HISTORIA

Sevilla ayer y hoy: la Alameda de Hércules

De formar parte del cauce del río a ser una de las zonas más dinámicas de Sevilla. Esta es la historia del jardín público más antiguo de Europa [[NOTA: Use el puntero del ratón para arrastrar la cortinilla en las imágenes de esta pieza]]

La Alameda de Hércules, enclave predilecto para la Sevilla más transgresora y bohemia, cuenta en su haber con grandes hitos. Con algo más de tres hectáreas de superficie y unas proporciones de 480 metros de largo y unos 80 de ancho, es el más extenso de los espacios públicos ubicados en el interior del Casco Antiguo. Pero si algo destaca por encima de sus proporciones o de su céntrica localización, es su larga historia.

Levantado como el primer monumento civil de Sevilla, la Alameda de Hércules surgió hace más de 440 años, siendo por tanto el jardín público más antiguo de España y Europa. Su origen se fecha en el año 1574 cuando el I Conde de Barajas, Francisco Zapata de Cisneros, se encargó de llevar a cabo un proyecto dispuesto desde la corte real de Felipe II para el saneamiento y urbanización de unas lagunas residuales del Guadalquivir ubicadas, dentro de las murallas, en el punto de más baja cota de la ciudad.

Su levantamiento supuso una labor de ingeniería que duró más de un año. Se drenó gracias a acequias los terrenos pantanosos que solían anegarse con las crecidas del río, se rellenó la superficie con escombros y tierras que aumentaron el nivel del suelo y se pobló el enclave con tres hileras dobles de álamos orientados de sur a norte. El nuevo parque se adornó con bellas fuentes que surtían a la población y. finalmente. con la colocación de dos altas columnas sacadas de un templo romano dedicado a Hércules que existió en la calle Mármoles y donde aún hoy se conservan otras tres columnas.

Óleo que plasma la vida en la Alameda de Hércules a mediados del XVII (Anónimo, 1650)
Óleo que plasma la vida en la Alameda de Hércules a mediados del XVII (Anónimo, 1650)

¿Qué representan las columnas de la Alameda?

Las columnas, que en su origen pertenecieron a un templo levantado en Itálica en el siglo II –durante las épocas de Adriano o Trajano– fueron colocadas en el extremo sur de la actual Alameda, donde llegaron de la mano del maestro fundidor Bartolomé Morel, considerado toda una eminencia de su época en máquinas e ingenios. Su transporte se realizó en cajas de madera con rodetes que dejaron la ciudad por la Puerta de la Carne para volver a entrar por un derrumbe que se realizó en la muralla próximo al lugar donde llevan ya reposando más de cuatro siglos.

Allí fueron coronadas con dos esculturas realizadas por Diego de Pescara. En una aparece Hércules, mítico fundador de la ciudad de Sevilla y en la otra Julio César, restaurador de Híspalis. Las estatuas representaban a los dos monarcas de la nueva casa reinante en España: el emperador Carlos I, que había usado en su escudo las dos columnas de Hércules que actualmente se mantienen en el escudo de España y su hijo Felipe II, un enamorado de los parques y jardines flamencos e italianos a quien los sevillanos debemos el nacimiento de la actual Alameda de Hércules, inaugurada el 28 de diciembre de 1574.

En el año 1764 y casi dos siglos después de su inauguración –que estuvieron marcados por las continuas inundaciones–, se acometen las primeras grandes obras en la Alameda de Hércules. Promovidas por el asistente Larumbe, consistieron en la plantación de más de 1.600 álamos, el aumento del número de fuentes a seis y la colocación en la zona norte de dos nuevas columnas realizadas por el escultor Cayetano de Acosta y rematadas con dos leones que portan cada uno un escudo: el de España y el de la ciudad de Sevilla.

