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Calentamiento

El Ártico pierde hielo marino hasta en invierno

La cobertura helada en la región vuelve a alcanzar un mínimo histórico para el mes de enero

MadridActualizado:

El Ártico sigue perdiendo hielo marino. Así lo revelan los últimos datos del Centro Nacional para la Nieve y el Hielo (NSIDC, en sus siglas en inglés) correspondientes al mes de enero, cuando la extensión de la superficie helada en la región ha estado por debajo del récord a la baja registrado en 2017, llevando a un nuevo mínimo histórico. Los 13,06 millones de kilómetros cuadrados de hielo marino con los que terminó enero, están 1,36 millones de kilómetros cuadrados por debajo del promedio de 1981 a 2010, y 110.000 kilómetros cuadrados por debajo del mínimo alcanzado en 2017.

Las condiciones atmosféricas no han sido las más favorables para el mantenimiento del hielo. La temperatura se mantuvo inusualmente alta sobre el océano Ártico, según el balance del NSIDC. Casi toda la región registró temperaturas de al menos 3 grados centígrados por encima del promedio. Las desviaciones más grandes del promedio, de hasta 9ºC, se dieron en los mares de Kara y Barents. En el lado del Pacífico, la temperatura del aire fue de aproximadamente 5ºC por encima de la media. Por el contrario, las temperaturas en Siberia fueron de hasta 4ºC por debajo del promedio.

El calor sobre el océano Ártico parece ser el resultado, en parte, de un patrón de circulación atmosférica que lleva aire del sur, y, por otro lado, de la liberación de calor a la atmósfera desde zonas de aguas abiertas. La presión del nivel del mar fue más alta que la media en el océano Ártico central, que se extiende hacia Siberia. Este patrón, junto con la presión por debajo del nivel del mar sobre los mares de Chukchi y Bering, ayudó a trasladar aire caliente de Eurasia sobre el océano Ártico central.

La tasa de disminución para los meses de enero desde que hay registros de satélites (1979) es de 47.700 kilómetros cuadrados por año, o 3,3 por ciento por década.

Las predicciones para esta región del planeta no son nada esperanzadoras. El año pasado, una nueva evaluación científica del cambio climático en el Ártico, realizada por el Programa de Monitoreo y Evaluación del Ártico (AMAP) del Consejo Ártico, apuntaba a que el calentamiento global se está dejando sentir de manera más crítica en el Ártico que en otras zonas del planeta. Los datos apuntan a que la región se está calentando dos o tres veces más rápido que el resto del planeta y los cambios están ocurriendo en todas las estaciones y en todas las regiones, según el NSIDC.

Regulador climático

Dicho informe advertía de que las temperaturas récord registradas en los últimos años están provocando una aceleración del deshielo y del derretimiento de la nieve, de los glaciares y del permafrost, que es la capa de suelo congelado. Los científicos explicaban además que el Ártico funciona como una especie de regulador climático, jugando un rol importante en el clima y la meteorología a nivel mundial, así como en el aumento del nivel del mar.

Se espera que, para mediados de este siglo, la temperatura media en el Ártico aumente en 4 o 5 grados centígrados, con respecto a la temperatura de finales del siglo pasado. Este incremento es el doble que el incremento de la temperatura previsto en el conjunto del hemisferio norte.

La tendencia es clara, la extensión máxima en invierno cada vez es menor, mientras que la extensión mínima en el verano también decrece y cada vez se alcanza más tarde porque el frío se retrasa. Así, las trece extensiones más bajas del hielo ártico en invierno han tenido lugar en los últimos 13 años, mientras que en el verano los nueve años con extensiones de hielo más reducidas al final han ocurrido en los últimos 10 años. «El Ártico está en crisis. Año tras año, su estado va empeorando y es difícil pensar que esto no vaya a tener un efecto sobre el clima en todo el hemisferio norte», resume Ted Scambos, científico principal del NSIDC.

Osos polares sin alimento

Se prevé que el calentamiento deje el Ártico casi totalmente libre de hielo a finales de la década de 2030. Cuando los científicos hablan de un Ártico libre de hielo se refieren al momento en que el hielo marino en esa zona a final del verano (específicamente la media de extensión del hielo marino en el mes de septiembre) sea inferior a 1 millón de kilómetros cuadrados.

El hielo marino es muy importante para muchas especies, desde el fitoplancton a las más emblemáticas, como el oso polar. Para este níveo plantígrado el hielo es sinónimo de caza, pues le sirve de plataforma desde donde atrapar a sus presas, y cada semana que no puede hacerlo pierde 10 kilos de peso.