Los captó una cámara fotográfica en 2016... con hambre

Acción contra el Hambre saca a la calle «Fotografiado en 2016», imágenes de las principales crisis alimentarias que han removido al mundo en el presente año

10,3 centímetros (apenas el perímetro de una moneda de 2 euros) y un rostro cansado que resume lo que sucede cuando el hambre deja de ser una sensación para convertirse en una enfermedad en Senengal. Una enfermedad que cada año, durante la estación del hambre, pone en jaque la vida de más de cinco millones de niños y niñas menores de cinco años. Siempre igual: en junio se acaban las reservas de alimentos y las comidas diarias se reducen de tres a dos. Luego de dos a una, o a nada. Hasta que se recoja, en septiembre u octubre, la siguiente cosecha. Perderlo todo en 42 segundos. La casa, el negocio, incluso la vida. Esto es lo que experimentaron miles de personas en Ecuador tras el terremoto que sacudió su costa el 16 de abril de 2016. Ana María Centero, con tan solo 7 años, perdió a su madre, aplastada entre los escombros del que fue su hogar en el pueblo pesquero de Daule.Ahora trata de ponerse en pie, como las otras 29.000 personas que se refugiaron en albergues después de que sus casas fuesen destruidas de forma parcial o completa. El de Mindanao es uno de los conflictos a los que el mundo ha dado la espalda desde el principio. En septiembre de 2013 los enfrentamientos entre una facción del Frente Moro de Liberación Nacional (FMLN) y las fuerzas armadas filipinas provocaron el desplazamiento de 120.000 personas en la ciudad de Zamboanga, en la isla de Mindanao. El sitio a la ciudad durante 20 días dejó 140 muertos, 10.000 hogares y medios de vida destruidos. A día de hoy, 14.000 personas siguen viviendo en refugios temporales. En ellos, sin medios de vida seguros y con un acceso deficiente a agua y saneamiento básico, la desnutrición aguda se ceba con los más pequeños. El éxodo de los refugiados acaparó desde el verano de 2015 y hasta nuestros días todas las portadas internacionales. Desatando solidaridad, indignación, rabia, vergüenza, hashtags y lemas que, amparados por el derecho internacional que establece el deber de acogida a quienes huyen de un conflicto, trataron de abrir una ranura en la fortaleza europea. Con poco éxito. Miles de personas han huido de Faluya tras la ofensiva del Estado Islámico en 2016. Esta huida del Daesh se suma a la de los kurdos independentistas del norte del país y a la presencia de 239.000 refugiados sirios. Este niño trata de reconstruir su vida en Anbar.“Simplemente no puedo ver todo esto y no hacer nada. Yo misma soy refugiada”, aseguraba hace unos meses Lava, una de las trabajadoras sirias de Acción contra el Hambre en Erbil. Rodeada de dolor y desesperación en su labor diaria, Lava señalaba un resquicio de optimismo para seguir trabajando: “cuando las personas se unen, pueden superarlo todo”. Aunque lo parezca no es la foto de un campo de refugiados. Más de un millón de sirios viven en los 4.164 asentamientos informales que se extienden en Líbano. Pagan un “alquiler” al propietario de estas tierras por estar en ellas. Para poder hacerlo, en 2016, han recurrido a mecanismos extremos como el trabajo infantil o regímenes de esclavitud. Sin siquiera estatuto de refugiados (Líbano no firmó el Convenio sobre Refugiados de 1951) su acceso a la educación y la sanidad no está garantizado. Tienen limitados su libertad de movimientos y acceso al trabajo. El invierno de 2016 fue especialmente duro en el valle del Bekaa: la nieve amenazaba con hundir los techos de las tiendas y las mujeres arrojaban a las estufas hasta sus zapatos para calentarse en las noches más gélidas. La de una mujer o una niña encorvada para recoger agua en una garrafa, es una estampa que se sigue repitiendo cada día en gran parte del mundo. Suele ser al amanecer o al atardecer, después de haber caminado kilómetros. El agua que recogen no es, muchas veces, segura. Esta mujer se encuentra en el río Gorgol de Mauritana.Ha habido avances: 147 países han logrado cumplir el Objetivo de Desarrollo del Milenio relacionado con el agua. Para garantizar una buena salud nutricional, tan importante como los alimentos es contar con un pozo o un punto de agua seguro. La del Sahel es una lucha contra el desierto. El Sahara araña unos metros cada año a esta región, una de las más afectadas por el cambio climático. En 2016 el fenómeno de El Niño ha dejado caer con toda su fuerza el golpe de la sequía en otros lugares del mundo como África Austral, Centroamérica y el Sudeste Asiático. Poder adaptarse y ser resiliente