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La Cartuja: de gran hito a escenario tétrico

En la Isla quedan muchos elementos de aquella Expo’92 que asombró al mundo y que siguen asombrando ahora por su dejadez

El canal de la Expo y al fondo el cohete Ariane, imagen del abandono
El canal de la Expo y al fondo el cohete Ariane, imagen del abandono - J.M. Serrano
M.D. Alvarado Sevilla - Actualizado: Guardado en: Actualidad

Si pasea por el puente que va desde Isla Mágica a la avenida Marie Curie y mira hacia la izquierda, la visión puede trasladarle a un escenario de ciencia ficción. La alta vegetación que cubre el antiguo canal de la Expo, las yerbas que inundan un paseo por el que no se ve un alma, la estructura de las escaleras de acceso mohosas y, al fondo, la imagen del olvidado cohete Ariane, recuerdan aquella mítica escena de «El planeta de los simios» en la que Charlton Heston cae rendido de rabia al ver la estatua de la libertad, símbolo de su país, EE.UU., hundida en la arena. Y es que un paseo por la Cartuja es como adentrarse en el escenario de una película de miedo, porque aunque es cierto que es palpable lo mucho que se ha transformado la isla en la que hace 24 años se celebraba la Exposición Universal con la implantación de decenas de empresas, también se aprecia cómo muchos de aquellos elementos que un día ayudaron a dar la mejor imagen de Sevilla y España están, tras años de abandono, en una situación que da pena e indigna y que, en algunos casos, puede llegar a ser hasta peligrosa y eso a apenas ocho meses de que vaya a celebrarse el XXV aniversario de la Exposición Universal.

Dentro de esa conmemoración se ha incluido como uno de los grandes logros la rehabilitación, al menos en parte, de uno de los edificios construidos para permanecer tras la muestra, el Pabellón del Futuro. Su reapertura no llegará a tiempo para los fastos, si es que hay, del XXVaniversario, porque las obras terminarán a finales de 2017, pero nada se sabe de cuando abrirá allí sus puertas el Archivo General de la Junta de Andalucía que, además, sólo ocupará uno de los edificios, el otro aún no tiene ni proyecto de reforma.

La actuación en este edificio debería fijar la atención sobre el abandonado canal de la Expo, vaciado al poco tiempo de clausurarse la muestra y cuyo uso se ha visto envuelto en más de un rifirrafe entre administraciones. Incluido inicialmente en el terreno que formó parte de Isla Mágica cuando el parque temático aún pensaba en su ampliación, pasó a manos de Agesa, la entidad gestora de los activos de la Expo, que logró en 2007 que el Ayuntamiento le permitiera construir allí un edificio de dos o tres plantas con 21.000 metros cuadrados de edificabilidad a cambio de la construcción de una nueva pasarela, proyectos ambos de los que nunca más se supo, al igual que de la idea de ubicar allí una zona para aparcamientos de los que tan necesitada está la Cartuja.

El canal transmite una imagen terrible del legado de la Expo no sólo por sí, sino también por las escaleras de acceso al que en su día fue un paseo, abandonadas y llenas de moho, pero también porque a un lado y otro se sitúan espacios emblemáticos hoy abandonados; los jardines del Guadalquivir y la antigua estación del telecabina. En el primero, el vandalismo se ha aliado con el olvido y se ha convertido en un espacio por el que los pocos sevillanos que se acuerdan de él, escondido como está tras las vallas y el antiguo pabellón del COI convertido en discoteca, se atreven a pasear. En el caso de la estación del telecabina, su estructura, a la que una simple valla y bandas de plástico la acordonan para intentar evitar el paso y quién sabe si posibles robos, presenta una imagen deplorable, con hierros mohosos, piezas rotas y espacios que sirven para la acumulación de basura y, en algunos momentos, cuando hay menos restos acumulados, para que algunos sin techo pasen allí las noches.

El muestrario del abandono continúa en un pavimento destrozado en muchas vías, sobre todo en aquellas que no están dentro del parque tecnológico en el que en los últimos años se han hecho verdaderos esfuerzos de reurbanización, y también en algunas de las piezas del mobiliario urbano cuyo diseño impresionó, con aquellas farolas-velas y aquellas otras como racimos rotas o tan oscuras por los años de suciedad acumulada que su luz, cuando da, es bien mortecina. La situacion es tal que el propio Ayuntamiento ha anunciado un proyecto para mejorar la iluminación de la isla y la reurbanización de la avenida Marie Curie.

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