Miguel Ángel Fernández Delgado se mostró muy agresivo a la llegada de los juzgados
Miguel Ángel Fernández Delgado se mostró muy agresivo a la llegada de los juzgados - EP
Sucesos

Retrato del violador del Tamarguillo: «Si gritas te mato»

De sus tres víctimas reconocidas, Miguel Ángel Fernández Delgado mató a la única que no pudo agredir sexualmente

SEVILLAActualizado:

Una joven de 28 años regresaba a su casa después de pasar la noche con sus amigos en las fiestas de Zalamea de la Serena, un pequeño pueblo de Badajoz que estaba punto de despertar aquel 23 de agosto de 2003. Eran las 6.40 de la mañana cuando un chico se acercó por detrás de María (nombre ficticio para proteger su identidad) e interrumpió su camino de vuelta. Le pidió fuego, intercambiaron unas cuantas palabras y María volvió a enfilar los pocos metros que distaban de su domicilio cuando notó que alguien le tiraba con fuerza del brazo y al intentarse zafarse, ese mismo chico que acababa de encenderse un cigarrillo, la cogió del cuello con violencia, le tapó la boca y le amenazó: «Si gritas te mato».

Así recoge la sentencia de la Audiencia Provincial de Badajoz, en su capítulo de hechos probados, como Miguel Ángel Fernández Delgado abordó a su primera víctima para consumar una violación que no sería la única como recientemente los hechos han demostrado en Sevilla. En esa pequeña localidad pacense, vecina del pueblo natal de Miguel Ángel (Esparragosa de la Serena), arrancó la carrera delictiva de este depredador sexual.

Durante la lectura de ese documento judicial, que concluye con la condena a nueve años y seis meses para el violador del Tamarguillo, se comprueba un patrón de comportamiento que se repite en los tres ataques por los cuales ha sido enviado a prisión, dos de ellos de manera preventiva porque están aún en fase de investigación. Las víctimas coinciden en describir a un sujeto muy violento que las amenaza constantemente para intimidarlas.

El último ataque no fue consumado

De las tres mujeres que han sido víctimas de Fernández Delgado, dos de ellas no pudieron ofrecer mucha resistencia, paralizadas por el terror, y acabaron siendo agredidas sexualmente. Ambas pudieron sobrevivir pero con importantes secuelas psicológicas. La tercera se enfrentó al violador y fue estrangulada. Se trata de la mujer politoxicómana, que ejercía la prostitución arrastrada por su fuerte adicción a las drogas, cuyo cuerpo apareció el pasado mes de julio en el interior del Parque Amate.

El informe definitivo de la autopsia confirma que no fue violada. Fernández Delgado, que comparecía ante el juez esta semana como único sospechoso de este crimen, negó una y otra vez que la hubiera agredido sexualmente. Sostiene que se inició una discusión y terminó asfixiándola. Tanto la Policía como la Fiscalía sospechan que el violador del Tamarguillo quiso mantener relaciones sexuales a la fuerza, la víctima se negó y la mató, siguiendo el mismo mecanismo con el que atemorizó a sus otras víctimas: presionando su cuello.

Llegada a los juzgados
Llegada a los juzgados-EFE/Raúl Caro

La joven de Zalamea de la Serena, cuando fue reconocida por los médicos a las pocas horas de sufrir la agresión, presentaba contusiones en el cuello «compatibles con impresiones digitales», señala la sentencia. 14 años después y tras salir de prisión, Fernández Delgado asfixió a una mujer en el Parque Amate y aterrorizó a otra chica, de 24 años, en el Parque del Tamarguillo. A esta tercera, cuya violación también ha admitido ante el juez, la sometió de la misma manera.

Existen paralelismo terroríficos entre los dos ataques consumados en Badajoz y el Tamarguillo, que evidencian cómo el tiempo que transcurrió en prisión no han servido para reinsertar a este delincuente, que se suma a la lista de reincidentes que suponen un peligro para la sociedad y reabren una y otra vez el debate sobre cómo afrontar estos fracasos del sistema de reinserción.

En las dos agresiones que perpetró en Badajoz y en el Tamarguillo existen paralelismo terroríficos que evidencian una nula reinserción

La extrema violencia con la que intimidaba a las chicas, golpeándolas y arrastrándolas por el suelo hasta vencer su resistencia se repite en cada uno de los golpes. Las dos mujeres que sobrevivieron al violador del Tamarguillo relatan cómo las sorprendió por la espada, las llevó por la fuerza hasta un lugar apartado, las golpeaba y les repetía que si gritaban las mataría. La primera víctima le rogó que no acabara con su vida, prometiéndole que no le denunciaría.

Lo que sí ha evolucionado es su forma de enfrentarse ante la Justicia. En el primer ataque, Fernández Delgado sostuvo hasta el final que había sido un acto sexual consentido. Con sólo 25 años y sin antecedentes penales no ocultó su rostro a la víctima, tampoco guardó muchas precauciones para no dejar rastros biológicos. No estaba fichado.

Un padre de familia con un rostro oculto

Sin embargo, en los otros dos ataques sí que fue más cauteloso. A la joven del Tamarguillo le tapó la cara para que no pudiera identificarlo y en la de Amate no dejó en ella ningún rastro de su presencia. Sin embargo, cometió un error y su perfil genético fue encontrado en el escenario del crimen. En ambos casos ha confesado; si bien, la primera vez lo convenció su mujer para que acuediera a la Policía y en el segundo, la ciencia lo ha desenmascarado.

Miguel Ángel Fernández Delgado tiene hoy 39 años y duerme desde hace más de dos meses en la prisión de Huelva donde regresó tras entregarse y reconocer que era el violador del Tamarguillo. Este extremeño se refugió en Sevilla tras salir de prisión en 2015. No podía volver a su pueblo, donde aún recuerdan lo que hizo.

Tiene una pareja y una hija de corta edad. En su entorno sostienen que no esperaban que detrás de ese pequeño hombre se podía encontrar un depredador sexual. Lo achacan en parte a su adicción a las drogas. En los puntos de venta de Los Pajaritos lo reconocen como un cliente habitual que gustaba de ofrecerle a las prostitutas droga a cambio de favores sexuales.