UNIVERSIDAD

Garanzini: «Las universidades públicas no parecen interesadas en hacer cosas nuevas»

El secretario de Educación de la Compañía de Jesús y ex presidente de la Universidad Loyola de Chicago cree que hacía falta una en Andalucía «para captar talento y formar líderes con valores»

Michael Garanzini
Michael Garanzini - ABC
JESÚS ÁLVAREZ Sevilla - Actualizado: Guardado en: Actualidad

Michael Garanzini (San Luis, Missuri, 1948) fue presidente de la Loyola University of Chicago durante 16 años y es actualmente el máximo responsable internacional de la red de las universidades jesuitas. Viaja por el mundo casi tanto como el Papa, al que conoce y visita con asiduidad en Roma.

Usted dirigió e hizo crecer la Loyola University of Chicago hasta los 16.000 alumnos. ¿cómo lo consiguió?

Esta universidad tiene casi 150 años de vida y lo hemos logrado casi uno a uno. Los antiguos alumnos nos ayudaron mucho a crecer porque muchos de ellos han sido líderes en política, medicina, educación o comunicación. Espero que de aquí a 25 años también seremos muy influyentes en Andalucía.

¿Los egresados de las universidades jesuitas devuelven luego a la sociedad parte de lo que han recibido?

En cualquier ciudad del mundo con una Universidad Loyola hay antiguos alumnos que sirven a la sociedad en distintos puestos de responsabilidad. Pero al mismo tiempo ellos sirven con sus familias a la sociedad con tiempo, talento y dinero, atrayendo más talento.

Usted ha sido uno de los promotores de la Universidad Loyola de Andalucía. ¿Por qué cree que hacía falta en esta región?

Creo que las universidades públicas están un poco paralizadas en Andalucía con formas antiguas de hacer las cosas. Me da la impresión de que no están demasiado interesados en cosas nuevas. En la Compañía de Jesús tenemos hambre de competitividad y de hacer las cosas mejor que ellos. La segunda razón es que Andalucía, una región que amamos profundamente, necesita líderes en todos lo campos y pensamos que se necesitan mejores universidades para retener el gran talento que hay aquí y que se estaba yendo fuera.

La Loyola se define como una universidad con valores. ¿Cuáles son esos valores?

En otras universidades te dicen que tienes que hacer dinero, tener éxito. Nosotros queremos que nuestros alumnos tengan éxito y les vaya bien pero ponemos más énfasis en el servicio a los demás, a toda la sociedad. Nosotros intentamos abrir la mente de nuestros alumnos para que vean que aparte de su iglesia, su ciudad y su nación, son ciudadanos del mundo. El mundo es donde ellos tienen que construir su futuro. El cuidado del medio ambiente y del planeta donde vivimos es también un valor muy importante para nosotros.

¿Esos valores no los tienen las universidades públicas?

Es muy difícil para las universidades públicas adoptar estos valores porque dependen de los políticos y de los gobiernos. Nosotros podemos hacerlo porque no tenemos que responder ante ellos. Podemos decir lo que pensamos.

¿Cree que en Andalucía se produce esta dependencia política más que en otros lugares?

Se da en muchos lugares pero ahora pienso en Cataluña, donde se está viendo cómo las universidades contribuyen a crear una identidad disgregadora en vez de contribuir a la unidad. Los político están locos y o termino de entender cómo predican separarse cuando España lo que necesita más unidad. Y Europa necesita más unidad entre los distintos estados para estar en un mundo global.

¿Se puede combatir desde la educación ese odio a los español que se ha inculcado en las aulas de Cataluña?

Si los líderes de la educación se fijaran más en las cosas que nos unen que en las que nos dividen, como religión o regionalismos. esto no habría ocurrido. Las políticas de identidad no tienen futuro. El futuro está en la unidad y en lo global. Todo lo contrario de lo que dicen los gobernantes catalanes.

¿La preparación de líderes les plantea dilemas morales?

El dilema al que nos enfrentamos es que nuestra obligación es preparar líderes que sirvan a la sociedad y al mismo tiempo nos acusan de elitistas. Pero nuestros alumnos llegan a ser una élite porque son líderes. Y necesitamos líderes con valores. Esa es nuestra misión educativa.

¿Cree que hay muchos prejuicios sobre las universidades Loyola?

Sí, pero hay mucha gente talentosa y nuestra labor es captar y formar al talento de cualquier clase. La razón de existencia de nuestra universidad es ésa: hacer aflorar ese talento.

