DEPRESIÓN

Un estudio señala que algunos antihipertensivos pueden aumentar el riesgo de depresión

Si bien los IECA y ARAII reducen el riesgo de hospitalización por un trastorno del ánimo, los calcioantagonistas y los betabloqueantes lo aumentan, y mucho

El riesgo de depresión varía según el antihipertensivo
El riesgo de depresión varía según el antihipertensivo - ARCHIVO

La hipertensión arterial, o lo que es lo mismo, tener unas cifras elevadas de presión sanguínea, es una enfermedad que padecen cerca de un 30% de la población mundial –más de 1.800 millones de personas– y más de un 40% de los adultos de nuestro país –o lo que es lo mismo, 14 millones de españoles–. Una enfermedad que, si bien puede cursar de forma asintomática, se asocia a complicaciones muy graves. No en vano, la hipertensión arterial es uno de los principales factores de riesgo de las enfermedades cardiovasculares y, por tanto, del infarto y del ictus. De ahí que los pacientes requieran tomar fármacos para disminuir esta presión arterial elevada. El problema es que estos fármacos antihipertensivos, tal y como sucede con todos los medicamentos, no están exentos de efectos secundarios. De hecho, un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Glasgow (Reino Unido) alerta de que algunos de estos antihipertensivos podrían provocar el desarrollo de trastornos mentales como la ansiedad o la depresión.

Como explica Sandosh Padmanabhan, director de esta investigación publicada en la revista «Hypertension», «la consideración de la salud mental en la práctica clínica de la hipertensión es mínima. Sin embargo, los médicos deberían conocer el posible efecto de los fármacos antihipertensivos sobre la salud mental y considerar si los tratamientos que han prescrito están teniendo un impacto negativo sobre la salud mental de sus pacientes».

¿Antidepresivos o depresores?

Para llevar a cabo el estudio, los autores contaron con la participación de 144.066 adultos escoceses que, con edades comprendidas entre los 40 y los 80 años, recibían tratamiento con alguno de los cuatro tipos de fármacos antihipertensivos más comunes: antagonistas de la angiotensina –tanto antagonistas de los receptores de la angiotensina II (ARAII) como inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina (IECA)–, betabloqueantes, calcioantagonistas y diuréticos –tiazidas.

Todos los participantes fueron seguidos durante un periodo de cinco años con objeto de evaluar si la toma de estos fármacos antihipertensivos conllevaba un mayor riesgo de hospitalización por trastornos del estado de ánimo –caso de la depresión o del trastorno bipolar–. Y para ello, compararon los resultados con los observados también durante cinco años en un grupo de 111.936 pacientes que, de la misma edad, no tomaban ningún medicamento para la hipertensión.

Los médicos deben conocer si los tratamientos que han prescrito tienen un impacto negativo sobre la salud mental de sus pacientesSandosh Padmanabhan

Concluido el estudio, los investigadores registraron un total de 299 hospitalizaciones por trastornos del estado del ánimo, muy especialmente por depresión mayor. Y de acuerdo con los resultados, el tratamiento con antagonistas de la angiotensina –ARAII o IECA– se asoció con el menor riesgo de tener que ser hospitalizado por un trastorno del ánimo. De hecho, la probabilidad de que los pacientes que tomaban estos fármacos acabaran siendo ingresados fue incluso menor que la de aquellos que no tomaban ningún medicamento para la hipertensión.

Por el contrario, los betabloqueantes y los calcioantagonistas salieron muy mal parados. Y es que según el estudio, el riesgo de hospitalización por un trastorno del ánimo asociado a su administración es más del doble del observado con los ARAII y los IECA.

Finalmente, los pacientes que tomaban diuréticos tiazídicos tuvieron un riesgo de ingreso hospitalario por un trastorno del ánimo similar al observado en aquellos que no tomaban ningún fármaco antihipertensivo.

Y estos resultados, ¿no podrían explicarse también por otra causa distinta del tratamiento antihipertensivo? Pues, en parte, podría ser que sí. Y es que como apuntan los autores, «la presencia de comorbilidades previas aumentó el riesgo de trastornos del estado del ánimo».

¿Nueva indicación terapéutica?

En definitiva, parece que los antagonistas de la angiotensina no solo no incrementan el riesgo de sufrir un trastorno del estado del ánimo, sino que incluso lo reducen. Tal es así que, como indica Sandosh Padmanabhan, «los IECA y los ARAII que se utilizan para tratar la hipertensión arterial podrían ser útiles como nuevos tratamientos para los trastornos del estado del ánimo».

Sin embargo, y como resulta evidente, el estudio no ofrece todas las respuestas sobre la posible relación entre los fármacos antihipertensivos y los trastornos del estado del ánimo. Como concluye su director, «el nuestro es un trabajo llevado a cabo en un único hospital y en el que solo se analizó el riesgo de las formas más graves de los trastornos del ánimo. Es decir, de aquellas que requirieron hospitalización. Sería muy interesante estudiar el efecto de estos fármacos sobre los cambios pequeños o modestos en el estado del ánimo, pues también tienen un impacto sobre la calidad de vida de los pacientes con hipertensión arterial».

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