora «número uno» ha pasado a sentarse en el último lugar del auditorio de la casa general de los jesuitas.

El primer acto formal de esta Congregación General, la numero 36 en la historia de la Compañía, ha sido aprobar la dimisión presentada por el padre Nicolás previa consulta al Papa, como hiciera ya su predecesor, el holandés Hans Peter Kolvenbach.

Igual que el cargo de Papa desde que Juan Pablo II introdujo una reforma en el Código de Derecho Canónico, el cargo de superior general de los jesuitas, que antes era «de por vida», ha pasado a ser «por tiempo indeterminado», pues la Compañía de Jesús estableció también las normas para la dimisión en el momento en que el interesado lo considere oportuno.

La renuncia de un Papa no requiere la aprobación de nadie, pero la de un superior general de la Compañía de Jesús solo es efectiva si la acepta la Congregación General, como ha sucedido este lunes.

Durante los próximos días, los 215 participantes trabajarán en silencio de cada al mundo exterior, estudiando en primer lugar un extenso informe sobre el estado de la Compañía.

Su análisis y debate permitirá fijar las prioridades para la próxima década y, a partir de ellas, dibujar el perfil de la persona más indicada para llevarlas a cabo.

Probablemente a mediados de esta semana den comienzo los cuatro días de «murmuraciones»: conversaciones estrictamente privadas de dos personas entre los 215 participantes. Nunca en grupo, y sin proponer ni desaconsejar ningún nombre, pues no se debe hacer campaña a favor ni en contra de nadie. Es un procedimiento para conocer mejor los perfiles y preferencias de los más “elegibles” para llevar el timón de la orden.

«Fumata blanca»

Cada uno de los electores habla con quien le parece pero, en general, se sigue la costumbre de preguntar primero a representantes de otras provincias para ampliar el abanico de preferidos de cada elector.

Después, a medida que cada uno va reduciendo su lista, se tiende a hablar con la persona que se podría votar para conocer mejor sus puntos de vista y sus posibles proyectos.

El nuevo superior general será uno de los 215 jesuitas que participan en la Congregación General, la mayoría de ellos elegidos por los jesuitas de su respectiva provincia.

La elección, que requiere solo mayoría simple, podría tener lugar el próximo lunes o martes. Se comunica en primer lugar al Papa, pero solo a título informativo, pues no requiere confirmación del Vaticano.

Después de la «fumata blanca» y del anuncio al mundo, el nuevo superior seguirá trabajando con la Congregación General, que es el máximo órgano de gobierno de la orden, durante un par de semanas para delinear prioridades y completar el equipo de gobierno central.

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