La Inmaculada de Murillo preside la cúpula de la Sala Capitular de la Catedral - Vanessa Gómez

Año Murillo: La Catedral expone 16 originales del genio para «llamar a la fe»

El Cabildo inaugurará el próximo 8 de diciembre, día de la Inmaculada, una muestra en la que también se han rescatado documentos clave sobre la vinculación de Murillo con la Iglesia

SevillaActualizado:

Se bautizó en la Magdalena, fue hermano de la Caridad, de San Bartolomé, de la Veracruz y de Montesión. Y mantuvo una relación directa con la Iglesia durante toda su vida. Podría decirse que Bartolomé Esteban Murillo fue a la pintura barroca lo que Gonzalo de Berceo había sido a la literatura medieval. Su obra sirvió como «porta fidei» -puerta de la fe- a los sevillanos del siglo XVII, que cruzaron «el puente tendido hacia la experiencia religiosa» gracias «a la belleza» de sus obras.

Esta es, en esencia, la médula de la exposición que inaugurará la Catedral de Sevilla el próximo 8 de diciembre para conmemorar el cuarto centenario del nacimiento del genial pintor. La diócesis sevillana se suma con esta iniciativa a los actos del «Año Murillo» y exhibirá 16 obras originales del maestro. La Catedral ha realizado un impresionante vídeo sobre la muestra que se inaugurará en unas semanas. También se expondrán 40 documentos archivados en el Arzobispado en los que se revelan datos tan determinantes para entender al pintor como el expediente de restauración de la Sala Capitular, donde se conserva su legado más trascendente, o su expediente matrimonial, entre otras cosas.

Uno de estos legajos desvela que uno de los hijos de Murillo fue canónigo de la Catedral, según recordó el comisario adjunto de la muestra Joaquín de la Peña, lo que confirma con certeza tal vez definitiva la estrecha relación entre el artista y la Iglesia sevillana de su época. Esto es lo que pretende demostrar la exposición organizada por el Cabildo, que tiene un coste de 50.000 euros y está comisariada por Ana Isabel Gamero, conservadora de bienes muebles de la Catedral. El itinerario consta de cuatro espacios, de manera que la visita comienza en el trascoro y termina en la Sala Capitular.

En la primera zona, que abarca el citado trascoro y la capilla de San Antonio, los visitantes podrán contemplar el retrato de San Fernando que Murillo pintó en 1671 con motivo de la canonización del rey. Junto a esta obra se podrá ver otra que ha sido cedida por el Palacio Arzobispal, «La Virgen entregando el rosario a Santo Domingo», considerada la primera obra conocida del artista, ya que está fechada entre 1638 y 1640. Apenas rondaba los 20 años.

La exposición tiene un marcado carácter religioso y se pretende que sea una catequesis a través del arte

Este primer espacio lo completan dos cuadros que hasta abril estarán cedidos a otras exposiciones del Año Murillo: «El Ángel de la Guarda», que estará en el Bellas Artes, y «La beata Dorotea», que se verá hasta entonces en Santa Clara. Y en la capilla de San Antonio se mostrarán dos obras pintadas por Murillo para ese lugar exacto: «El bautismo de Cristo» y «Visión de San Antonio», al que se le están realizando trabajos de rehabilitación en la zona inferior del lienzo.

En esta primera parte del recorrido también se expondrán el retrato de Justino de Neve -amigo y mecenas del pintor- y el del propio Murillo realizados en el siglo XIX, actualmente conservados en la Biblioteca Capitular. Y por último habrá un itinerario guiado por la sepultura de Neve, el tapiz filipino del siglo XVII que se vio por última vez en 1989, un simpecado de la Concepción también del XVII y varios paneles pedagógicos en los que se explicará la relación de Murillo con la iglesia.

De ahí se pasa a la Sacristía Mayor, donde se ubican otras dos obras fundamentales del artista, «San Isidoro» y «San Leandro». Los retratos de los dos santos sevillanos fueron encargados por el canónigo de la Catedral Juan Federighi Fantoni en 1655. Junto a estas dos pinturas clave se situarán las vitrinas documentales antes de pasar al tercer espacio, el Antecabildo y el Patio del Mariscal. Está será una zona preparatoria de la más importante que tiene la exposición, la Sala Capitular, donde Murillo pintó una excepcional Inmaculada rodeada por los ocho santos sevillanos: Santa Justa, Santa Rufina, San Fernando, San Hermenegildo, San Pío, San Leandro, San Isidoro y San Laureano. Estas obras fueron ejecutadas en la cúpula por el artista, por lo que a ras de suelo es muy complicado apreciar los detalles.

Nueva iluminación

Los organizadores de la muestra han hecho un nuevo diseño de iluminación para que se puedan percibir más matices, pero para que el visitante tenga una impresión más precisa de la magnitud de estas piezas se expondrán reproducciones en alta resolución en el Antecabildo, donde también se ofrecerán datos sobre los santos y se colocarán varios paneles para explicar el movimiento concepcionista. En total, 16 obras originales que sitúan a Murillo como el pintor por excelencia de la Catedral y como hombre de iglesia. De ahí el título de la muestra: «Murillo en la Catedral. La mirada de la santidad». Porque esta exposición tiene un claro carácter catequético. El propio arzobispo lo subrayó durante la presentación de este acontecimiento, que se celebrará hasta el 8 de diciembre de 2018 -de Inmaculada a Inmaculada- en el horario habitual de la visita cultural a la Seo.

Asenjo, que es un gran aficionado al arte, destacó la importancia de la belleza en la labor de evangelización y expuso varios casos de «ateos profundos» que se convirtieron gracias a la delectación que les generaron distintas obras de arte religiosas. «Esta exposición tiene una marcada e incontestable dimensión cultural, pero para mí ha de tener también una dimensión prevalentemente pastoral y evangelizadora» porque «el patrimonio artístico es frecuentemente el único eslabón que une con la Iglesia a los que no creen». Por eso, el Arzobispo tiene esperanza en que «la belleza sublime de los cuadros de Murillo, que rezuman religiosidad fruto del genio de este gran creyente, sirva para descubrir la verdadera belleza, la belleza invisible de Dios».