Manuel Grosso fundó el Festival de Cine Europeo de Sevilla
Manuel Grosso fundó el Festival de Cine Europeo de Sevilla - ABC
ENTREVISTA

Grosso: «Hemos rebajado tanto el nivel educativo que ya nadie sabe quién era Julio César o Lolita»

El profesor de Derecho Penal y fundador del Servicio de Promoción Cultural de la Hispalense asegura que si exigiera a sus alumnos el nivel de cuando él estudiaba «no aprobaría nadie»

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Manuel Grosso Galván (Sevilla, 1953) es profesor titular de Derecho Penal y fundó el Servicio de Promoción Cultural de la Universidad de Sevilla. Fue director general de Promoción Cultural con Manuel Chaves en la Presidencia de la Junta de Andalucía y fundó en 2003 el Festival de Cine Europeo de Sevilla siendo alcalde de la ciudad Alfredo Sánchez Monteseirín.

¿Por qué ha dejado la Universidad?

No he continuado porque no me gusta el nuevo sistema. No incentiva investigar y te satura de actividades administrativas. La gota que colmó el vaso fue el reparto de los trabajos de fin de grado en mi departamento, que se hizo a voleo, de modo que te tocaban alumnos que ni siquiera te conocen y a los que no conozco. Me parece surrealista.

¿Los alumnos que ha tenido en estos últimos años estaban mejor preparados que los de hace dos décadas?

Peor.

¿Qué les falta, en su opinión?

Les falta universidad, un sitio de conocimiento y reflexión donde desarrollar relaciones. En la Hispalense ahora nadie conoce a nadie, ni a los alumnos, ni a los profesores. Ni muchos profesores se conocen entre ellos.

¿Observa en ellos muchas lagunas culturales?

Les falta cultura, en general. Tú hablas en clase de lolitas y no saben de qué estoy hablando. No saben quién era Nabokov y ni siquiera han visto la película de Kubrick. Es una cosa pasmosa. Un día en una clase hablo del «Julio César» de Shakespeare, y para mi sorpresa nadie sabía nada. A algunos les sonaba Julio César, pero nadie sabía cómo murió, ni de la conspiración que acabó con su vida. Tampoco nadie había visto la película de Marlon Brando. Esto te restringe mucho en tus clases.

¿Y de quién es la culpa?

De todos. También del profesorado y yo entono el «mea culpa». Hemos ido simplificando tanto las cosas que los alumnos lo quieren es un texto para aprendérselo y aprobar el examen. Y si es un textito, mejor.

¿Y bibliografía?

¿Bibliografía? ¡Por favor! No sé cómo será en otras facultades, pero si tú pides todos los manuales de Derecho que se estudiaban aquí en los años 60-70 y los comparas con los actuales verás que apenas tienen referencias bibliográficas, por no hablar de la diferencia de volumen. (Grosso hace dos gestos con las manos: primero las eleva a un altura de un metro y algo; luego las reduce a unos veinte o treinta centímetros).

¿Cree que los alumnos no dan para más o que el sistema educativo no les da la oportunidad?

Seguro que dan para mucho más y que son igual o más inteligentes que los de hace treinta años, pero hemos rebajado tanto el nivel de exigencia y de esfuerzo que hacen lo mínimo. Si esto viene en unos apuntes, mejor que mejor. Y de investigar o buscar fuentes para un trabajo, olvídate.

Hay empresas que se anuncian en la red y ofrecen trabajos de facultad e incluso los de fin de grado por una cantidad de dinero.

Sí, he comprobado que muchos trabajos los copian de Internet o los calcan de otros. Se toman la universidad como un colegio. Pero no es culpa de ellos. Es de toda la sociedad.

Si exigiera el nivel de cuando usted estudiaba, ¿qué ocurriría?

Que no aprobaría ni Dios.

Al Derecho Penal por el cine

¿De dónde le viene su afición al Derecho?

Desde pequeño, aunque no hay juristas en mi familia. Mi padre tenía negocios de construcción. El derecho es un brutal mecanismo de análisis de la rdealidad. Adaptar la realidad a la norma. Eso siempre me atrajo.

¿Y el Derecho Penal?

Porque es muy cinematográfico. El Derecho Penal es muy visual, muy directo. Cuando hablé con mi padre y le dije que quería quedarme en Penal me dijo: «Pero si eso son cuatro chorizos». Antes estaba muy mal visto, era como un Derecho de Segunda División. Ahora no, hay mucho más que «cuatro chorizos». De hecho, ahora da mucho dinero, cosa que antes no daba, aunque yo no he ejercido nunca.

Ha publicado muchos textos jurídicos sobre los «delitos de cuello blanco». Resultó usted un buen profeta...

Sí. Fui el primero que introduje en España las teorías de la escuela criminológica de Manchester y hablé de esos delitos. Y aquí y ahora casi todos los delitos castigados son de cuello blanco.

Dijo en 2013 que «la Justicia en España se aplica básicamente a los pobres». ¿Sigue pensando lo mismo?

A los pobres se les sigue aplicando con más inmediatez. Al que tiene dinero es muy difícil meterlo en la cárcel.

¿Cree que todos esos políticos y empresarios que están siendo investigados por corrupción se librarán al final de la cárcel?

A Rato le quitaron hace poco una de su causas. Cuando tienes buenos abogados, logras cosas. Digo lo mismo de los futbolistas que se han llevado parte de sus ingresos a paraísos fiscales. Al final todo se queda en una multa muy fuerte pero que para ellos no es nada.

