Linfocito T
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CÁNCER

Los tumores alteran el suministro de energía de las células inmunes para evitar ser atacados

El metabolismo tumoral acaba dañando a los linfocitos T naïve, por lo que las células inmunes derivadas de los mismos son defectuosas y fracasan en su lucha contra el cáncer

MADRIDActualizado:

Los linfocitos T efectores constituyen un grupo de glóbulos blancos en los que se engloban los distintos tipos de linfocitos –entre otros, los cooperadores, los reguladores y los ‘asesinos’– encargados de poner en marcha la respuesta inmune frente a diversas enfermedades, caso del cáncer. Para ello, estos linfocitos son ‘entrenados’ para reconocer y atacar al invasor, en ocasiones sin demasiado éxito. Y es que con el paso del tiempo, muchos de los nuevos linfocitos T efectores que se unen a la lucha son defectuosos, lo que da como resultado que el cáncer siga desarrollándose. Entonces, ¿qué se puede hacer? Pues tal y como se ha venido haciendo hasta ahora, estudiar en profundidad estos linfocitos T efectores para detectar el problema. Sin embargo, es posible que esta estrategia no sea del todo ‘acertada’. Y es que como muestra un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Michigan en Ann Arbor (EE.UU.), el problema no se encuentra en estos linfocitos T efectores, que ya ‘nacen’ con esta deficiencia heredada. De hecho, el origen de este defecto tiene lugar en sus predecesores, que sufren serios daños como consecuencia del metabolismo tumoral.

Como explica Weiping Zou, director de esta investigación publicada en la revista «Science Immunology», «la gente no ha tenido en cuenta que el problema no solo tiene por qué hallarse únicamente en los propios linfocitos T efectores, sino que también puede tener su origen en las células de las que derivan, esto es, en los linfocitos naïve. De hecho, en nuestro trabajo hemos encontrado que los linfocitos naïve de los pacientes con cáncer son defectuosos. Y si los linfocitos naïve están funcionalmente deteriorados, los linfocitos T efectores no pueden estar ‘sanos’».

Defecto de ‘fábrica’

Los linfocitos T efectores controlan directamente toda la actividad inmunitaria frente al cáncer. En consecuencia, los investigadores han focalizado su atención en este tipo de glóbulos blancos y han infravalorado el papel que pueden jugar otras células inmunes. Es el caso de los linfocitos T naïve, es decir, de las células que, ‘inmaculadas’, se acaban transformando en los distintos tipos de linfocitos según las necesidades del organismo. Una omisión de los científicos que, en parte, puede justificarse por la escasa presencia de estos linfocitos T naïve en el microambiente tumoral –el campo en el que se libran las batallas entre las células tumorales y las células inmunes– y que ha dado como resultado que su labor en la lucha contra el cáncer permanezca prácticamente desconocida.

Con objeto de paliar esta falta de conocimiento, los autores centraron su estudio en los linfocitos T naïve. Y lo que vieron es que los defectos en los linfocitos T encargados de combatir el cáncer no se originan en estos glóbulos blancos, sino en sus predecesores. La razón obedece a que el metabolismo tumoral impacta de forma muy negativa sobre los linfocitos T naïve.

Los linfocitos naïve de los pacientes con cáncer son defectuosos

Dada su elevada tasa de reproducción y movilidad –por ejemplo, para migrar y colonizar otros órganos–, las células tumorales tienen unos requerimientos energéticos muy superiores a los de las células sanas. Y para cumplir con estos requerimientos, consumen unas cantidades desmesuradas de glucosa. Sin embargo, el problema aquí no es tanto que los linfocitos T naïve se vean privados de una fuente de energía que están devastando los tumores, sino que una vez metabolizada, la glucosa se convierte en ácido láctico –o ‘lactato’–. Y este lactato puede resultar muy tóxico para estos linfocitos precursores. De hecho, y como muestra el estudio, una vez que el tumor ha producido niveles elevados de lactato, los linfocitos T naïve empiezan a sufrir graves daños –hasta el punto de que muchas de estas células acaban muriendo.

Como indica Weiping Zou, «efectivamente, los linfocitos T efectores no están llevando a cabo su misión como deberían, pero hay que tener presente que, pare empezar, los linfocitos T naïve sufren un daño funcional por el metabolismo tumoral».

Inmunoterapia más eficaz

En definitiva, los estudios dirigidos a potenciar la actividad del sistema inmune frente al cáncer no deben centrarse exclusivamente en los linfocitos T efectores, sino que deben tener en cuenta también a sus predecesores.

Y llegados a este punto, ¿qué se podría hacer para prevenir los daños en los linfocitos T naïve? Pues, básicamente, encontrar un tratamiento que, basado en la regulación del metabolismo, prevenga la concentración de lactato. Así se lograría conservar la funcionalidad de los linfocitos T naïve y, por ende, de todos sus descendientes. Un aspecto absolutamente fundamental para mejorar la eficacia de las inmunoterapias frente al cáncer.

Como concluye Weiping Zou, «si contamos con un mayor número de linfocitos T naïve sanos de inicio, entonces podemos esperar contar con más linfocitos T efectores completamente funcionales y, así, superar algunas de las resistencias observadas frente a las inmunoterapias».