ALERGIAS

La microbiota intestinal del bebé predice su riesgo de alergias y asma

Una investigación establece un vínculo de un patrón particular de microorganismos en la flora intestinal de los bebés de un mes de edad con un riesgo de casi el triple de desarrollar reacciones alérgicas a los dos años y asma a los cuatro años

Flora intestinal
Flora intestinal - ARCHIVO

Los microbios y bacterias que viven en el intestino de un bebé durante su primer mes de vida pueden afectar directamente el sistema inmunológico en desarrollo y, lo más importante, a su riesgo futuro de alergias y asma. Lo acaba de ver un estudio realizado por investigadores de la UC San Francisco y de Henry Ford Health System de Detroit (EE.UU.). Los resultados que se publican en «Nature Medicine» subrayan la necesidad de realizar intervenciones tempranas para mejorar la salud de la flora microbiana en los niños pequeños.

En concreto, la investigación establece un vínculo de un patrón particular de microorganismos en la flora intestinal de los bebés de un mes de edad con un riesgo de casi el triple de desarrollar reacciones alérgicas a los dos años y asma a los cuatro años. Los investigadores además demuestran que el ecosistema microbiano alterado de estos bebés de alto riesgo produce moléculas que reducen la presencia de un tipo de clave de célula inmune implicada en la prevención de las alergias. Los expertos creen que una menor cantidad de estas células conduce a un sistema inmune hiperactivo y, finalmente, a la inflamación asmática crónica de los pulmones.

«El hallazgo representa una oportunidad para desarrollar nuevos tratamientos preventivos frente a las alergias y el asma», señala Susan Lynch, profesora asociada de la UCSF. «Si queremos prevenir el desarrollo de estas enfermedades, tenemos que intervenir a tiempo», afirma Lynch. En la actualidad, la edad habitual de diagnóstico del asma ronda los seis o siete años, momento en el que ya «no hay cura y tiene que ser tratada a través de la medicación. Pero si somos capaces de detectar la génesis de la enfermedad mediante las alteraciones de la microbiota intestinal en las primeras etapas de la vida postnatal, podemos planteamos una pregunta interesante: ¿podríamos rediseñar la comunidad de microbios en los recién nacidos de alto riesgo para prevenir el asma alérgica de desarrollo?».

Microbios ‘buenos’

Lo cierto es que son muchos los estudios que han relacionado la exposición temprana a los microbios ‘buenos’ con una serie de efectos positivos para la salud: lactancia materna, partos vaginales (a diferencia de las cesáreas) e incluso las mascotas el primer año de vida se asocian con efectos protectores contra las alergias y el asma. «Durante más de una década hemos estado tratando de averiguar por qué algunos niños tiene asma y alergias y otros no», reconoce Christine Cole Johnson, del Henry Ford Health System. Y ahora, «parece que las comunidades microbianas podrían ser la clave».

El estudio se inició en 2003 con el seguimiento de un grupo muy heterogéneo de 130 bebés nacidos en el área de Detroit. Cuando los niños cumplieron 4 años se les hicieron las pruebas de alergia y asma. Como parte de este estudio, los investigadores recogieron muestras de heces de los pañales de los bebés. Y años más tarde descubrieron que ya en el momento del nacimiento se podían detectar diferencias en el microbioma que predecían el riesgo de asma futuro y por qué estos microbios eran tan determinantes en el inicio de la enfermedad.

Lynch y su equipo utilizaron el análisis genético de alto rendimiento de las muestras de heces para mapear los microbios intestinales de los 130 lactantes de un mes de edad. Este análisis encontró que los bebés se podían clasificar en tres grupos distintos en función de sus diferentes tipos de especies bacterianas y fúngicas (hongos) en el intestino. De esta forma vieron que los niños del más pequeño de estos tres grupos (11 de 130 lactantes) eran tres veces más propensos a desarrollar atopia y el asma que el resto de los recién nacidos. El análisis de la diversidad microbiana mostró que estos niños carecían de ciertas bacterias del intestino y que poseían niveles anormalmente elevados de ciertas especies de hongos residentes.

Los investigadores detectaron diferentes grasas, incluyendo una asociado con el asma en los adultos, denominado ‘12, 13 DIHOME’

Para aprender por qué los microbios intestinales en estos recién nacidos de alto riesgo podrían causar las reacciones inmunes hipersensibles que caracterizan a la atopia y el asma, el equipo de la UCSF estudió subproductos metabólicos de los microbios -moléculas en las muestras de heces-. Así descubrieron que las tripas de los recién nacidos con microbiomas saludables contenían una gran variedad de moléculas que pueden reducir la inflamación: moléculas de grasa o lípidos. Por el contrario, estos lípidos antiinflamatorios clave estaban ausentes en los intestinos de los bebés con mayor riesgo. En su lugar, los investigadores detectaron diferentes grasas, incluyendo una asociado con el asma en los adultos, denominado ‘12, 13 DIHOME’. Otros análisis encontraron que incluso las células inmunes de adultos sanos se volvieron hipersensibles después de haber sido expuestas solo los subproductos del microbioma intestinal de los bebés en situación de riesgo, y que el ‘12, 13 DIHOME’ en particular, podrían reducir el número de células T reguladoras.

Los investigadores sospechan que los microbios del intestino desempeñan un papel clave en el procesamiento de los componentes de la dieta, como las grasas, otorgándoles una poderosa influencia sobre si las moléculas antiinflamatorios o proinflamatorias terminan en el intestino.

Más casos de asma

El asma se ha duplicado en las sociedades occidentalizadas por lo que hace falta con urgencia una estrategia eficaz para su prevención, señala el investigador Homer Boushey. Este nuevo estudio, además de catalogar las diferencias de los microbios entre los niños que van o no a desarrollar asma, nos ayuda a definir el camino que tendremos que seguir para prevenir esta enfermedad. Y la solución puede estar en la reingeniería del microbioma, que podría ayudar a prevenir el asma antes de que comience.

Los investigadores también han examinado una serie de factores ambientales y socioeconómicos para saber por qué algunos niños desarrollan un determinado perfil microbioma intestinal de alto riesgo, pero únicamente han encontrado dos variables: los niños eran más propensos que las niñas, y que los que no tienen perros en el hogar también tenían mayor riesgo.

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