Ninguna universidad española está entre las 200 mejores del mundo y la de Sevilla no está ni entre las 400, según los principales rankings académicos internacionales, ¿a qué lo atribuye?

Los rankings están basados en dos cosas: la investigación y sus antiguos alumnos. No hay ningún ranking que refleje el cuidado de esta universidad sobre sus estudiantes. Las universidades españolas no pueden estar en los rankings internacionales porque están basados en el modelo anglosajón. El modelo universitario español es bueno y eficaz según su coste, que es muy barato comparado con el de las anglosajonas, incluso francesas o alemanas.

El claustro de la Loyola tiene profesores de casi veinte nacionalidades. Eso no se da en las públicas, por ejemplo, en la de Sevilla.

Nuestra seña de identidad es la internacionalización. Queremos que nuestros estudiantes se den cuenta de que el mundo es global, que conozcan otras culturas y otros costumbres

La endogamia no es ningún problema en sus universidades.

No, no lo es.

En Loyola hablan de superar una «internacionalización superficial» y ser «cosmopolitas». ¿A qué se refieren?

En nuestras universidades intentamos traer a alumnos de todo el mundo. Queremos que conozcan otras culturas, otras costumbres. Que tengan experiencias globales. Pero también nuestros profesores son de todo el mundo y, aun más importante, están conectados con todas las universidades. Si hacen una investigación, saben lo que se está haciendo en el resto del mundo a ese respecto. Eso es una universidad cosmopolita.

La globalización ha traído muchas cosas buenas pero también algunas malas. ¿Se puede intentar corregir esos efectos negativos?

La globalización nos sobrepasa. Los problemas son enormes y no son fáciles de resolver. Ahora vemos que en EE.UU. India, Venezuela, Filipinas y en otros muchos sitios la gente mira a líderes populistas que se preocupan sólo de lo suyo. Esto es negativo y muy peligroso.

También muchas personas recelan de los avances tecnológicos. Los robots pueden destruir muchos puestos de trabajo. ¿Hay alguna manera de evitarlo

Creo que el trabajo tiene que tener un significado para la persona, aparte de ser productivo. En muchos lugares como Andalucía hay mucha gente joven que está parada y no le encuentra sentido al trabajo que va a hacer en el futuro. El reto está en pensar si la tecnología es una oportunidad para desarrollarse o para destruir puestos de trabajo. Nunca ha sido tan fácil como ahora crear una empresa internacional y llegar a todo el mundo, pero la tecnología va a eliminar puestos de trabajo. Los gobiernos y la educación serán muy importantes para que haya un equilibrio entre lo bueno y lo malo.

Los jesuitas siempre fueron la vanguardia intelectual, científica y cultural de la Iglesia Católica. ¿Lo siguen siendo?

Sí. Los jesuitas nos hemos centrado ahora en los grandes problemas como la reconciliación entre las personas y en los procesos de paz. El último caso es el de Colombia, donde acaba de estar el Papa. En Europa no tenemos un plan para África. Ellos no quieren venir para acá pero no tienen más remedio.

El terrorismo yihadista está creando una fractura religiosa y de convivencia en Europa.

El problema de Europa es el Oriente Próximo pero luchar contra el Islam es un batalla equivocada.

El diálogo interreligioso es uno de los valores sobre los que se fundó la Compañía de Jesús. ¿Se puede reconducir este conflicto?

El yihadismo es un movimiento político, no religioso, que ha tomado el Islam como excusa. Estamos intentando dialogar con el Islam, pero no hay un interlocutor claro. Tenemos a jesuitas trabajando en eso y hay un proyecto muy interesante en la Facultad de Teología de Granada. España es el único lugar donde convivieron muchos años juntos y en paz el cristianismo, el judaísmo y el islam.

¿Qué supone para la Compañía de Jesús que el Papa sea jesuita?

Nosotros lo entendemos pero hay mucha gente en la Iglesia que no entiende al Papa, especialmente los obispos. A la gente le gusta. Es una brisa de aire fresco.

¿Los jesuitas conectan con la gente tan bien como el Papa?

El Papa es único, Tiene mucha energía e inteligencia emocional. Goza de gran intuición y es muy transparente. Tampoco sabe disimular. La única foto en la que se le ve enfadado desde que lo eligieron es una con Trump. Es muy significativo.

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