SEVILLA

«La chica del tren» no lee en el metro

Maratón de lectura del libro de Paula Hawkins en la estación de San Bernardo

«La chica del tren» no lee en el metro

«Cathy y yo éramos amigas desde la Universidad». Con esa frase del libro «La chica del tren», de Paula Hawkins, María del Carmen, una usuaria del metro que se confiesa lectora de libros de dramas como «A tres metros sobre el cielo», de Federico Moccia, ha empezado su participación en el maratón de lectura de esta obra organizado por editorial Planeta y la concesionaria de la línea 1, Metro de Sevilla, en la estación de San Bernardo para fomentar la lectura en este transporte.

La iniciativa se puso en marcha el pasado 23 de abril en el metro de Barcelona aprovechando que el título del libro, que, desde que se publicó en junio de 2015 ha vendido más de 15 millones de ejemplares en todo el mundo, un millón de ellos en lengua castellana y de ellos 500.000 en España, daba juego a hacer iniciativas en torno al libro y el transporte. El éxito de la obra ha hecho que se lleve al cine. La editorial ha aprovechado el próximo estreno de la película para poner en marcha este maratón de lectura, una iniciativa que es la primera vez que se lleva a cabo en el metro de Sevilla y que se realiza también hoy en el de Bilbao.

El maratón se desarrolla en dos turnos, de 11.00 a 14.00 horas y de 17.00 a 20.00 horas en la estación de San Bernardo. Se ha montado una especie de escenario con el cartel de la película y un atril y los responsables de la organización, a la vez que regalan tarjeteros han ido invitando a los usuarios del metro a leer parte del libro a cambio de recibir otro libro de regalo.

A algunos las prisas le han impedido participar, pero la iniciativa ha tenido éxito. En los primeros cuarenta y cinco minutos del maratón han partipado en él más de treinta personas, entre ellos muchos amantes de la lectura, como María José que, confiesa, le gusta leer no libros de fantasía sino relacionados con la vida, con cosas que puedan pasar realmente. Acaba de terminar «La fuente de oro», de Juan Pedro Cosano, y está leyendo, precisamente, «La chica del tren». Ella misma puede sentirse como la protagonista porque aunque trabaja en Sevilla es de Cádiz y todos los fines de semana usa el tren para ir a su tierra y volver y buena parte del trayecto lo hace leyendo. «Es una hora y cuarto y te da tiempo. Además leyendo te desconectas de lo que llevas en la cabeza».

Alberto, un abogado que utiliza el metro como medio de transporte para ir y venir de los juzgados, también se animó a participar en el maratón de lectura de un libro que, confiesa, no conocía. A él , señala, le van más los ensayos como «De la ciencia a la serpiente», donde se utilizan los conocimientos genéticos para explicar la biblia. Como va en el metro por tema de trabajo y siempre va con prisas, asegura que no suele leer en el metro.

Como Alberto hay muchos. En el trayecto entre la estación de San Bernardo y la de Parque de Los Príncipes, a media mañana de hoy no leía nadie un libro. Algunos que habían participado en el maratón lo llevaban encima pero la mayoría de los usuarios estaban con la vista pendiente de sus teléfonos móviles. Ni siquiera había libros electrónicos. Será que, por las características de la línea y de la propia ciudad, las distancias son cortas y no hay recorridos largos que animen a sumergirse en la magia de un libro, pero aquí la chica del tren no lee en el metro.

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