UNA CARRERA DE OBSTÁCULOS AL FINAL DE LA VIDA

«Con mi paga de pensionista vivimos siete en un piso de 45 metros y antes hemos estado once»

Los ancianos intentan vivir con pensiones bajas, barreras arquitectónicas en las calles... y con la soledad

José Díaz Muñoz
José Díaz Muñoz - VANESSA GÓMEZ

Ahora que puede vivir tranquilo con su pensión de 1.400 euros José Díaz Muñoz está sufriendo lo indecible porque se ha hecho cargo de sus hijos en paro y de dos nietos. Hoy día viven siete de familia en su piso de 45 metros cuadrados de la calle Navío Argos, en Madre de Dios, pero han llegado a estar once. La pensión se la han embargado dos veces a cuenta de las deudas de un hijo que él afrontó y así vive su jubilación desde que con 46 años se apartó de la vida laboral por una mielopatía cervical. Dejó entonces de conducir los autobuses de Tussam para llevar el volante de sus casa y la de los hijos. Desde los 14 está trabajando. Primero en las artes gráficas y luego, con 25 entró en dicha empresa municipal. Su enfermedad va avanzando y hay días que no se puede echar abajo de la cama pero dice que no quiere bastón ni nada para auxiliarse «no me vaya a acostumbrar». Lo que quiere es un piso en venta o en alquiler.

Lleva tres años solicitándolo y «se tiran la pelota de unos a otros con tantos pisos vacíos como dicen que hay y a mí no me dan uno». Porque para más inri vive en un segundo sin ascensor y su esposa también tiene dificultades para subir las escaleras.

Pero ahí no acaba todo.En su casa ha entrado hasta un gato por las ramas de unos árboles que no podan «por más que llame al Ayuntamiento» y la acera de su calle por la que, a veces, pasea está levantada.

Pilar Pino Chamizo es otra anciana que se enfrenta a no pocos probelmas. No quiere estar en su casa «viendo siempre los mismos muebles». «Yo quiero estar en la calle y en los bares y volver al psiquátrico y a la Casa Cuna donde yo limpiaba que eso era limpiar y no lo que hacen hoy día». Es trianera tiene 82 años y sufre Alzheimer y padecimientos de riñón, corazón, osteoporosis... y sigue como cuando era joven, pintándose y arreglándose sin faltarle un detalle «que me levantaba a las cuatro de la mañana porque entraba a trabajar a las siete para que me diera tiempo a rizarme las pestañas con unas tijeras», dice acabando la frase con un desplante para arrancarse a bailar flamenco.

Pilar está feliz, cuidada y mimada por su hija Concha, la única que tiene y que hace 17 años se la llevó a su casa para ya no separase de ella ni de día ni de noche porque no quiere estar con nadie y en los centros de día dice que se pone peor porque ella está mejor que los que van allí».

Cerró su negocio y se dedicó a su madre con una pensión de 1.020 euros y 250 que le da la Ley de Dependencia después de muchos años solicitada. Con eso no puede pagar a una asistenta, los más de mil euros de la cama articulada, otros tantos del carrito de ruedas con motor — «las calles están impracticables y se cayó del que tenía manual»— , medicamentos, pomadas, ... y adelantar el dinero de los pañales pues no le llegan los cuatro diarios que prescribe el SAS.

Aunque jubilación venga de júbilo parece que a nuestros mayores no les invade la alegría, precisamente, a la hora del descanso terrenal después de toda una vida trabajando y cotizando.

Salud, dinero y amor es lo que más les preocupa, según las encuestas de organismos como el Imserso, Vida Caixa o la Liga de Mayores: las pensiones nos les llegan a fin de mes, las ayudas de la Ley de Dependencia son escasas y tardías, la soledad les invade, las medicinas les cuesta el dinero y cuando enferman no son atendidos por geriatras, porque en Andalucía no hay.

A todo ello hay que sumar la angustia que les embarga cuando salen a las calles llenas de barreras arquitectónicas, como aceras sin rebajes, baches por todas partes, escasos bancos, menos sombras aún, y servicios públicos a los que no pueden acceder.