La política y los políticos

Fue director general de Promoción Cultural de la Junta entre 1994 y 1996.

En política conocí un mundo fascinante del que no entendía absolutamente nada. Era otra galaxia, un universo paralelo. Se viven cosas que no tienen nada que ver con la realidad.

¿Como qué?

Como que yo he podido organizar muchas más cosas culturales desde fuera de la política que desde dentro. Llegabas por la mañana y te llamaba el alcalde de un pueblo o un concejal u otro político y todo se enredaba. No había manera de avanzar: cualquier cosa te costaba un mundo. Aparte de que los presupuestos ya estaban vendidos. Me costó un mundo poder reabrir el Teatro Central.

¿No volvería nunca a la política?

Nunca. Estar allí me sirvió para darme cuenta de la utopía en la que yo estaba: que lo bueno era no ser político para poder hacer política. Eso es como pensar que en el mundo todos somos hermanos. Desde que se despierta por la mañana, el político está pensando en lo que le interesa: su mecanismo de poder y de control.

Póngame un ejemplo.

En esa época intenté abrir un teatro en Úbeda pero la consigna era abrirlo antes en Baeza. O tal vez fuera al revés. Yo me fijé en qué pueblo tenía más habitantes, pero resulta que no.

¿Era más importante quién gobernaba en ese Ayuntamiento?

Sí. Y no era un caso excepcional. Aunque esto pasa con todos los partidos.

Eso se llama clientelismo político.

Y es la base del sistema. El sistema se basa en que el poder crea una gran ambición en las personas porque el poder da placer: y para lograrlo el político necesita un sistema que le apoye y que poco tiene que ver con las necesidades generales. Un universo paralelo.

¿Ese clientelismo no es lo que ha impedido el progreso económico en Andalucía?

A bote pronto, le diría que sí, pero si me pongo a pensar me surgen mis dudas. A veces la ambición local hace que funcione la maquinaria.

Pero no en función del interés general sino de un grupo de intereses particulares o de un partido político.

Todo el tema de los EREs, por ejemplo, revela que la Sierra Norte de Sevilla se ha visto favorecida especialmente. Muchas de las cosas que allí se han hecho pha sido por el rollo clientelista, esto es claro, pero puede que de otro modo no se hubieran hecho.

¿Cree que la corrupción forma parte inevitable del sistema?

Está ahí. Pero la no acción es peor.

¿Pero no se puede aspirar a un sistema sin corrupción que sea efectivo en el reparto de fondos públicos?

Estamos hablando de la realidad, no de un sueño ni de una utopía.

¿Los políticos son una «casta»?

Esa palabra tiene reminiscencias egipcias e indias. Si por casta se entiende un grupo de poder que no tienen en cuenta las reglas del juego y de comportamiento, yo creo que sí. Pero creo que en España funciona más como lobby que como casta, cosa que no está aquí autorizado, pero sí en EE.UU. y otros países europeos.

Y los profesores universitarios, de los que usted forma parte, ¿no son también una casta?

Sin duda. Los fundadores de Podemos, que rescataron este término, son profesores universitarios y ellos también son una casta. Antes el catedrático era Dios y ahora hay tantos que ya el Dios es el departamento, que también se divide por castas, si eres titular, contratado o asociado.

¿Hay endogamia en la universidad?

Muchísima, cada vez más. Cada vez hay más hijos de catedráticos y profesores en los departamentos. No les quito méritos pero esto es así. Y luego hay una endogamia ideológica.

¿De «progres» y «carcas»?

No. Cuando entras en la Universidad tienes que elegir bien a tu jefe de grupo si quieres hacer carrera, tu tesis doctoral. y luego tu plaza de profesor. Es evidente que cada vez depuras menos y los profesores funcionan por apellidos.

Usted está dentro del sistema. Ha sido profesor titular de la Universidad durante muchos años.

Sí. Lo he visto y lo he sufrido y muchas veces me he tenido que buscar la vida dentro de otros grupos para poder salir adelante. Antes si tu padre era catedrático no había agobio para que tú fueras profesor; ahora todo se ha complicado porque hay mucho menos trabajo en los departamentos. Hay menos plazas y el nivel es más competitivo.

Se acaba de desconvocar una huelga de ayudantes doctores y profesores interinos en contra de la precarización laboral.

La precarización forma parte del sistema, no sólo de la Universidad. Si Carlos Marx viviera hoy, no diría que la religión es el opio del pueblo sino la precariedad y el miedo. Sin esta precariedad no habría tanta docilidad y a los que no tienen trabajo el Estado les paga su silencio con subsidios.

Alfonso Lazo decía en una entrevista con ABC que los rectores andaluces son muy políticos y que su aspiración es ser consejeros de la Junta. ¿Está de acuerdo?

El cargo de rector antes tenía mucho prestigio pero ahora se ha convertido en un trampolín para otras cosas. Aunque esto de ser consejero es una triste aspiración porque los políticos de la Junta tienen ahora muy poca categoría profesional. Supongo que aspirarán más a ser secretario de Estado o ministro. Ahora se está quedando en la universidad la gente que no puede llegar a una empresa privada para ganar dinero. Los que son buenos ahora se van de la Universidad. Y la política se ha desprestigiado tanto que es difícil encontrar gente buena y preparada que quiera meterse en eso.