Ramón Pérez-Maura

La caza es la vida

¿Por qué será que los animalistas son casi siempre urbanitas ajenos a la verdadera naturaleza?

Ramón Pérez-Maura
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Nadie cuida la naturaleza como lo hacen los cazadores. Don José Ortega y Gasset escribió uno de los mejores ensayos sobre el valor de la cinegética. Y más allá de la relación entre el hombre y los animales salvajes, es imposible negar que el hombre existe como raza precisamente porque ha sido capaz de imponerse sobre las bestias desde que unos y otros poblamos la tierra. Y para imponerse ha tenido que ser capaz de cazarlas para después poder alimentarse de ellas.

Los hay que prefieren seguir creyendo que el pollo o el filete de solomillo que compran en el supermercado provienen de una máquina que los fabrica como se producen palomitas de maíz: sin ningún sufrimiento para un ser vivo. Pero lo cierto es que cualquier ternero que es muerto en un matadero tiene un final infinitamente más horrible que un jabalí que corre como el viento por el campo o un venado que luce su majestuosidad hasta el último minuto de su vida, sin llegar nunca a ser estabulado y perecer por una descarga eléctrica.

La persecución de la caza por los animalistas nos ha llevado en los últimos años a ver jabalíes corriendo por las calles de los pueblos de la sierra madrileña y hocicando en las bolsas de basura. ¿Es ese el futuro que quieren para el jabalí? ¿Qué tiene eso de natural?

No hay mejor manera de conocer la naturaleza que pasarse horas en silencio haciendo una espera y prestando toda tu atención a lo que te rodea: los pájaros, los insectos, las especies a las que no aguardas, los olores que ha dejado la lluvia, el rumor de un arroyo cercano o el aroma de la paja pendiente de empacar tras la reciente cosecha. ¿Por qué será que los animalistas son casi siempre urbanitas ajenos a la verdadera naturaleza?

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