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San Manuel González, el primer seise de Sevilla que llega a los altares

El Papa Francisco ha canonizado este domingo en Roma a este beato sevillano, todo un «apóstol de la Eucaristía»

El beato Manuel González García
El beato Manuel González García - ABC
P. GARCÍA Sevilla - Actualizado: Guardado en: Actualidad

La casa de las Misioneras Eucarísticas de Nazaret, las Nazarenas de la sevillana calle Mateos Gago, respiraba el pasado jueves nervios, mucho trajín y la ilusión de los preparativos ante un viaje muy esperado. Las ocho religiosas que componen actualmente esta comunidad, en compañía de más de un centenar de personas que siguen su labor en Sevilla, se trasladaban hasta Roma, donde estaban llamadas a reunirse con miembros de congregaciones procedentes de distintos puntos de la geografía española y de todo el mundo, para asistir a la canonización de un nuevo santo sevillano, el beato Manuel González García, su fundador.

Este domingo, cuando el Papa en la Plaza de San Pedro proclame su santidad, junto a la de un grupo de beatos, las campanas de Sevilla, Palomares, Huelva, Málaga y Palencia repicarán en señal de júbilo por la subida a los altares de quien fuera en vida niño seise, sacerdote y obispo, con el emblema del amor por la Eucaristía como uno de sus principales motores espirituales.

Palomares del Río

Nacido el 25 de febrero de 1877 en la sevillana calle Vidrio en el seno de una humilde familia, Manuel González recibió el sacramento del bautismo en la iglesia de San Bartolomé y desde muy pequeño comenzó a despuntar por sus capacidades intelectuales. Fue niño seise que estudió en el colegio catedralicio de San Miguel, donde germinó su vocación sacerdotal que le llevaría al Seminario en 1889. Hasta 1901 estuvo formándose en esta institución y con 24 años recibió la ordenación sacerdotal de manos del beato cardenal Marcelo Spínola, llegando a presidir su primera misa en la iglesia de la Santísima Trinidad.

Un año más tarde, en 1902, fue enviado a predicar una misión al municipio sevillano de Palomares del Río, en cuya parroquia se fraguó la experiencia que marcaría el resto de su vida y que, andando en el tiempo, le valió su sobrenombre de «obispo de los sagrarios abandonados», un apelativo envuelto en hondura cristiana y acción social.

«Fui derecho al Sagrario de la restaurada iglesia, y ¡qué Sagrario! (...) Allí de rodilla mi fe veía a un Jesús tan callado, tan paciente, tan desairado, tan bueno, que me miraba, (...) posaba su mirada entre triste y suplicante, que me decía mucho y me pedía más», escribió. A partir de aquel momento su camino tendrá como guía el Corazón Eucarístico de Jesús, desarrollando su labor en todas las direcciones y a todos los niveles, hasta el punto de que llegó a manifestar su deseo de «morir a la puerta de un Sagrario o junto a la puerta de un pobre».

En Huelva

Su objetivo no será otro que «eucaristizar», término que acuñó para hacer extensivo su apostolado a la parroquia, las familias, las instituciones, a cada persona... Puso en marcha, de hecho, variedad de obras sociales para aliviar o remediar el sufrimiento y abandono de los más necesitados. Fundó en 1910 la Unión Eucarística Reparadora (Marías de los Sagrarios y Discípulos de San Juan) y también las Misioneras Eucarísticas de Nazaret, en 1921. Su misión será difundida igualmente a través de la revista «El granito de arena», creada en 1907 y que surgió inicialmente como órgano de la acción social católica de Huelva.

Fue, precisamente, la provincia onubense, en aquel entonces perteneciente a la Archidiócesis de Sevilla, su primer destino. El 1 de marzo de 1905 era nombrado cura ecónomo de San Pedro y al poco tiempo arcipreste de esa ciudad en la que, ante una situación de notable indiferencia religiosa, empezó a sembrar a manos llenas entre obreros de minas y gente humilde y pobre en su gran mayoría. Según detalla Rafael Palmero Ramos, obispo emérito de Orihuela-Alicante, en una biografía sobre Manuel González, «poco a poco, pero sin pausa, se fue formando una ciudad eucaristizada.

Y no sólo la ciudad sino también los pueblos mejoraban por medio de la obra de los Sagrarios-Calvarios» (Familia Eucarística Reparadora), cuyo compromiso podía ser compartido por niños, jóvenes, adultos seglares, sacerdotes o personas consagradas.

En Málaga

Otra fecha clave en la trayectoria de don Manuel González será el 16 de enero de 1916, cuando fue consagrado obispo y es enviado a Málaga, donde continuó su labor pastoral e inició, a partir de 1920, la construcción de un nuevo seminario. Pero, a raíz del incendio de su residencia episcopal al poco de proclamarse la II República el 14 de abril de 1931, hubo de abandonar la provincia malagueña y marcharse a Gibraltar para, posteriormente, trasladarse a Madrid, desde donde rigió su diócesis hasta que en 1935 el Papa Pío XI lo nombra obispo de Palencia, destino en el que transcurrirán los últimos cinco años de su ministerio episcopal.

El 4 de enero de 1940, y en el sanatorio del Rosario de Madrid, moría don Manuel tras una vida entregada a su gran obsesión: ayudar a los demás a descubrir a Cristo vivo en la Eucaristía. Días antes de partir para la capital madrileña, y haciendo un gran esfuerzo a causa de su estado de salud, había escrito en Palencia el siguiente epitafio: «Pido ser enterrado junto a un Sagrario, para que mis huesos después de muerto, como mi lengua y mi pluma en vida, estén siempre diciendo a los que pasen: ¡Ahí está Jesús!, ¡Ahí está! ¡No dejadlo abandonado!».

Enterrado en Palencia

Y así fue desde el principio cuando se le enterró en la Catedral de Palencia. El 13 de julio de 2000, no obstante, sus restos mortales fueron trasladados al nuevo sepulcro de piedra colocado bajo el retablo de la capilla del Sagrario, en la misma Seo palentina.

En 2001, el Papa Juan Pablo II lo declaró beato y lo propuso a toda la Iglesia como «modelo de fe eucarística». En aquella ocasión, la curación de una joven palentina de 18 años que, en los años 50, sufrió una grave peritonitis tuberculosa, fue el milagro que se le reconoció para ser beatificado.

Ahora, su canonización llega por la curación inexplicable de un linfoma muy agresivo a una señora de Madrid en 2008 que, cuando se sintió desahuciada por los médicos, se encomendó al entonces beato, todo un «apóstol de la Eucaristía».

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