Patrimonio

Santa Ana muestra sus tesoros en su 750 aniversario

Hasta el 15 de enero podrá visitarse la espléndida exposición «Anna Radix Uberrima», con imaginería, pintura, orfebrería y cerámica

Vista del coro
Vista del coro - Juan Flores
AURORA FLÓREZ Sevilla - Actualizado: Guardado en: Actualidad

Dentro de los actos de su 750 aniversario, la trianera parroquia de Santa Ana abre al público desde este miércoles una excepcional exposición de piezas de arte sacro, entre pintura, escultura, orfebrería, textiles y cerámica de su riquísimo patrimonio y otras cedidas por conventos e iglesias de Sevilla y su provincia.

La muestra sigue el hilo histórico, espiritual y religioso de los siete siglos y medio que han transcurrido desde que la fundara Alfonso X el Sabio, convirtiéndola en el primer templo de planta cristiana tras la Reconquista de Sevilla por su padre, el rey santo Fernando III.

«Anna Radix Uberrima» («Ana raíz fecundísima», del canto de vísperas) lleva por título genérico esta exposición dividida en cinco capítulos: «El Señor es mi fortaleza», «Buscad mi rostro», «Anna Radix Ubérrima», «El esplendor de la belleza» y «Eterna es su misericordia», comisariada por el carmelita descalzo fray Juan Dobado y con la coordinación general de José María Rubio, que puede contemplarse en parte las naves de la Epístola y del Evangelio, el trascoro y el coro. La muestra se ha aislado con paneles de la iglesia, donde continuarán celebrándose los cultos de forma habitual en las tres naves desde el coro hasta el altar mayor, presidido por el magnífico retablo con las tablas de Pedro de Campaña.

Destacable dentro de esta exposición, en la que sus responsables han trabajado desde 2013, es la restauración de la famosa lauda sepulcral de Íñigo López, obra de Niculoso Pisano de 1503, que a partir de ahora podrá verse en horizontal, y sobre una estructura móvil, tras haber sido extraída del muro en el que se ubicaba, con objeto de preservarla de humedades que destrozan los vidriados y otros agentes dañinos, así como del vandalismo. Como se recordará, según la leyenda, toda aquella joven que propinara un puntapié a los azulejos encontraría novio, y, por ello, el finado representado en ella tenía, entre otras zonas de la lauda, la cara destrozada. El rostro se ha reconstruido gracias a una fotografía de 1919. La restauración, realizada por José Ramón Pizarro, Cristina García Lorenzo y Carmen Riego Ruiz, ha sido patrocinada por la Real Maestranza de Caballería.

Igualmente sorprende la extraordinaria colección de los diez grupos escultóricos de Santa Ana y la Virgen que se ha reunido en el coro, con sillería barroca de Miguel Cano (1620) , espacio también inédito para el público general. Se muestran obras de Roque Balduque, Martínez Montañés, Pedro Roldán, Montés de Oca, Gijón, Cristóbal Ramos y algunas anónimas del siglo XVI. En esta zona, puede verse, además, el techo de palio de la Virgen de las Angustias de la Hermandad de los Gitanos, en cuya gloria figura la Sacra Familia reproduciendo la del altar mayor de Santa Ana. No hay que olvidar detenerse en el órgano, también recuperado, con dos cajas churriguerescas, al que se limpiaron los tubos y sometido a una consolidación general.

Entre las pinturas figuran tablas Hernando de Esturmio, de Antón Pérez y de Alonso Vázquez, del siglo XVI, más una alegoría de la Inmaculada de Juan de Roelas —cedido por el convento de Santa Isabel de Marchena—; Santa Ana, San Joaquín y la Virgen, de Juan de Espinal, procedente del Palacio Arzobispal, que se han situado flanqueando la magnífica Custodia procesional de Osorio (siglo VIII)— que refulge tras ser limpiada exhaustivamente—, entre otras grandes obras como las que conserva Santa Ana, caso de la tabla de la Virgen de la Rosa, de Alejo Fernández, del primer tercio del siglo XVI, que preside el trascoro; o la Virgen de los Remedios, de Juan de Zamora (siglo XVI). En la capilla de San Francisco, restaurada este año, destacan las pinturas renacentistas del retablo, de Pedro de Villegas Mamolejo y las murales, barrocas, de Domíngo Martínez, y en la Bautismal las de Tomás Martínez, discípulo de Murillo, además de una Guadalupana anónima del siglo XVII, o la copia del 1510 del cuadro de la Virgen de la Antigua de la Catedral.

Justo a la entrada de la exposición se ha situado el Cronicón de 1861, que recoge la edificación de la iglesia en 1266, junto a la capilla de Santa Bárbara, en la que resalta la talla de la Virgen de la Victoria (siglo XVI), y que fue de los frailes Mínimos, ante la que se postraron Magallanes y sus marineros antes de circunnavegar por primera vez la Tierra y Elcano a su regreso.

Entre las muchas tallas se muestra nel Ecce Homo atribuido a Felipe de Rivas, unos ángeles pasionistas de Roldán, un San Miguel arcángel del círculo de la Roldana... La exposición se complea con una selección de importantes piezas de orfebrería, con portapaces, portaviáticos, crismeras, entre otras obras, más alguna presencia documental, como un libro de coro y otro de bautizos de moriscos, ambos del siglo XVI.

El arzobispo, monseñor Juan José Asenjo, inauguró ayer la muestra, que estará abierta de lunes a viernes de 10 a 13.30 horas y de 16 a 19 horas, y los domingos de 16 a 19 horas, con acceso por la calle Bernardo Guerra.

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