Reyes Bernabé delante del hospital Virgen del Rocío de Sevilla
Reyes Bernabé delante del hospital Virgen del Rocío de Sevilla - M.J.LÓPEZ OLMEDO
ENTREVISTA

«Antes pensaba que lo peor era un cáncer infantil, pero lo supera el de una madre con niños pequeños»

La oncóloga Reyes Bernabé, una de las más punteras de Andalucía, reconoce que se «moriría de angustia» en su trabajo si no viera a tantos pacientes curarse

SEVILLAActualizado:

Reyes Bernabé (La Línea, 1970) es una de las oncólogas más reconocidas de Andalucía. Master en Oncología Molecular e investigadora del cáncer de pulmón, es jefa de Sección de Oncología del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. Compartió conocimientos y experiencias durante un año en el Instituto de Oncología de Manchester, ha participado en numerosos ensayos internacionales que han servido para alumbrar nuevos fármacos y tratamientos, y preside la Sociedad Andaluza de Oncología

¿Siempre quiso ser oncóloga?

Yo siempre quise ser médico tras comprender que no iba a ser posible mi plan infantil de poner una churrería en el patio de mi casa. Soy el único médico de mi familia y cuando acabé la carrera un compañero me dijo por qué no hacía Oncología. «¿Oncología, por Dios, qué dices?», le dije. En esa época ni siquiera se estudiaba oncología en la carrera. A mí me gustaba mucho la medicina interna y este compañero me dijo que en oncología trataría a pacientes, que es lo que yo quería, pero que también tenía una parte de investigación muy bonita. El día que escogí aún tenía dudas entre Medicina Interna y Oncología.

¿Y qué le dijeron sus amigos cuando les comunicó que había escogido Oncología?

Que esa decisión se debía al golpe en la cabeza que me había dado. Es que el día que tenía que elegir la especialidad tuve un accidente de moto. Nada grave pero me di un buen golpe. Tuve que pedir el alta voluntaria para ir a la Facultad a elegir la especialidad

¿Y no se ha arrepentido nunca de esa decisión?

No, nunca. La ventaja y la pesadilla de la Oncología es que siempre hay algo nuevo, es una especialidad donde ves que tu trabajo progresa y tu esfuerzo rinde porque cada año cambia casi todo. Y no se puede dejar de estudiar.

¿No siente mucha impotencia cuando ve que no puede curar a alguien?

Sí, pero ese es mi día a día y nosotros, los oncólogos, nos reforzamos en los que pacientes que salvamos. A los que no podemos salvar, intentamos por todos los medios que vivan el mayor tiempo posible con la mayor calidad de vida. Tenemos una unidad de atención domiciliaria para que puedan pasar sus últimos meses en casa.

¿Qué siente cuando llega a su consulta una persona joven?

Es más complicado porque el paciente no entiende por qué tiene un cáncer y hay que explicarle que no todos los tumores se dan en fumadores o a partir de cierta edad. También que no todos los tumores son iguales, que unos se tratan con quimioterapia y otros con tratamientos orales, que unos se pueden operar y otros no.

En estos veinte años habrá tenido casos muy duros.

Muchos, pero ha ido cambiando mi forma de pensar. Yo antes pensaba que el peor era el cáncer infantil. Pero siendo terrible, he ido viendo que un niño sufre mucho menos que sus padres porque no tiene el concepto de la gravedad de su enfermedad ni el miedo a la muerte. Luego he ido comprobando que los peores casos, los más duros, se dan entre 30 y 50 años, cuando normalmente hay niños pequeños que dependen de esas personas. Saber que si a ti te pasa algo tus hijos pequeños se quedarán desprotegidos, afecta muchísimo. Ese paciente tiene una angustia añadida a su problema de salud y es el más complicado que tengo en la consulta.

A veces le darán ganas de llorar.

Llegas muy mal a casa, con un gran pellizco en el estómago, cuando ves que no hay solución, pero hay veces que sales feliz de la consulta cuando le das el alta a un paciente, después de cinco años.

¿Es posible inmunizarse contra las desgracias ajenas para poder seguir trabajando?

No es inmunizarse sino pensar que en vez de llorar por este señor que tiene esto voy a ver qué puedo hacer por él. Entonces buscas un nuevo fármaco o un nuevo ensayo por si con él se puede curar o alargar su vida. Sobre todo, porque acabas empatizando con los pacientes, aunque no tengan tu edad o mucho que ver contigo. Los vas conociendo y sus aficiones porque los ves durante un largo tiempo cada 15 ó 20 días y todos los días no vas a hablar del hemograma. Si no fuera así, te morirías de angustia.

Hay enfermos, además, que lo pasan muy mal económicamente. Aunque superes el cáncer, la enfermedad puede arruinar tu economía.

Sí. Si es autónomo y sus ingresos son los únicos que entran en su familia, el problema económico es muy serio, porque los tratamientos del cáncer, aunque vayan bien, son muy largos. He tenido a camioneros que se quedaron sin dinero para seguir manteniendo a sus familias. En esos casos, avisamos a los servicios sociales para que les ayuden. Hay profesiones que sí, pero hay otras que no se pueden compatibilizar con un tratamiento oncológico.

Urgencias

Dos pacientes murieron hace poco en salas de urgencias de dos hospitales públicos andaluces mientras esperaban ser atendidos. ¿Cómo puede ocurrir esto?

No soy especialista en servicios de urgencias pero creo que este problema no se va a solucionar nunca hasta que no nos mentalicemos de que todo no es para ir a la urgencia de un hospital y de que si vamos con un dolor que tenemos en el codo desde hace una semana, vamos a entorpecer el funcionamiento y perjudicar al que puede llegar con un infarto.

¿No habría que mejorar el método de priorizar a los enfermos que llegan?

Sí, pero a menudo están desbordados por problemas que no son tan graves. A veces los síntomas no son tan claros y si hay muchos codos antes que ver, llegamos tarde. Lo que tenemos comprobado es que cuanto más grande hagas una consulta, más pronto se va a llenar.

Policías y guardias civiles demandan mejoras salariales y homologarse con agentes autonómicos. ¿Los médicos no tienen también reivindicaciones salariales?

No sé lo que cobra un policía y me parece bien que ganen más, pero creo que los médicos tenemos mucha responsabilidad, dedicación y formación y que también deberíamos ganar más.