Una mujer angoleña carga a su pequeña
Una mujer angoleña carga a su pequeña - REUTERS

Una de cada cuatro mujeres justifica y acepta las agresiones del marido en Angola

Unos 2.000 casos de violencia doméstica al día sacuden la ex colonia portuguesa

Corresponsal LisboaActualizado:

La violencia machistaalcanza niveles preocupantesen la ex colonia portuguesa de Angola, donde una de cada cuatro mujeres justifica y acepta las agresiones físicas que sufren por parte de su marido. Es decir, un 25% de la población femenina se flagela con una resignación que encuentra su caldo de cultivo en el bajo índice educativo reinante en un país gobernado con mano de hierro por el dictador José Eduardo dos Santos desde hace 38 años.

Los datos salen a la luz en vísperas de las «elecciones» que determinarán el 23 de agosto quién sucede al tirano en el poder, aunque se trata de un proceso con escasas garantías democráticas, de acuerdo con las advertencias y denuncias de la oposición en la clandestinidad.

El Instituto Nacional de Estadística de Portugal ha colaborado con el Ministerio de Salud de Angola para poner en pie tan alarmante estudio sobre el día a día de cientos de abnegadas esposas en ese enclave africano. Porque, además, se da la circunstancia de que ese porcentaje supera incluso al de hombres que opinan de manera similar, asentado en el 21%.

Aceptan las agresiones y les justifican

Las mujeres en cuestión no solo aceptan el hecho de ser agredidas sino que piensan que ellos tienen razón en varios de los supuestos objeto de análisis, tal cual certifica un informe relativo a 2015 y 2016.

Los motivos que llegan a interiorizar las afectadas van desde atreverse a discutir hasta dejar quemar la comida en el fragor de las palabras, pasando por salir de casa sin avisar, descuidar la atención a los niños y rechazar al hombre cuando le proponga mantener relaciones sexuales.

Y todo en una nación con grandes diferencias entre la capital, Luanda (la ciudad más cara del mundo, en medio de la creciente pobreza que impera en el resto del territorio), y las provincias de Malanje o Bié, por citar solo dos ejemplos.

«Los casos de hombres y mujeres que están de acuerdo en que el marido pegue a su esposa disminuye en las regiones con un mayor nivel de escolaridad», refleja el estudio, realizado con la ayuda técnica de Unicef.

Los números lo refrendan: solo un 9% acepta la violencia doméstica en Cuanza Norte, mientras que el porcentaje se dispara hasta el 47% en el caso de Malanje.

Infidelidad del marido

No obstante, tampoco puede olvidarse otra de las conclusiones del informe: un 16% de los hombres y mujeres con título de enseñanza secundaria llega a asimilar los mismos argumentos que rigen las agresiones.

Más aún: un 53% de la población femenina del castigado país no ve los ataques en su contra como una justificación de peso para negarse a satisfacer los deseos sexuales de ellos. Y es que la sociedad angolana está habituada a comprender ese rechazo solo en caso de que se descubra la infidelidad del marido.

El Foro de Mujeres Periodistas de la ex colonia lusa ha tomado cartas en el asunto con otras revelaciones añadidas para poner de relieve que la desigualdad entre hombres y mujeres campa a sus anchas allí.

De acuerdo con sus estimaciones, unas 2.000 esposas sufren agresiones diariamente a lo largo de ese territorio de habla portuguesa.

Una de sus portavoces, Susana Mendes, declaró en la radio de Lisboa que esta cantidad es, en realidad, mucho mayor. ¿La razón? Se desconocen las verdaderas estadísticas, en vista de que muchas mujeres angolanas no se atreven a denunciar a sus agresores, en gran parte por falta de preparación y por desconocimiento de unos derechos que, con todo, apenas son reconocidos en Angola.

La policía no ayuda

La situación de falta de garantías queda retratada con el episodio de privación de libertad vivido por el rapero y activista Luaty Beirao, acusado de un delito de «conspiración» por el régimen de José Eduardo dos Santos.

Por si fuera poco, los momentos «kafkianos» aguardan a las mujeres que se deciden a acudir a las comisarías, asoladas por unos altos índices de corrupción.

De hecho, el mencionado Foro acredita que varias de las personas del género femenino que osaron dar el paso se encontraron con respuestas de los agentes tipo: «¿Por qué se te ocurre hacer cosas que desagradan a tu marido?».

El resultado es que las afectadas caen abatidas en un pozo de desesperación que las lleva a resignarse a convivir con semejantes grados de violencia.

En este contexto, en absoluto es extraño que las pocas organizaciones dedicadas a dar cobijo a las víctimas tengan que recurrir al sustento de los colectivos solidarios portugueses.

«Las agresiones no cesan porque continúa la impunidad de los agresores», reconoce desde Lisboa la activista Delma Monteiro, a quien le viene a la mente la muerte de la conocida periodista radiofónica Márcia Salupendo, toda una estrella en Angola y que perdió la vida después de ser salvajemente golpeada por su entonces compañero sentimental, Chimbalanga Mariano, un funcionario gubernamental de la dictadura.