Sucesos

La Policía libera en Sevilla a otra víctima engañada del «lover boy»

Una joven rumana de 28 años era obligada a prostituirse y a practicar la mendicidad por un falso pretendiente que la captó con mentiras en su país de origen

Estas mujeres son captadas con mentiras y luego forzadas en España a practicar la prostitución
Estas mujeres son captadas con mentiras y luego forzadas en España a practicar la prostitución - ABC
SILVIA TUBIO - @latubio Sevilla - Actualizado: Guardado en: Actualidad

Bajo la promesa de una vida mejor, jóvenes especialmente vulnerables son captadas en países como Rumanía para que emprendan un viaje hacia el terror. Las víctimas abandonan sus hogares confiadas en su nuevo novio; un chico que les promete la prosperidad en España, donde hay un trabajo para ellas y hasta el compromiso de una boda. Estos falsos pretendientes adornan las mentiras con el fin de hacerlas más convincentes, pidiéndoles la mano a las chicas para que no se escapen.

Es la figura del «lover boy», muy conocida por las brigadas policiales que luchan contra la trata de seres humanos. La última víctima conocida que cayó en este engaño acaba de ser liberada en Sevilla, según informa este viernes la Policía Nacional.

La joven, de 28 años y embarazada de su proxeneta, estaba sometida a un clan familiar rumano que la obligaba a practicar la mendicidad por las calles del centro de la capital hispalense. Si no conseguía sacar dinero, tenía que ejercer la prostitución. Los ingresos que obtenía de ambas actividades se los debía entregar a la red, quien la tenía «sometida en condiciones de acuartelamiento y vigilancia continua», señala la Policía.

Logró escapar

La investigación se inició a raíz de la propia denuncia interpuesta por la víctima en una comisaría de Policía Nacional después de escapar de sus captores al aprovechar un descuido de estos, quienes la seguían cuando salía a la calle a pedir dinero.

La víctima relató a la Policía que estaba retenida por una familia en una vivienda y que era obligada a ejercer la mendicidad para obtener dinero, que debía entregar a la familia en su totalidad a cambio de comida, agua y un techo bajo el que dormir.

Si no conseguía un ingresos mínimos, le obligaban a prostituirse. El clan le concertaba las citas con los clientes y cobraba los servicios. El control sobre ella era absoluto por parte de la red. Las mujeres de la familia, la hermana y la pareja del líder, eran las responsables de que no saliera de la vivienda, donde permanecía encerrada.

El cabeza de familia, un rumano de 34 años y con antecedentes policiales, fue quien captó a la víctima en su país de origen. Le aseguró que tenía para ella un trabajo de limpiadora en España y tras seducirla, la convenció para que dejara todo y viajara a Sevilla. Al tocar suelo español, la chica se topó de bruces con la realidad. Su novio en realidad no iba a casarse con ella, ya tenía pareja. Su objetivo era explotarla.

Las dos mujeres del clan y el cabecilla fueron detenidos y puestos a disposición judicial. Tras pasar ante el juez, quedaron en libertad con cargos; mientras que la víctima se encuentra atendida por los Servicios Sociales.

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