Alejandro Macarrón, autor del libro «El suicidio demográfico de España»
Alejandro Macarrón, autor del libro «El suicidio demográfico de España» - MILLÁN HERCE

«Es un tópico que nazcan menos niños por razones económicas»

Alejandro Macarrón, autor del libro «El suicidio demográfico de España», advierte de las consecuencias a medio y largo plazo

SEVILLAActualizado:

Alejandro Macarrón (Avilés, 1960) desmonta en su libro «El suicidio demográfico de España» los tópicos a los que se atribuye la caída de la natalidad en España. «No nacen más niños en España, principalmente, porque han cambiado los valores y las mujeres y los hombres no quieren tener más hijos», declara este asturiano, que acaba de sacar otro nuevo libro sobre el tema, titulado «Suicidio demográfico en occidente y medio mundo», con prólogo del popular Josep Piqué y del socialista Joaquín Leguina, que se puede adquirir en Amazon.

«Estamos en una espiral de muerte demográfica. O aumenta el número de hijos por mujer o, si no, nacerán menos niños en el futuro porque cada vez habrá menos mujeres en edad fértil», indica Macarrón. Hasta 2014, en España, el crecimiento vegetativo o natural de la población era positivo, porque había más nacimientos que fallecimientos. Ya no es así. Sin contar la aportación en bebés de los inmigrantes, este saldo era negativo desde hace casi una década, según las estimaciones de Macarrón.

Cuando se inicia la Transición Democrática, el indicador coyuntural de fecundidad en España estaba en 2,8 niños por mujer. «Hoy -dice- ese indicador está en 1,3. La bajada de la natalidad se ha compensado en parte,pero de manera insuficiente, con que el hecho de que mueren menos niños que antes gracias al agua potable, la mejora de la alimentación, las vacunas, las medicinas y los servicios sanitarios de los que disponemos. En 1880, uno de cada dos niños no llegaba a cumplir doce años. Por esa razón, hacía falta tener al menos cuatro hijos por mujer, o algo más, para garantizar el relevo generacional. Hoy la tasa de mortalidad hasta los 30 años es menor del 1%. De cada 250 niños que nacen, solo uno muere antes de los 12 años».

Píldora anticonceptiva

¿Cuáles son las causas de la natalidad tras el baby boom (1956-1976)? Aunque de forma mayoritaria se apunta a razones económicas como motivo de la caída de nacimientos, Alejandro Macarrón desmonta esa teoría. «La caída de la natalidad comienza en España -y en Sevilla- a partir de 1977. La aprobación en 1978 de la Ley que despenalizó la píldora anticonceptiva tuvo también su efecto. Además, influyó la incorporación masiva de la mujer al mercado de trabajo, la Ley del divorcio de 1981, la despenalización del aborto o la pérdida de religiosidad. Pero sobre todo, fue el sistema de valores lo que cambió y eso ha llevado a que muchas mujeres retrasen la maternidad o simplemente no la deseen. Tampoco los hombres desean ser padres con las ganas de antaño».

Alejandro Macarrón
Alejandro Macarrón - MILLÁN HERCE

En cuanto al divorcio, Macarrón explica que cuando se rompe un matrimonio que no lleva mucho tiempo casado, esa pareja no tendrá los hijos que habría tenido de seguir junta muchos años más, y los antiguos cónyuges, ya cada uno por su cuenta, tampoco. Por otra parte, «ahora todos vamos a la Universidad y es un hecho que la mujer emplea parte de sus mejores años fértiles estudiando y desarrollando su carrera profesional. Cuando quiere tener hijos a partir de los 30 años, y sobre todo si se pone a ello a partir de los 35, es mucho más probable que tenga problemas para concebirlos. De hecho, la fertilidad cae bruscamente a partir de los 35 años y al menos la mitad de los embarazos de mujeres de más de 40 años se pierden».

¿Influye la precariedad laboral en la natalidad? Macarrón califica como indesable la precariedad pero no lo considera como un condicionante decisivo en la caída del descenso de la natalidad. «Lógicamente no ayuda mucho a aumentar las tasas de natalidad pero lo cierto es que cuando no había precariedad laboral también bajaban los nacimientos. La fecundidad de las españolas ha sido casi la misma antes de la crisis, en medio de la crisis y ahora, que las cosas van mejor. De hecho, en Suiza, Austria o Alemania no hay semejante precariedad laboral, pero la tasa de hijos por cada mil habitantes es muy similar a la nuestra», explica Alejandro Macarrón.

Para quienes argumentan que las mujeres españolas no tienen más hijos porque el permiso de maternidad de 16 semanas es de los más cortos de Europa (Suecia ofrece hasta 480 días), Macarrón contesta que las tasas de fecundidad en los países del Norte de Europa son mejores que las nuestras, pero no mucho mayores en términos absolutos, y menos aún si nos fijamos solo en las nórdicas autóctonas, sin contar a las mujeres inmigrantes.

Familias reales europeas

Según Macarrón, un buen reflejo de que el descenso de la natalidad obedece más a un cambio de valores que a la situación económica es que la mayoría de las familias reales europeas tienen también cada vez menos hijos. «En España, Alfonso XIII tuvo 7 hijos; Don Juan de Borbón tuvo 4; Juan Carlos I tres y Felipe VI dos. Pero ocurre lo mismo en la familia real británica. La mítica reina Victoria tuvo nueve hijos, y su sucesor, seis. Actualmente, Isabel II tuvo cuatro hijos, el príncipe Carlos dos y el príncipe Guillermo dos (aunque espera uno más); y en la familia real marroquí también se observa lo mismo, ya que Mohamed V tuvo siete hijos; Hassan II cinco y Mohamed VI dos».

Además, asegura Alejandro Macarrón que la mujeres que no trabajan fuera de casa tienen más hijos que las emancipadas, pero no muchos más. «Las primeras tienen en España alrededor 1,7-1,8 hijos de media, según mis estimaciones, y las que trabajan, 1,2 – 1,3 hijos. La diferencia es palpable, pero no abismal», indica. A corto y medio plazo, el descenso de la natalidad tendrá consecuencias en la economía, y a largo otras más devastadoras en la sociedad, con un aumento exponencial de la soledad en las últimas etapas de la vida. «Ya están notando el descenso de la natalidad las escuelas infantiles y los colegios. Se verán afectadas también las pensiones porque habrá menos cotizantes, y el gasto sanitario tiende asimismo a crecer de forma constante, y todo ello sostenido con la riqueza que produzca una fuerza laboral menguante y progresivamente envejecida», añade este ingeniero de telecomunicaciones convertido en un experto en demografía, quien advierte que «en Japón ya se venden más pañales para ancianos que para bebés».

«Ahora la natalidad mundial está globalmente en nivel de reemplazo, pero si sigue el descenso de la natalidad en los países en desarrollo, entraremos claramente en niveles mundiales de fecundidad inferiores a los de reemplazo. De hecho, con las pautas actuales de natalidad y en ausencia de inmigración extranjera, Alemania, España, Italia, Suiza, Portugal, Polonia, Hungría, Rusia, Japón, China, Corea del Sur y otros países perderán de un 60% a un 80% de su población en 100 ó 150 años, y quedarán despoblados del todo algunos siglos más tarde», concluye.