VACUNAS

¿Está realmente justificado el precio de algunas vacunas?

Un editorial en «The BMJ» reclama a las farmacéuticas que bajen el precio de las vacunas en lugar de donarlas como ‘actos aleatorios de caridad’

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El pasado mes de octubre, la organización Médicos Sin Fronteras (MSF) rechazó una donación por la compañía farmacéutica Pfizer de un millón de dosis de su vacuna contra la neumonía para las campañas de inmunización infantil en zonas de crisis humanitarias. Una decisión que MSF explicó por la necesidad de que las compañías farmacéuticas, más que realizar donaciones puntuales, bajen los precios de las vacunas. La respuesta de Pfizer no se hizo esperar y anunció un precio especial de su vacuna de la neumonía para las organizaciones humanitarias. Una rebaja también contemplada por GlaxoSmithKline (GSK), la otra farmacéutica fabricante de esta vacuna. Pero como recoge un editorial publicado en la revista «The BMJ», esta medida no es, ni mucho menos, suficiente, reclamando la bajada generalizada de los precios de las vacunas ya requerida por MSF.

Como explican Els Torreele, de las Fundaciones para una Sociedad Abierta (OSF) en Nueva York (EE.UU.), y Mariana Mazzucato, de la Universidad de Sussex (Reino Unido), firmantes del editorial, «las donaciones y reducciones benevolentes de los precios para países o poblaciones seleccionados siguen siendo actos de caridad que no llegan al corazón del problema: la inaceptable mercantilización de vidas humanas por unas compañías farmacéuticas que utilizan la fijación de precios monopolísticos para establecer quién vive y quién muere».

68 veces más caras

En su comunicado para rechazar la donación, MSF alude a que «gratis no es siempre mejor» y a que «las donaciones suelen incluir numerosas condiciones y ataduras». De hecho, y entre otras razones, la organización denuncia que «al entregar sin costo la vacuna contra la neumonía, las corporaciones farmacéuticas pueden usarlo para justificar por qué los precios siguen siendo altos para otros, incluso para otras organizaciones humanitarias y países en desarrollo que no pueden costear la vacuna».

Pero, ¿cuánto cuesta realmente producir esta vacuna para la neumonía? Pues según el editorial, el coste por dosis es inferior a un dólar estadounidense. Sin embargo, su precio en los países ricos asciende a 120-160 dólares –en torno a 110-150 euros– y se requieren al menos tres dosis para inmunizar a un niño frente a la enfermedad. El resultado es que Pfizer ganó en 2015 cerca de 6.200 millones de dólares solo con la venta de esta vacuna.

Las donaciones y reducciones de los precios para países o poblaciones seleccionados son actos de caridad que no llegan al corazón del problemaEls Torreele y Mariana Mazzucato

Y este precio de 110-150 euros por dosis, ¿también se mantiene en los países menos solventes? No. Pfizer y GSK acordaron hace ya tiempo suministrar sus vacunas para la neumonía a un precio de 3 dólares por dosis a la Alianza GAVI, organización que promueve la mejora en el acceso a la vacunación en 50 de los países más pobres del mundo. Una decisión igualmente criticada en el editorial.

Como apuntan los firmantes, «si bien la medida fue aplaudida como un acto de responsabilidad social corporativa, aún aluden a que el precio ‘es aún más que rentable’ y no hay transparencia en torno a los costos de fabricación o el uso de deducciones fiscales para evaluar la verdadera generosidad de tales ofertas».

La realidad es que, según denunció MSF hace ya un año, el precio que hay que pagar para vacunar a un niño es a día de hoy 68 veces más caro que hace una década. Y como recoge el editorial, «como sucede con los fármacos costosos, los elevados precios de las vacunas son la consecuencia de decisiones corporativas centradas en maximizar los beneficios de los accionistas a expensas de la salud pública. Ahora queda claro que las compañías farmacéuticas han identificado a las vacunas como su próxima ‘gallina de oro’».

Bienes universales

Contrariamente a como sucede con la mayoría de los fármacos, no hay una oferta de vacunas genéricas que obliguen a las farmacéuticas a bajar sus precios. Además, el mercado de las vacunas es propiedad de unas pocas compañías, por lo que la competencia no es tan feroz como en otras áreas farmacológicas.

Como apuntan Els Torreele y Mariana Mazzucato, «¿cuál es la razón para esta subida de precios? La justificación a la que se suele aludir para los altos precios de las vacunas es que el proceso de investigación y desarrollo es muy caro y arriesgado. Pero el coste detalladamente estimado del desarrollo de las vacunas frente al rotavirus sugiere que las farmacéuticas podrían recuperar todos los costes muy rápidamente y ofrecer estas vacunas a precios asequibles en todos los países».

En definitiva, los autores exigen ‘menos actos de caridad’ y unos precios más realistas. Como concluyen en su editorial, «el precio adecuado de las vacunas debe tener en cuenta el valor de su desarrollo colectivo, pero también el hecho de que son bienes esenciales producidos colectivamente para proteger a las personas vulnerables, no importa dónde vivan».

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