A finales del siglo XIX se producen dos nuevos hitos urbanísticos: la protección con verjas de los pedestales de las cuatro columnas y el posterior traslado desde la plaza de San Francisco de la conocida como «la pila del Pato», que en 1885 fueron llevadas junto a las columnas de los leones. La zona norte de la Alameda y sus moradores hicieron suya la fuente. Incluso se decía que el agua que brotaba del surtidor daba suerte a aquellos toreros en ciernes que pretendían alcanzar la fama. No obstante, la fuente aguantó allí hasta la primera década del siglo XX, cuando para aliviar inundaciones se determinó subir el suelo de la Alameda y por tanto retirar la pila que, tras un periplo de itinerancia, al fin ha encontrado acomodo en la plaza de San Leandro.

El esplendor de la Alameda

Uno de los puestos de cristales de la Alameda de Hércules a inicios del siglo XX
Uno de los puestos de cristales de la Alameda de Hércules a inicios del siglo XX- ARCHIVO ABC

Fue en aquella Alamedadel tiempo de Joselito, Belmonte, o la Niña de los Peines –entre 1910 y 1920–, cuando la zona cobró un notable impulso económico y social con la instalación de teatrillos, puestos, y quioscos de bebidas (vinos, manzanilla, licores...) que ampliaron la oferta inicial de los primitivos de agua. Hasta ocho establecimientos, de hermosa traza en estilo afrancesado, fueron regentados con éxito en la Alameda y desde allí llevados a otros lugares públicos, paseos y jardines de la ciudad.

Pero la Guerra Civil puso fin a aquellos años dorados de la Alameda de Hércules, que cayó sumida en un declive de décadas en que la marginalidad, las drogas y la prostitución fueron protagonistas. Como únicos hitos de posguerra destacan la colocación de nuevos elementos ornamentales. En 1968 se inauguró en su zona norte el monumento a la Niña de los Peines, obra del escultor Antonio Illanes Rodríguez y que hoy día comparte conjunto escultórico con una talla creada en 1991 en honor a Manolo Caracol por Sebastián Santos Calero y una obra de bronce inaugurada en 2009 en homenajea al matador de toros Manuel Jiménez Moreno Chicuelo.

La Casa de las Sirenas, en 1982
La Casa de las Sirenas, en 1982- ABC

Entre 1975 y 2004 la zona fue conocida por acoger la celebración de un populoso mercadillo dominical reunía a vendedores ambulantes de todo tipo y a centenares de sevillanos. Durante esta etapa destaca también la recuperación por parte del Ayuntamiento de la «Casa de las Sirenas», un palacete residencial de estilo francés que fue levantado en 1864 por orden de su primer propietario, Lázaro Fernández de Angulo, marqués de Esquivel. El Ayuntamiento de Sevilla adquirió en 1992 un recinto en la más absoluta ruina y lo convirtió en lo que es hoy: un centro cívico que acoge parte de las actividades de una zona culturamente muy dinámica.

El último gran hito urbanístico de la Alameda de Hércules data de finales de 2008, cuando se puso fin oficialmente a unas obras de remodelación que se extendieron durante tres años. Con ellas, la actual Alameda de Hércules restringía notablemente el tráfico de vehículos a motor y eliminaba tanto el albero que cubrió su suelo durante el siglo XX como las históricas verjas que protegían los pedestales de las columnas.

También se aprovechó la fallida obra de la estación de Metro del proyecto de 1977 para dar lugar a un tanque o pozo de tormentas, un depósito para la recogida de aguas pluviales con 24 metros de profundidad y una capacidad de 11.500 metros cúbicos. El espacio se completó con la instalación de fuentes y surtidores.

De este modo, la Alameda late hoy como un espacio urbano peculiar y atractivo, tan concurrido como ecléctico, donde las terrazas de bares y cafeterías conviven en armonía con espacios de ocio y juegos infantiles. Un rincón de Sevilla muy familiar durante el día que cobra un espíritu mucho más desenfadado y canalla con la caída del sol.

La actual zona sur de la Alameda de Hércules en una toma nocturna
La actual zona sur de la Alameda de Hércules en una toma nocturna- JUAN FLORES
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