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Una toxicómana confiesa que torturó y mató a su camello en el local incendiado en La Candelaria

La asesina confesa prendió fuego al antiguo bar a finales de septiembre para borrar pistas

Así quedó el local donde fue torturada y asesinada la víctima tras el incendio
Así quedó el local donde fue torturada y asesinada la víctima tras el incendio - Rocío Ruz
SILVIA TUBIO - @latubio Sevilla - Actualizado: Guardado en: Actualidad

El incendio declarado el pasado mes de septiembre en un local abandonado en la barriada de la Candelaria, en el distrito de Cerro-Amate, fue intencionado. La autora confesa pretendía ocultar así un crimen. En el interior de lo que fue un bar, los bomberos encontraron un cadáver parcialmente calcinado. La víctima murió asfixiada pero no por la inhalación de humo, había sido previamente torturada y asesinada.

El Grupo de Homicidios de la Brigada Provincial de Policía Judicial de Sevilla ha esclarecido las extrañas circunstancias del fuego que se había originado en un punto de encuentro habitual de toxicómanos y sin techo en la calle Candelería. Dos personas han sido detenidas yenviadas a prisión; una de ellas, una mujer de 42 años y que responde a las iniciales M. E. G. L., ha confesado que mató a la víctima, de 52 años, porque le había engañado en la compra de unas pastillas.

Su declaración incriminatoria, según confirma la Policía Nacional, se produjo después de que fuera identificada, detenida y trasladada a dependencias policiales. Ya en comisaría se derrumbó y admitió que había acabado con la vida de su camello y después prendió fuego al local para borrar las pistas.

Hallaron los instrumentos de tortura

El incendio se declaró a finales de septiembre. En un primer momento se pensó que la víctima era un hombre sin techo que habría muerto en un fuego fortuito. Fue encontrado parcialmente calcinado y envuelto en unas mantas.

Sin embargo, la inspección ocular del escenario y la autopsia al cadáver revelaron que el cuerpo presentaba numerosas heridas incisivas y recientes. La causa de la muerte había sido la asfixia, pero antes el fallecido había sido torturado.

Los agentes encontraron junto a los restos mortales instrumentos que podían haber servido para producirle las heridas a la víctima como alicates, tijeras, una cizalla, un cuchillo jamonero y un martillo. Todas compatibles con las marcas que tenía el fallecido.

El siguiente paso en la investigación, tras identificar al finado, fue indagar en su entorno y en las personas que podrían tener alguna cuenta pendiente con él. A través de entrevistas a posibles testigos, los agentes llegaron hasta M. E. G. L., quien había discutido con la víctima días antes por la compra-venta de unas pastillas.

Al ser interrogada, esta mujer española y sin techo, admitió que había atraído al fallecido hasta el local abandonado que ambos conocían. Allí consiguió reducirlo y atarlo a una silla. Lo estuvo torturando hasta que finalmente lo asfixió con unas mantas. Las mismas que usó para tapar el cuerpo y que días después prendería fuego porque temió que encontraran el cadáver y la descubrieran.

En su declaración aseguró a los agentes que le contó lo que había sucedido a un amigo, R.C.R.J., de 32 años, que también fue detenido por encubridor, ya que no avisó a la Policía, y enviado a prisión provisional.

Los vecinos, que venían soportando el trasiego de toxicómanos por el local, apuntaron a la posibilidad de que detrás del extraño incendio estuviera un grupo de rumanos que solía frecuentarlo. Sin embargo, los detenidos son españoles, al igual que era la víctima.

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