a la sequía es un reto global en un mundo que tendrá que aumentar un 70% su producción de alimentos antes de 2050 para alimentar a toda su población. Esta madre guarda la fila pacientemente. Su hijo fue diagnosticado con desnutrición aguda hace pocas semanas. Acción contra el Hambre les entregó Alimentos Terapéuticos Listos para Usar para salvar su vida y recuperar su metabolismo. Ahora espera que los equipos de la clínica móvil instalada en Maiduguri midan sus progresos. No solo el peso y la talla, también la recuperación del apetito, y de la sonrisa, serán los signos de que el pequeño marcha bien.Medio millón de personas en el estado de Borno (este de Nigeria) no han tenido tanta suerte. La zona, controlada por Jama'atu Ahlis Sunna Lidda'awati wal‐Jihad (más conocidos como Boko Haram) permanece aún inaccesible para la ayuda humanitaria.El gobierno nigeriano consiguió arrebatar en junio de 2016 ciertas zonas al control de la secta. Cuando por fin pudieron acceder, las organizaciones humanitarias describían una emergencia alimentaria de dimensiones devastadoras. Esta mujer es una de las musulmanas desplazadas que buscaron refugio en el patio de la mezquita del enclave PK5 en Bangui. Durante la temporada de lluvias, la zona queda anegada y el agua entra en las tiendas de los desplazados. Quienes intentan salir del barrio son atacados por las milicias antibalakas. En este centro de recuperación nutricional de Bangui muchas mujeres procesan al mismo tiempo un doble trauma. El primero, el de no poder alimentar a sus hijos. Ver cómo dejan de ganar peso, pierden fuerza, las ganas de jugar y el apetito. El segundo, el de haber sido testigo de la ferocidad de los enfrentamientos entre la coalición Séléka y las milicias antibaraka que horrorizaron al mundo hace tres años.El tratamiento del estrés post-traumático es clave en Acción contra el Hambre para recuperar a un niño desnutrido. Muchas veces un choque brutal interrumpe la capacidad de producir leche. Una interrupción brusca de la lactancia puede precipitar a un bebé de menos de seis meses a un estado de desnutrición aguda en muy pocos días. Procesar el dolor y recuperar la confianza es crucial para retomar cuanto antes la capacidad de amamantar que podrá salvar al pequeño. El virus del Ébola embistió duramente a un país ya deteriorado por diez años de guerra civil. Hoy el mayor reto es que la epidemia que acabó con la vida de cerca de 10.000 personas no arrase a su paso los medios de vida y la seguridad alimentaria de miles de supervivientes. Poder huir de un país en guerra. Aunque muchos lo han intentado, dentro de Siria siguen viviendo más 6 millones de niños, mujeres y hombres asediados por la violencia, en zonas de difícil acceso para la ayuda humanitaria.Esta calle de Alepo podría ser la de cualquiera de las más de 100 localidades sitiadas por las armas. Podría ser el camino de una escuela, de un restaurante o de un parque con el infierno a los lados. El hambre lleva cinco años aguando la fiesta de la independencia en Sudán del Sur. El país más joven del mundo ha sido también el más azotado por crisis alimentarias en 2016. En julio de este año, cuando se cumplía su quinto aniversario, la comunidad humanitaria lanzaba un grito desesperado para evitar una crisis como la de 2014. Las dificultades logísticas y de seguridad para hacer llegar la ayuda a poblaciones rurales aisladas ha representado uno de los mayores retos humanitarios del año. En la capital, Juba, los brotes de cólera son recurrentes. En lugares de concentración de población, como campos de desplazados, esta enfermedad puede diezmar en muy poco tiempo a la población, especialmente a los niños pequeños.Los profesionales de Acción contra el Hambre trabajaron a destajo para realizar distribuciones de agua segura, rehabilitar puntos de agua y poner en pie infraestructuras básicas de saneamiento con las que atajar la epidemia. Sentada en una de las camas del centro de estabilización apoyado por Acción contra el Hambre, Bushra mira a su hijo Hamed, de cinco meses. ”El pequeño vivirá”, le han dicho. Es un enorme consuelo porque acaba de perder a otro hijo, hermano gemelo de Hamed. Le han explicado que su hijo tiene desnutrición aguda severa y han empezado el tratamiento: “está respondiendo bien, ya puede comer”, explica con un suspiro. El conflicto en Yemen comenzó en abril de 2015. Con más del 80% de la población afectada por la violencia y 14,4 millones de personas incapaces de cubrir sus necesidades alimentarias, esta crisis ignorada por el mundo, ha adquirido dimensiones devastadoras en 2016.