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La historia del guardia civil que salvó a la mujer del piloto fallecido en pleno vuelo en Sevilla

El cabo primero Fernando Vera García recuerda que llegó a la avioneta en llamas, se echó a la mujer a la espalda y corrió con ella mientras oía hasta tres explosiones

Fernando Vera García, de uniforme, en la entrega de medallas
Fernando Vera García, de uniforme, en la entrega de medallas - R. RUZ

Fernando Vera García, cabo primero de la agrupación de Tráfico de la Guardia Civil, ha sido uno de los galardonados con la medalla al mérito con distintitivo rojo en el acto celebrado en la Comandancia de Montequinto con motivo del día de la Virgen del Pilar, patrona de la Benemérita. Fernando, natural de la localidad sevillana de Los Palacios y con 49 años de edad, fue la persona que salvó de la muerte a la mujer del piloto fallecido en pleno vuelo en un suceso ocurrido en el verano del año pasado.

Fue, lo recuerda muy bien, el 23 de agosto de 2015. Junto con el piloto de la Dirección General de Tráfico, Antonio Zabau (al que también ha distinguido la Guardia Civil), estaba haciendo un servicio de vigilancia de las carreteras con el helicóptero. Sobrevolaban la provincia de Huelva cuando escucharon por una de las frecuencias aéreas la llamada de auxilio de una mujer, decía «mayday, mayday, el piloto se ha muerto y yo no sé volar». Inmediatamente tanto ellos como un ultraligero que partio de la base de Ilipa Magna (Alcalá del Río), cuyos tripulantes, Antonio Toscano y José Luis, eran conocidos de la pareja y habían recibido el mismo mensaje, se pusieron en camino para intentar ayudar a la mujer a aterrizar la avioneta.

El estado de nervios que tenía la mujer hizo la labor imposible. Aunque el ultraligero se colocó al lado de la avioneta para intentar darle instrucciones y el helicóptero detrás para controlar la situación y se dio aviso a la torre de control del aeropuerto de Sevilla con lo que el controlador que estaba de guardia desvió todos los vuelos para que las pistas quedaran libres y activó a los distintos dispositivos de emergencia la avioneta se estrelló en una arboleda próxima a la terminal aérea.

Entonces, el piloto del helicóptero hizo una «autorotación», el aparato desciende muy rapídamente, sin motores, y nada más pisar tierra el cabo primero de la guardia civil se dirigió a la avioneta siniestrada. «La avioneta estaba en llamas, al piloto me lo encontré ardiendo y el humo hacía que apenas se viera nada, pero pude acceder al interior y sacar a la mujer y echármela a la espalda y salir corriendo. Nada más salir escuché una explosión, luego otra mayor y hasta una tercera, pero ya nos habíamos apartado lo suficiente, unos cincuenta metros».«La mujer _cuenta Fernando Vera_ estaba fuera de sí, no reaccionaba. Me besaba la mano, lloraba, reía, no sabía donde estaba».

A los pocos minutos llegó al lugar el helicóptero del 061 al que también se había avisado de la posición dado que la arboleda no dejaba ver bien su ubicación. Al principio los sanitarios se lanzaron directos al helicóptero pensando que todavía podían ayudar allí, luego le descubrieron. La mujer, aparte de su estado de angustia y confusión por lo sucedido, sólo tenía roto el tobillo y algunas quemaduras; el guardia civil que la salvó sólo sufrió unas pocas quemaduras en la espalda.

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