En la Federación de Organizaciones Andaluzas de Mayores (FOAM) le llevan tomando el pulso desde hace años a los jubilados de Sevilla donde un 16% de la población tiene más de 65 años y vive con una pensión media de 600 euros, según su secretario general, Santos Asensio.

Asegura que las personas mayores «lo están pasando mal, que les cortan la luz, el agua y las desahucian» y que «la pobreza es aún más sangrante porque antes no había qué comer pero hoy día se tira la comida».

Asensio ha comprobado que son los pensionistas los que han ayudado a afrontar la crisis a los hijos y nietos por no decir que son quienes los crian cuando los padres están trabajando y se pregunta qué pasará en 2017 «cuando se acabe la hucha de las pensiones y el Estado no haya encontrado una solución al cada día mayor número de jubilados».

«La generación del baby-boom está a punto de jubilarse —sigue— y no hay cotización suficiente porque las nuevas tecnologías por cada puesto de trabajo que crea destruye 100». Pero si con una pensión de 600 euros se vive mal en Andalucía — la media en España asciende a 899,29 euros, según los datos divulgados por el Ministerio de Empleo— con una paga de 1.200 «también hay necesidades» si se tiene en cuenta que de ahí hay sale el sueldo del cuidador y de medicinas que no se financian y que necesitan, como la comida, que también ha de ser de calidad para una anciano. Así, algo tan usual como gotas para combatir la sequedad de los ojos cuestan entre 16 y 18 euros y duran un mes escaso.

Otro ejemplo está en la pomada para el dolor de las articulaciones, que llega el tubo a los 10 euros. Y eso por no citar lo que cuestan las camas articuladas, las sillitas de ruedas, las empapaderas y los pañales.

Estos últimos sí se financian pero el SAS solo prescribe cuatro al día, una cantidad insuficiente para una persona impedida con lo que el mayor se ve obligado a adelantar el dinero a la farmacia —unos 50 euros en función del modelo y envase— hasta que esté dispensable y así sucesivamente porque nunca se pone al día.

Pero eso no es nada comparado con el calvario que tiene recorrer llamando de puerta en puerta de especialista en especialista cuando su organismo, por ley de vida, empieza a fallar porque no hay geriatras en el SAS.

«Efectivamente, no hay geriatras en Andalucía pero sí en casi todas las autonomías: Madrid, Cataluña, Galicia, Asturias, ambas Castillas, Extremadura, Aragón, Murcia...», dice el doctor Carlos Martínez Manzanares, académico de número de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla. Relata el profesor que «como las autoridades sanitarias de los distintos países siguen con el clásico modelo asistencial que ha servido para personas adultas pero que no soluciona el cada vez más urgente problema de la asistencia integral a los mayores, la OMS presentó el 1 de octubre de 2015 el “Informe mundial sobre envejecimiento y salud” en el que postula que la asistencia integral a los mayores debe diferenciarse de la que se presta a los adultos, basada en un modelo biomédico, que se muestra insuficiente para aquéllos.

El modelo propuesto coincide con los principios que ha utilizado la Geriatría desde su comienzo y que la diferencia de otras especialidades médicas. Al mayor, además desde el punto de vista biomédico se le ve desde una perspectiva funcional, mental, sociológica, moral, política y económica. Por ello el equipo geriátrico básico utiliza al médico, enfermeros, trabajadores sociales y de otras disciplinas».

Dicho informe incide en que el envejecimiento no es algo patológico, sino una parte del ciclo vital de la persona y que depende de que su «capacidad intrínseca funcional» le permita adaptarse al medio y seguir viviendo en las mejores condiciones. Esta capacidad está en las cualidades físicas, mentales, la herencia, la raza, el sexo, los hábitos saludables y retos del entorno en el que vive. Cuando la diferencia entre la capacidad funcional y los problemas propios y del entorno se invierte surge la incapacidad y se precisan ayudas cada vez más costosas. Los expertos señalan que ya es hora de afrontar las necesidades de los mayores pues, como el resto del mundo, España sigue también su proceso de envejecimiento.

«Andalucía —añade Martínez Manzanares— tiene un 16,2 % de población de mayores y sigue creciendo la proporción de octogenarios; ahora representan el 5,8% (Padrón 2015). Según la proyección del INE, en 2061 habrá más de 16 millones de personas mayores, el 38,7% del total».

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