TRIBUNALES

El catedrático condenado tuvo la «cooperación» de otros docentes para aislar a las víctimas

Varios profesores declararon a favor de Santiago Romero, atribuyendo la denuncia a una guerra interna de departamento

Vídeo: La Universidad de Sevilla expulsa al catedratico condenado por abusos sexuales - ATLAS
SILVIA TUBIO - @latubio Sevilla - Actualizado: Guardado en: Actualidad

La Universidad de Sevilla ha suspendido «de toda actividad» al catedrático Santiago Romero Granados, condenado por abusos sexuales. Entre las medidas que recoge la sanción cautelar, mientras se resuelve el expediente disciplinario, está la prohibición a entrar en la facultad donde ocurrieron los hechos.

Los medios de comunicación tenían ayer acceso al contenido íntegro del fallo judicial que condena a siete años y nueve meses de cárcel al catedrático por tres delitos continuados de abusos sexuales y uno de lesiones que cometió sobre dos profesoras y una becaria de la Facultad de Ciencias de la Educación. Hasta ayer Romero Granados impartía clases en ese centro.

A través de la lectura de las 72 páginas de la extensa sentencia, que va a ser recurrida por la defensa, se conocen detalles de un procedimiento que ha tardado cinco años en juzgarse y del que apenas han trascendido detalles salvo cuando estalló el escándalo con la denuncia de las profesoras en 2011. Fue el juzgado de Instrucción 4 el que abrió diligencias a raíz de un escrito elevado por los servicios jurídicos de la Universidad de Sevilla. A pesar de esa denuncia, la institución académica ha sido también condenada como responsable civil subsidiaria al pago de las indemnizaciones, que suman una cantidad de 110.000 euros.

Durante la vista oral que se celebró en cinco sesiones entre los meses de marzo y abril, quedó patente que existe una división profunda en el departamento de Educación Física donde trabajaban las denunciantes. En ese clima de trabajo, el juez del Penal 2 de Sevilla culpa a Santiago Romero de hacer «una ostentación de su poder académico», dirigiendo la facultad y el departamento a su antojo y «aquellos que no accedían a sus pretensiones podían tener problemas para mantener sus plazas». El catedrático contaba para ello con la «cooperación» de otros miembros del personal docente y PAS de la facultad, aislando a aquellos que no seguían sus instrucciones. Entre los repudiados estarían las tres mujeres que denunciaron a Santiago Romero.

Varios docentes firmaron un manifiesto a favor del procesado que elevaron a la Consejería de Igualdad en 2011

La defensa del catedrático centró su estrategia en acusar a las víctimas y a dos compañeros, que declararon a favor de las profesoras, de usar la denuncia en una guerra interna desatada en el seno del departamento. El catedrático contó además con los testimonios de varios profesores, como el director del departamento o la que fue vicedecana de la facultad durante el mandato de Santiago Romero, que defendieron al condenado y no ahorraron en calificativos elogiosos a la hora de describir el trato que les dispensaba su jefe. Esos profesores firmaron en 2011 un manifiesto de apoyo que remitieron a la Consejería de Igualdad.

Testimonios «manifiestamente parciales»

Sobre estos testimonios, el juez les resta importancia porque son «manifiestamente parciales y ofrecidos con la voluntad de crear una imagen intencionadamente positiva». Si bien no los considera deliberadamente falsos, porque en ese caso se vería obligado a deducir testimonio. En cualquier caso, hace suyo el planteamiento de la Fiscalía en cuanto a que «no se enjuicia ni la personalidad ni la manera de ser del acusado» sino si cometió los hechos denunciados por las víctimas.

Sobre el perfil bondadoso que dibujaron los colegas del condenado en el juicio y que lo hacían incompatible con el perfil de abusador, el juez despacha el debate: «La historia muestra cómo ha habido casos de personas que han cometido crímenes execrables al tiempo que mantenían una apariencia no de absoluta normalidad, sino por encima de la media en cuanto a civismo, amabilidad, generosidad..».

Las primeras quejas de las profesoras no fueron atendidas y sólo recibieron el consejo de que no «se quedaran a solas con él»

Desde mediados de 2006 y hasta 2010, Santiago Romero «realizó diversos tocamientos inconsentidos» a las tres víctimas. «Lejos de sentir alguna clase de arrepentimiento, cuando de algún modo asume que las denunciantes ni van a aceptar sus requerimientos sexuales ni se someten a sus dictados en el ámbito docente, opta por emplear la descalificación e incluso la represalia como mecanismo para intentar quitarse de en medio a las mismas», sentencia el juez.

De las tres víctimas, una abandonó la carrera docente y las otras dos tuvieron que marcharse para leer sus tesis fuera de la Universidad de Sevilla.

Sobre la actuación que tuvo la universidad en el caso, el juez recuerda que el simple hecho de que el profesor sea un funcionario de su plantilla justifica la condena, pero además reprocha que nadie prestara atención a las primeras quejas de las víctimas que acudieron al director del departamento. Éste les recomendó tan sólo que nunca se quedaran solas con el condenado pero no denunció lo que estaba ocurriendo.

Toda la actualidad en portada
publicidad

comentarios