Psicooncología

Cómo se le explica a un niño que su mamá tiene cáncer

Ayuda a normalizar la situación y a manejar mejor las emociones

Hay que estar atentos al juego, en el que los niños expresan sus emociones
Hay que estar atentos al juego, en el que los niños expresan sus emociones - ABC

Los niños son expertos en leer el lenguaje no verbal, el que refleja lo que sentimos sin necesidad de palabras. Por eso captan cuando algo en la familia no va bien. Si afrontar un diagnóstico de cáncer de mama no es fácil, explicarlo a los hijos puede ser más difícil aún. Sin embargo, no hacerlo puede generarles una sensación de temor, que captan en el ambiente. «Fantasean que ocurre algo amenazante y, como los más pequeños son egocéntricos, suelen pensar que pasa algo malo en relación a ellos: que se portaron mal o que no les quieren», explica Patrizia Bressanello, psicooncóloga de la Asociación Española Contra el Cáncer. Y añade: «A las madres les preocupa contarlo, porque no quieren que sus hijos sufran. Puede ser un momento difícil, pero a la larga disminuye el sufrimiento, ya que normaliza una situación que hay que ver con naturalidad y forma parte de la vida: enfermarse y curar».

No obstante, «la decisión de contarlo o no, depende de la afectada. Cuando preguntan, sugerimos que les expliquen lo que pasa, porque ellos lo captan, independientemente de la edad, y no saben interpretarlo», destaca Bressanello. Desde MD Anderson Cancer Center Madrid, la psicooncóloga y neuropsicóloga Patricia Pradera añade que «mantener la enfermedad en secreto conlleva mucho esfuerzo emocional. Además, los efectos secundarios de los tratamientos o la evolución de la enfermedad son muy difíciles de ocultar».

Aprendizaje emocional

Los lógicos altibajos emocionales que siguen al diagnóstico afectarán a la relación con los hijos, que no sabrán a qué atenerse. Por eso, el aspecto emocional es de suma importancia, resalta Bressanello, que aconseja explicar a los niños por qué sus padres están tristes, por qué su madre está más desanimada o irritable o por qué no le apetece tanto jugar ellos. «Hay que decirles que la tristeza que observan se debe a la enfermedad, igual que se ponen tristes cuando los niños están enfermos. Es un proceso de aprendizaje para poner las emociones correctas en cada caso, aunque sean negativas, porque también forman parte de la vida y deben a aprenderlo en un ambiente familiar, donde se sienten seguros. Es importante que aprendan que en la familia pueden pasar cosas agradables o desagradables y que a cada estado le corresponde una emoción».

«Contarlo puede ser un momento difícil para los padres, pero a la larga disminuye el sufrimiento de los niños»

Ambas expertas coinciden en que hay que decir la verdad de una forma que los niños la puedan comprender y prepararse ellos mismos para los cambios de rutinas que sucederán en la familia. Hay que utilizar un lenguaje adaptado a su edad, sin necesidad de entrar en muchos detalles. Si los niños tienen edades muy dispares, tal vez sea mejor hablar con cada uno por separado. Para facilitar esta labor, Patrizia Bressanello recuerda que los niños están muy familiarizados con el aspecto médico, «porque acuden con frecuencia a la consulta y entienden bien que cuando uno está malo va al médico y toma medicinas para curarse».

Un duda frecuente es si debe o no utilizar la palabra cáncer. «Si los padres ponen nombre a la enfermedad, van a poder controlar la información que reciben los niños y servirá de barrera a lo que puedan oír fuera. Si no les hablan de cáncer y se enteran fuera, no sabemos qué información van a recibir, y si se asocia a un proceso negativo, les puede preocupar», explica Bressanello.

Hay que prepararles para los cambios de rutina: «Que si un día su madre no puede ir a buscarles al colegio es porque que está en el médico o en el hospital, haciéndose una prueba. No hay que engañarles diciendo que se va de viaje. Si detectan mentiras, desconfiarán. Necesitan certezas para sentirse seguros», aclara Bressanello. Tras recibir la información, es importante dejar tiempo para responder a las preguntas que surjan o preguntarles si tiene dudas o quiere saber algo más. Patricia Pradera explica que «no hay nada de malo en demostrar tristeza ante los hijos, tristeza no es debilidad. La energía que requiere contener esas emociones puede hacer más difícil enfrentar la situación».

Las reacciones

Las reacciones de los niños pueden ser diversas. «Algunos, al rato están jugando y parece que no se han enterado. Es algo normal que indica que lo asumen de forma preocupante pero no traumática. Otras veces los más pequeños pueden tener una especie de regresión, con conductas propias de edades inferiores, intentar llamar más la atención o portarse peor. Los adolescentes puede que pregunten más o tengan reacciones más extremas, como encerrarse en sí mismos o buscar el apoyo del grupo de amigos», advierte Patrizia Bressanello.

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