Educación

Cantabria pone en marcha sus vacaciones escolares a la europea

Los padres dicen que solo beneficia a los profesores y pone en apuros a las familias

Emilio Peña ha tenido suerte con los turnos de trabajo y ha podido hacerse cargo de sus hijos por la mañana
Emilio Peña ha tenido suerte con los turnos de trabajo y ha podido hacerse cargo de sus hijos por la mañana - ABC
ROCÍO FERNÁNDEZ ORTIZ Santander - Actualizado: Guardado en:

Emilio Peña ha tenido suerte esta semana. Le han tocado los turnos de tarde y de noche en la fábrica para la que trabaja en Cantabria y ha podido hacerse cargo de sus dos hijos, de 8 y 10 años, por las mañanas, mientras su mujer acudía al centro en el que está empleada como teleoperadora. Esta vez, este matrimonio de Reocín ha «librado» el problema que les plantea el nuevo calendario escolar de la región, que ha entrado en vigor este curso y que imitando el sistema educativo de otros países europeos incluye un periodo de descanso cada dos meses lectivos de Infantil a Bachillerato. Las primeras vacaciones, las de otoño, acaban de tener lugar estos días, del lunes 31 de octubre al viernes 4 de noviembre, en medio de las quejas de los padres, que tienen nuevas dificultades para conciliar vida laboral y familiar.

«Es un calendario hecho para beneficiar a los profesores pero sin pensar en las familias. Es contraproducente para padres y alumnos», esgrime Peña, que pide adaptar el horario escolar al laboral. Sus hijos cursan 3º y 5º de Primaria en el colegio público Valle de Reocín y «después de coger ritmo» tras el arranque de las clases en septiembre han tenido que «parar» ahora. Además, les han puesto deberes y tienen exámenes a la vuelta, por lo que esta semana no ha supuesto «ningún descanso» para ellos, aunque sí para los docentes, que han estado «de vacaciones, literalmente».

Abuelos, la alternativa

También ha logrado salvar la situación José Manuel Torre, con dos hijos de 5 y 7 años que cursan 1º y 2º de Primaria en el centro educativo de Nueva Montaña. Y es que este padre es autónomo y tiene libertad de horarios, mientras que su pareja trabaja como personal laboral para una institución pública, pero ha podido cogerse días libres. Los cuatro se han ido de minivacaciones a León. Pero Torre se pone en la piel de otros progenitores que no tienen la misma fortuna que ellos y se ven obligados a «tirar» de abuelos. O a recurrir a las guarderías y ludotecas habilitadas en los ocho -de un total de 150- centros públicos que han abierto estos días, ninguno en zonas rurales, con horarios reducidos y sin transporte escolar. Por eso, censura que se implante en Cantabria un calendario europeo cuando las «condiciones laborales del país son asiáticas. Tocan las vacaciones y no se plantean más», se queja este padre, que reclama inversiones más allá de un cambio «fácil y gratuito», como este.

José Manuel Torre ha tenido que coger días libres
José Manuel Torre ha tenido que coger días libres- ABC

Dos madres del colegio San José de Astillero se oponen también a la sustitución de los tradicionales trimestres por cinco bimestres. María Blanco, con dos hijas de 9 y 6 años en 4º y 1º de Primaria, cree que el nuevo calendario es «un cuento chino» y opina que los niños no necesitan descansar cuando solo llevan un mes de clase. La medida ha obligado a su marido a cogerse vacaciones para cuidar a las pequeñas, ya que las ludotecas ofertan cuatro horas de actividades cuando ellos trabajan a jornada completa. María Jesús Barquín, con una hija compañera de la pequeña de Blanco, no dispone de días libres y ha tenido que recurrir a la guardería, «como siempre», porque también trabaja a turnos de ocho horas. Rechaza el sistema de descanso que impera en otros países nórdicos porque supone «un parón en el aprendizaje» en un momento, como mediados de otoño, en el que los escolares aún «no están agotados».

Primer paso

Los profesores cántabros, aunque admiten inconvenientes, destacan en cambio las ventajas de una iniciativa que mantiene los 175 días lectivos al adelantarse el inicio del curso en septiembre y retrasarse el final en junio Creen que esta medida acerca al modelo educativo y de trabajo europeo. «Puede ser el primer paso para hacer modificaciones laborales que nos permitan ser más productivos sin sacrificar la conciliación familiar», resalta a este periódico un docente, que ha preferido permanecer en el anonimato. A su juicio, se trata de un calendario «más heterogéneo, que facilita la planificación y consecución de los objetivos. Son periodos marcados de trabajo, con sus correspondientes tiempos de descanso para oxigenarse y aprovechar mejor el tiempo en el aula».

En medio de padres y profesores, el consejero de Educación del Gobierno regional cree que las críticas son «más emocionales que racionales».

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