Sandra Capitán y su hija Lucía fueron víctimas de la guerra soterrada entre narcotraficantes
Sandra Capitán y su hija Lucía fueron víctimas de la guerra soterrada entre narcotraficantes - ABC
Sucesos

2017: más violencia ligada al narcotráfico y dos sonados fracasos de la reinserción

El triple crimen de Dos Hermanas o los arrestos del loco del chándal y el violador del Tamarguillo marcan la última crónica negra escrita

SEVILLAActualizado:

La crónica negra de 2017 estuvo marcada por el aumento de la violencia de los narcotraficantes que operan en la provincia y el regreso de una polémica que nunca se fue como es la reincidencia de los delincuentes sexuales. La captura de dos de ellos rescató el debate sobre las posibilidades de éxito que tiene la reinserción de determinados perfiles delictivos. El loco del chándal o el violador del Tamarguillo cuestionan ese principio cuando este año volvieron a ser detenidos y enviados a prisión.

La guerra soterrada que mantienen los clanes de la droga dejó tres víctimas en Dos Hermanas, que pusieron rostro al suceso más terrible de 2017 por el número de víctimas -tres-, la corta edad y la inocencia de unas de ellas -sólo seis años- y la forma en la que murieron: ejecutados por una deuda entre narcos.

Sandra Capitán, su hija Lucía y su pareja sentimental, un conocido traficante turco, fueron asesinados presuntamente por el cabecilla de un clan de la heroína con base en la barriada marginal del Cerro Blanco, en la localidad nazarena. Un traficante que hasta 2017 sólo había acumulado antecedentes por trapicheos de droga, confesó haber cometido el triple asesinato porque el Turco, vinculado a la mafia de su país que hace negocio con la heroína a escala internacional, le debía 30.000 euros.

Tiroteos y medio cuartel detenido

También la droga está detrás de algunos tiroteos que nunca se esclarecieron en puntos calientes junto al río Guadalquivir o en las Tres Mil Viviendas; y del suceso que inauguró esta crónica en un 2017 recién nacido. En los primeros días de enero se conocía la detención de la mitad del cuartel de la Guardia Civil de Isla Mayor por su presunta connivencia con los traficantes que explotan el Guadalquivir como vía de entrada del hachís que sale de Marruecos. Una señal preocupante de cómo los narcos han ganado en capacidad para corromper, como admitían fuentes de la lucha contra la droga a ABC.

El loco del chándal sale esposado de su vivienda de Almadén de la Plata
El loco del chándal sale esposado de su vivienda de Almadén de la Plata-Raúl Doblado

Dos detenciones causaron especial polémica por las implicaciones que traían consigo. La primera se produjo en la pequeña población de Almadén de la Plata. En la Sierra sevillana se refugió en 2013 Manuel González, más conocido como el loco del chándal. Había salido de prisión antes de tiempo gracias a la derogación de la doctrina Parot. En 1997 había sido condenado a 169 años de prisión por agredir sexualmente a 16 mujeres, una de las cuales murió, en Cataluña donde había emigrado siendo un niño. El regreso a su pueblo natal no fue bien recibido por sus vecinos, que llegaron a manifestarse con el entonces alcalde, José Luis Vidal (PP), encabezando la protesta.

Tres años y medio después de su llegada a Almadén, la Guardia Civil lo detenía junto a su hermano por intentar acabar con la vida de dos mujeres de avanzada edad, hermanas del exregidor popular a quien culpa de haber puesto en su contra a todo un pueblo.

Los casos de Miguel Ángel Fernández o Manuel González, ambos delincuentes sexuales reincidentes, cuestionan si el paso por prisión sirve siempre para reinsertar

También la reinserción de determinados reclusos quedó muy tocada como principio que rige el sistema penitenciario español con el caso de Miguel Ángel Fernández, apodado en Sevilla como el violador del Tamarguillo. Este extremeño de 39 años salió de prisión en 2015 después de haber cumplido nueve años por violar a una joven en Zalamea de la Serena, un pequeño pueblo de Badajoz muy cerca de su localidad natal (Esparragosa de la Serena).

Al igual que el loco del chándal, Miguel Ángel se afincó tras su excarcelación lejos de lo que había sido su lugar de residencia antes de entrar en la cárcel. Y también eligió Sevilla, en su caso la barriada del Parchís de la capital. Allí estuvo viviendo con su mujer con quien ha tenido una niña hasta que en septiembre se entregaba a la Policía Nacional presionado por su pareja sentimental. Admitió a los agentes que había agredido sexualmente a una joven en el Parque del Tamarguillo a finales de agosto. Pero guardaba otro secreto que la ciencia ayudaría a destapar dos meses después.

El violador del Tamarguillo es conducido por la Policía a los juzgados del Prado
El violador del Tamarguillo es conducido por la Policía a los juzgados del Prado-EP

Una muestra de ADN que le tomaron los agentes del Grupo de Homicidios de la Policía Nacional dio un resultado positivo en el cotejo con unos vestigios hallados en el escenario del crimen de una toxicómana ocurrido en el mes de julio y que seguía sin esclarecerse. La víctima, que ejercía la prostitución para pagarse su fuerte adicción, había sido estrangulada y parcialmente quemada. Acorralado por la evidencia del hallazgo de su perfil genético, el violador del Tamarguillo también acabaría admitiendo este asesinato. Dos años después de abandonar la cárcel volvía a un centro penitenciario.

El caso que nunca murió: Marta del Castillo

A lo largo de estos últimos doces meses también se vivieron dos nuevas búsquedas del cuerpo de Marta del Castillo, con igual resultado que las anteriores, en el río Guadalquivir y en un solar de Camas. Los padres, especialmente Antonio del Castillo, no renuncian a seguir buscando el cuerpo de su hija a pesar de que ya han transcurrido ocho años del asesinato.

Y el suceso más conmovedor ocurrió en un ascensor del hospital público Virgen de Valme. Una joven que acababa de dar a luz a su tercera hija murió aplastada mientras era trasladada en camilla a la habitación. La plataforma del elevador subió con las puertas abiertas y sin que el celador hubiera introducido por completo la camilla, dejando la cabeza de la paciente, Rocío Cortés, fuera.

La investigación policial apunta a un error humano en la manipulación del elevador por parte del ascensorista. Este trabajador declarará este mes ante la juez después de haberlo hecho ante los agentes de la Policía y haber negado cualquier negligencia en su conducta profesional.