DEPRESIÓN

Los antiinflamatorios para el lupus o la artritis también podrían ser útiles en la depresión

Uno de los efectos secundarios asociados al tratamiento con inhibidores de las citoquinas en las enfermedades autoinmunes es una reducción de los síntomas de la depresión

Hasta un tercio de los pacientes con depresión no responde a los actuales tratamientos
Hasta un tercio de los pacientes con depresión no responde a los actuales tratamientos - ARCHIVO

A día de hoy conviven en nuestro país en torno a 2,6 millones de personas con depresión. Un trastorno mental que a en todo el mundo padecen más de 350 millones de individuos y que, como alerta la Organización Mundial de la Salud (OMS), constituye la primera causa de discapacidad global. Sin embargo, y a pesar de su gran impacto, la depresión sigue siendo una enfermedad infradiagnosticada e infratratada. Y a ello se aúna que hasta una tercera parte de las personas afectadas por esta enfermedad mental no responde a los antidepresivos ya comercializados. De ahí la importancia de un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), en el que se muestra que, como sucede en las enfermedades autoinmunes, la depresión tiene un componente inflamatorio, sugiriendo así que los fármacos antiinflamatorios podrían ser útiles para tratar a este tercio de pacientes no respondedores.

Como explica Golam Khandaker, director de esta investigación publicada en la revista «Molecular Psychiatry», «cada vez nos resulta más claro que la inflamación juega un papel en la depresión, al menos en el caso de algunas personas. Y ahora, nuestro trabajo sugiere que podría ser posible tratar a estos pacientes con fármacos antiinflamatorios. Lógicamente, estos no son los antiinflamatorios que la población consume a diario, caso del ibuprofeno, sino una nueva clase de fármacos».

Efecto secundario beneficioso

Cuando el organismo es invadido por una bacteria o por un virus, el sistema inmune vierte en el torrente sanguíneo un tipo de proteínas que, denominadas ‘citoquinas’, tienen por misión activar y regular la respuesta inmunitaria para erradicar la infección. Un proceso muy bien estudiado y conocido como inflamación sistémica.

El problema se presenta cuando, tal y como ocurre en las enfermedades autoinmunes como la enfermedad de Crohn, la psoriasis o la artritis reumatoide, el sistema inmune identifica erróneamente a las células sanas del organismo como invasoras. Una situación en la que se activa la inflamación sistémica para atacar a las células sanas del propio cuerpo y que, por tanto, debe ser corregida con la administración de antiinflamatorios muy potentes, caso de los anticuerpos monoclonales y los inhibidores de las citoquinas, muchos de los cuales aún se encuentran en fase de investigación para evaluar su eficacia y, sobre todo, su seguridad.

Cada vez tenemos resulta más claro que la inflamación juega un papel en la depresión, al menos en el caso de algunos pacientesGolam Khandaker

Sin embargo, la inflamación también parece jugar un papel en los trastornos mentales. No en vano, una investigación previa llevada a cabo por los mismos autores muestra que los niños con una elevación crónica de los niveles sanguíneos de citoquinas –aun en caso de no infección siempre hay una concentración mínima circulante de estas proteínas– tienen un riesgo mucho mayor de desarrollar depresión o psicosis en la edad adulta. Tal es así que, como apuntan los autores, «nuestro trabajo sugiere un papel del sistema inmune, y especialmente de la inflamación sistémica crónica de bajo grado, en la enfermedad mental».

Entonces, ¿puede esperarse que los nuevos fármacos antiinflamatorios también sean eficaces en el tratamiento de la depresión? Pues según concluye la revisión llevada a cabo por los autores de 20 ensayos clínicos llevados a cabo para evaluar la eficacia de los inhibidores de las citoquinas en distintas enfermedades autoinmunes, sí. O cuando menos, en algunos pacientes. Y es que según los resultados, y con independencia de la mejoría de la enfermedad autoinmune para la que fueron administrados, uno de los efectos secundarios asociados a estos fármacos fue una reducción de los síntomas de la depresión.

Como indica Golam Khandaker, «en torno a una tercera parte de los pacientes resistentes a los antidepresivos muestran evidencia de inflamación. Por tanto, los tratamientos antiinflamatorios podrían ser relevantes para un gran número de personas afectadas por este trastorno mental».

Medicina más personalizada

En definitiva, los nuevos fármacos antiinflamatorios podrían ser utilizados en un futuro para el tratamiento de la depresión en los pacientes que no responden adecuadamente a los actuales antidepresivos.

Como refiere el director de la investigación, «el actual enfoque que dicta que ‘un tratamiento vale para todos’ es problemático en el caso de la depresión. Todos los antidepresivos actualmente disponibles actúan sobre un tipo de neurotransmisor, pero hasta una tercera parte de los pacientes no responden a estos fármacos. Estamos entrando en la era de la medicina personalizada, en la que ajustaremos el tratamiento a cada paciente individual. Un enfoque que está empezando a dar sus frutos en el cáncer, y es posible que en el futuro podamos utilizar los fármacos antiinflamatorios para ciertos individuos con depresión».

Sea como fuere, concluye Peter Jones, co-autor del estudio, «aún es muy pronto para decir cuándo se podrán usar estos inhibidores de las citoquinas en el manejo clínico de la depresión. Necesitamos ensayos clínicos para evaluar la eficacia de estos fármacos en pacientes que no tienen las enfermedades crónicas para los que fueron desarrollados, como la enfermedad de Crohn o la artritis reumatoide. Además, algunos de estos medicamentos pueden tener efectos adversos muy graves, por lo que deben ser previamente estudiados».

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