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Supera un cáncer vendiendo en El Jueves tras quedarse en paro

Es arquitecta, divorciada, con dos hijos y se agota por los efectos del tratamiento hormonal

Isabel en su puesto de libros de El Jueves, que no pudo dejar mientras estaba enferma
Isabel en su puesto de libros de El Jueves, que no pudo dejar mientras estaba enferma - Vanessa Gómez
Amalia F. Lérida Sevilla - Actualizado: Guardado en: Actualidad

Con dos hijos, en paro y sin tener apenas ni para arreglar la lavadora ya se hace difícil la vida, pero si además se ha superado un cáncer de mama sin poder dejar el trabajo y aún se está bajo los efectos del tratamiento hormonal para evitar una recidiva, sobrevivir es una heroicidad.

Eso le sucede a Isabel Roblas, una arquitecta a la que la crisis dejó en la calle en 2010 y que se tuvo que poner en El Jueves a vender libros. Pero aún tenía que lidiar otro toro peor que se le presentó por delante y sin posibilidad de darse de baja. Le detectaron el cáncer de mama en una mamografía que ella misma pidió a su médico de cabecera, ya que llevaba varios años sin hacerse ninguna y antes se las hacía cada año en la sanidad privada por los fibroadenomas que tiene desde que era más joven.

«Al principio fue un shock tremendo, no lo esperaba para nada, y pasé mucha angustia en esas semanas desde que me llamaron para repetirme la mamografía hasta que, tras la biopsia, me informaron que era un cáncer. Aunque parezca absurdo fue a partir de ahí cuando empecé a relajarme un poco porque también me fueron informando que me darían quimioterapia para reducirlo y luego cirugía que intentarían que fuera conservadora. Y así fue. Cuando ves que hay tratamientos y te enteras que un 80% de las mujeres se curan y que mi tipo de tumor no era del más agresivo, pues te vas tranquilizando», relata Roblas.

Se le hizo muy duro el tratamiento con quimioterapia, más que por los efectos secundarios, «porque te asustas mucho porque no sabes qué te va a pasar». Por ejemplo, dos veces la tuvieron que hospitalizar por quedarse con las defensas al mínimo. La radioterapia la toleró pero el tratamiento hormonal, que son 5 años o más, regular porque le produce mucho nerviosismo e insomnio. «En general —sigue— el post-tratamiento no lo llevo bien porque, aunque hayan pasado ya 9 meses desde la ultima quimio, hay secuelas a las que hay que acostumbrarse y yo no me acostumbro: me sigo cansando mucho, si cojo peso o hago deporte termino exhausta, no duermo suficientes horas, me duelen las articulaciones que más uso, como las manos y las plantas de los pies al caminar, aunque estos síntomas han ido mejorando. Pero sobre todo tengo mucho miedo a la recurrencia».

Confiesa que eso le preocupa mucho últimamente «porque a una amiga se le ha repetido a los 3 años y me estoy obsesionando un poco». También le preocupa que no haya posibilidad de tener encuentros periódicos de pacientes con personal sanitario, donde puedan preguntar todas sus dudas. «Se tienen muchas dudas —lamenta— en todo el proceso y muy poca información sobre los tratamientos, efectos secundarios, cuidados y los médicos no tienen tiempo de explicarnos una a una, como es natural. Por eso estaría bien que existiera alguna forma de encuentro donde todas a la vez pudiéramos preguntar las dudas».

Tras verse obligada a dejar el estudio de arquitectura en el que trabajaba, para sobrevivir se dedicó a vender libros en el mercadillo de El Jueves, en la calle Feria, y allí sigue, después de superar la enfermedad, aunque también los vende por internet. «No tengo recursos suficientes pues, al haber estado a medio gas durante mas de un año, mi economía se ha resentido mucho, y ahora estoy teniendo que hacer un sobreesfuerzo para volver a donde estaba y me siento agotada. Pero tengo confianza en que mejorará mi situación con el esfuerzo que estoy haciendo», declara.

Isabel tiene una hija de 20 años y un hijo de 19. Está separada y dice que durante la enfermedad ha echado de menos tener una pareja. «A veces —dice— me he sentido muy sola por las noches cuando me despertaba en la madrugada con malestares de la quimio y con miedo. Recuerdo que me daba un poco de envidia las mujeres que tenían su marido al lado, alguien que te abrazara cuando te sentías mal o tenías miedo». Asegura que en su actual situación no llega a fin de mes, que «las facturas las pago todas y en el frigo no falta comida, pero nada más».

«Muy rara vez salgo de viaje o compramos algo para la casa o ropa, muy rara vez. Mis padres me ayudan a veces con algún gasto extra», apostilla. A Isabel le hace falta comprar «cosas de la casas, cambiar los muebles de la cocina, que están estropeados; la lavadora, y arreglar la instalación eléctrica». También necesita un coche pues el suyo tiene 20 años «y ya no va bien, no puedo sacarlo en carretera».

Que ella sepa no hay contemplado ningún tipo de ayuda para personas que pasan enfermedades largas como estas. «Supongo —continúa— que si eres funcionario o tienes un contrato indefinido cobrarás la baja todo ese tiempo, pero en el resto de casos pues te ves sin poder trabajar y sin ninguna ayuda económica. Durante la enfermedad tuve que seguir trabajando, lo que podía y como podía, para hacer frente a los gastos de casa». No tiene pensión ni prestación alguna y, como trabajaba como autónomo, no tuvo derecho a paro. Su único camino es vender muchos libros. Aparte del mercadillo de El Jueves y de vender a través de Todocolección, está creando ahora una página web propia donde poco a poco va subiendo su inventario de libros: olintolibros.com.

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