Patrimonio

El cuadro franciscano que vuelve a Sevilla tras cien años en Alemania

La obra ha sido donada a la Academia de Santa Isabel de Hungría por Klaus Grisebach, cuyo abuelo lo compró en Sevilla

Los Grisebach, el padre García Gutiérrez, Isabel de León y Gómez Piñol - Vanessa Gómez
AURORA FLÓREZ Sevilla - Actualizado: Guardado en: Actualidad

Un gran lienzo del siglo XVIII sobre la vida de San Francisco viajó de Sevilla a Alemania hace casi cien años cuando Helmuth Grisebach, estudiante de Arquitectura, lo adquirió en 1907 con la sospecha de que pudiera tratarse de un murillo. El cuadro, que representa a San Francisco recibiendo la aprobación de las reglas de su orden por el Papa Honorio III, ha permanecido en manos de la familia Grisebach hasta que un descendiente del aquel aficionado al arte decidió que la obra regresara a Sevilla, donde podría ser investigada por expertos.

Desde ayer cuelga de una de las paredes de la capilla de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, institución a la que ha sido donado este cuadro, cuya autoría, según Emilio Gómez Piñol, catedrático emérito de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, apunta al pintor barroco de la escuela sevillana Matías de Arteaga, tal y como desarrolló en una intervención en la que fue hilando características que pudieran ser comunes a esta obra que, en su zona derecha, está muy dañada. Gómez Piñol, que alabó «la afición y tenacidad» de Grisebach por «el estudio del cuadro», buscó correspondencias con otras obras de Arteaga y con la escenografía propia de los autores de aquel tiempo, a la vez que aseguró que la obra seguirá siendo investigada en la Academia de Santa Isabel de Hungría.

El abogado Klaus Grisebach, animado decisivamente por su mujer, Christine Buhr, había escrito y enviado fotografías al Arzobispado expresando su intención de donar a Sevilla el cuadro. Nadie mejor que el delegado diocesano de Patrimonio Cultural, el jesuita Fernando García Gutiérrez, para valorar y encauzar la generosa iniciativa. Dado que el primordial deseo del matrimonio Grisebach era que la obra fuera estudiada por expertos, el padre García Gutiérrez animó a que lo donaran a la Academia, entre cuyos miembros se hallan grandes profesionales de la Historia del Arte, encabezados por Gómez Piñol. Igualmente se pensó que el lugar más idóneo para el lienzo era la capilla de la Casa de los Pinelo, antiguo dormitorio del palacio del siglo XVI, en el que, según la tradición, nació San Juan de Ribera, hijo del I duque de Alcalá, Per Afán de Ribera, y de Teresa Pinelo.

Aunque el cuadro había llegado previamente a Sevilla, y ya ha sido sometido a un tratamiento de limpieza en la sede académica, ayer se oficializó la donación ante la presidenta de la Academia, Isabel de León, marquesa de Méritos, en una sesión en la que intervinieron el padre García Gutiérrez, Gómez Piñol y el propio Klaus Grisebach, quien agradeció las gestiones realizadas en Sevilla para la vuelta del cuadro y se refirió al cariño que su familia ha tenido a esta obra, empezando por su abuelo, «entusiasta coleccionista de arte español», que cuidó el cuadro «durante más de sesenta años convencido de que procedía de un gran pintor: Murillo, como le había dicho un restaurador en Sevilla». «Mi padre mantuvo otros treinta años la esperanza de que fuera de Murillo y yo me he criado con la leyenda de que había un murillo en el patrimonio de la familia. Conviví con el cuadro en mi despacho de abogado, nos hicimos amigos pero no llegó el amor sino la curiosidad», que fue el impulso para que Klaus Grisebach se sumergiera en la investigación sobre franciscanos, coleccionistas, barroco sevillano y todo cuanto pudiera aclarar la autoría. Finalmente tuvo la idea de dejarlo en herencia a Sevilla a su muerte, pero su esposa lo convenció de la conveniencia de que lo donara en vida para que estudiosos e investigadores pudieran ahondar en la historia de este lienzo que viajó a Alemania enrrollado y ennegrecido. «Ha vuelto a casa y esto me hace feliz», dijo Grisebach.

Isabel de León, que firmó la recepción de la obra, afirmó que «la grandeza de corazón de los señores Grisebach, que pensaron que este cuadro de tema franciscano debía volver a Sevilla, donde sería sinceramente apreciado y estudiado por los expertos en pintura que hay en nuestra Academia».

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