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La Plaza de España: el nuevo mercadillo de Sevilla

Los manteros extienden hileras de telas con baratijas y souvenirs en todo el conjunto monumental

Manteros en la Plaza de España
Manteros en la Plaza de España - Juan Flores

Nunca podía imaginarse el arquitecto sevillano Aníbal González cuando concibió la Plaza de España, uno de los iconos de la Exposición Iberoamericana de 1929, que uno de los conjuntos monumentales más transitado y fotografiado por los turistas que visitan la ciudad se transformara con el paso de los años en un mercadillo diario de baratijas y souvenirs de mal gusto y de aspecto descuidado al aire libre, ante la «pasividad» de las autoridades.

Una estatua de bronce de 2,5 metros de altura situada en la glorieta que da nombre al arquitecto referente del regionalismo andaluz, en el centro de la peatonal avenida Isabel la Católica, mira ahora «perpleja» a la Plaza de España, una de sus obras cumbre, que se ha transformado en un zoco en la actualidad, donde se llegan a concentrar, según las denuncias recabadas por este periódico, hasta medio centenar de manteros, a los que se suma una treintena de personas que, con mochilas al hombro, parece simular turistas y luego sacan de sus bolsos una variedad de artículos típicos sevillanos e incluso sombreros para venderlos a bajo precio en medio de la plaza.

Nada más entrar en el Parque de María Luisa por la Torre Norte la imagen de la Plaza de España va degradándose. Un «photocall olé» un tanto cutre recibe a los visitantes, donde por un euro hay quien se atreve a fotografiarse y poner su cabeza detrás de un panel con tres trajes de flamenca y otro de torero, cuyo estilismo deja mucho que desear.

Paseando por la avenida Isabel la Católica en dirección a la Torre Sur de la Plaza, sevillanos y turistas de todas las nacionalidades se topan con mujeres gitanas, que, en su clásica zalamería y romero en mano, pretenden sacar unos euros por una ramita bajo la excusa «¿le puedo hacer una pregunta madre?». Siguiendo por la avenida se extiende una decena de tenderetes de venta repletos de todo tipo de artículos de recuerdos de Sevilla, desde abanicos, mantones, imanes, llaveros, platos de cerámica, e incluso sombrillas tipo chinescas. Son los puestos legales, a los que se suma un kiosco donde se vende agua, granizadas y refrescos para combatir la sed de los visitantes cuando más aprieta el calor.

A lo largo de la galería de la plaza

Los propietarios de estos puestos, algunos con más de 50 años vendiendo en el lugar y que se van heredando de padres a hijos, prefieren mantenerse en el anonimato, «para evitar la molesta visita de inspectores pidiendo todo tipo de documentos», pero no dudan en denunciar el perjuicio que les ocasiona la presencia de manteros a lo largo de la galería que une las dos torres de la plaza. «Todos los que tenemos nuestros puestos con los papeles en regla somos autónomos y pagamos impuestos y lo poquito que gana cada puesto sirve para mantener hasta tres familias», coinciden en señalar. «Todos tenemos derecho a comer, pero el que paga licencia no come y el que no paga se va con el estómago hinchado», recalcan.

Según denuncian, los manteros, que venden los mismos productos que ellos pero a precios más bajos «porque no tienen que pagar impuestos», extienden sus telas con artículos, «la mayoría abanicos de plástico y de mala calidad» todos los días, pero sobre todo los fines de semana y festivos, a lo largo de la galería de la Plaza de España, en las escalinatas e incluso en aquellos sitios de la plaza que da sombra. «Este verano se ha puesto de moda la venta de sombreros. Los clientes no llegan a nuestros puestos», protestan. «Nosotros estamos aquí desde que abre el Parque hasta el anochecer, pero si hace viento cierra el Parque y si llueve o hace mucho calor no vendemos ni un llavero, con el consiguiente daño para nuestros negocios».

Desde primeras horas de la mañana puede observarse personas cargadas con bolsas de plásticos llenas de objetos e incluso con sillas plegables, las cuales, con total impunidad, montan su particular bazar a escasos metros de lugares emblemáticos como las Puertas de Navarra y Aragón y Capitanía General, donde la presencia de agentes de la Policía Nacional es constante.

Seguridad en el Parque de María Luisa

Según afirman los propietarios de los puestos que están legalizados, «de vez en cuando la Policía Local, que tiene la responsabilidad de evitar la presencia de manteros, aparece por la Plaza de España. Nos damos cuenta de ello porque se produce una estampida de éstos cargados con su género, pero el problema se repite siempre porque después de que se marchan los policías vuelven a aparecer los manteros como setas, concentrándose luego en los aledaños de a Torre Norte». Por esta razón, reclaman una presencia permanente de la Policía Local en la Plaza de España e incrementar, de esta manera, la seguridad en el Parque de María Luisa.

Avenida de la Constitución y Tetuán

Por otro lado, la Plaza de España no es el único lugar preferido por los manteros para acampar y vender sus artículos. «El top manta» se ha convertido ya en una imagen habitual de las principales calles del centro histórico, entre las que destacan la avenida de la Constitución y Tetuán. Bolsos de imitación de las mejores marcas, zapatillas, camisetas deportivas, gafas de sol o cintas de colores para gafas se venden a muy buen precio en las zonas más caras para alquilar un local y montar un negocio en Sevilla. Los manteros han ido ganando terreno a medida que veían cómo nadie hacía nada por impedir que se pusieran allí a vender productos que pueden encontrarse en las tiendas a unos metros. Ante esta situación, los comerciantes del Casco Antiguo no cesan en denunciar la «competencia desleal» que ejercen estas personas, detrás de las cuales se encuentran redes mafiosas.

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