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El efímero pabellón de la Expo que catapultó a su arquitecto

Tadao Ando, leyenda de la arquitectura mundial, confiesa que el edificio de Japón en Sevilla le abrió todas las puertas

El Pabellón de Japón en la Expo92
El Pabellón de Japón en la Expo92 - ABC
JAVIER RUBIO Sevilla - Actualizado: Guardado en: Actualidad

Ni siquiera existe una astilla que lo recuerde. Los japoneses se tomaron en serio el carácter efímero de su participación en la Expo92 de Sevilla, que acabado el certamen, desmontaron viga a viga el pabellón nacional que habían levantado al final de la avenida 5 para asombro de los millones de visitantes que lo habían admirado durante los seis meses de la exposición universal y se lo llevaron. Nunca más volvió a ensamblarse aquel mecano de madera que Tadao Ando había proyectado como emblema del país del Sol Naciente, entonces en la cumbre de su hegemonía tecnológica y económica.

Tadeo Ando
Tadeo Ando- EFE

El pabellón en sí era una obra maestra que se anunciaba como la construcción de madera más grande del mundo sin tornillos ni clavos, sólo ensamblaje machihembrado siguiendo la tradición de los antiguos palacios de los shogunes nipones. Lo cierto es que su silueta inconfundible y su inagotable cola al pie de la escalera mecánica que conducía directamente al interior del pabellón como si se tratara de un puente entre el Lejano Oriente y la península más occidental de Europa lo convirtieron en uno de los edificios más populares de la muestra universal: fue el primero que alcanzó los cuatro millones de visitas, por ejemplo. También uno de los más valiosos desde el punto de vista arquitectónico con sus 5.660 metros construidos.

Lo que desconocíamos hasta ahora era el impacto que ese proyecto tuvo en la obra de su arquitecto, Tadao Ando, ya entonces con suficiente reconocimiento internacional. Veinticinco años después, ya en el olimpo de la arquitectura que da haber recibido el premio Pritzker (algo así como el Nobel de los arquitectos) en 1995 o haber ingresado en 2005 en la Orden de las Artes y las Letras francesa, Ando (Osaka, 13 de septiembre de 1941) repasa en una entrevista con la agencia Efe por correo electrónico su trayectoria artística a punto de cumplir los 75 años de edad.

Gran desafío

«Tengo la obra de Sevilla muy arraigada en el corazón. Para mí fue un gran desafío construir un gigantesco pabellón de 30 metros de altura de madera, y además en España, cuya base cultural está en la construcción de piedra. Sobre un trabajo siempre planea el fracaso, pero si uno tiene miedo al fracaso nunca puede plantearse desafíos», evoca en la entrevista que firma Andrés Sánchez Braun desde Tokio.

Aquel espectacular pabellón catapultó a Tadao Ando, quien había sido boxeador profesional antes que arquitecto autodidacta y que había tenido que sobrevivir con muy pocos encargos en la época de la treintena. Cuando proyectó el pabellón de Sevilla, Ando rondaba la cincuentena y ya había destacado con su casa Azuma, levantada en 1976 el barrio de Sumiyoshi en Osaka «que ya condensa ese estilo suyo tan propio que liga hormigón, luz, agua y aire con una sencillez que se antoja casi primitiva».

Sencillez conceptual

Esa sencillez conceptual, unida al uso de la madera, fue lo que también deslumbró de su pabellón de la Expo92. En la entrevista con la agencia de noticias Efe, Ando revela que aquel imponente edificio de la Cartuja llamó la atención de Luciano Benetton, para quien acabaría restaurando y ampliando en 2000 la villa de Treviso que aloja el Fabrica Research Center.

Ando reconoce que, a su vez, aquel trabajo le condujo a proyectos como la rehabilitación y transformación del museo de Punta della Dogana en Venecia, financiada por el coleccionista francés François Pinault, con quien trabaja también ahora para la recuperación de la Bourse de Commerçe parisiense, que debería inaugurarse como museo en 2018. De aquel pabellón, sólo queda ya la evocación de su autor.

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