María José Moscoso, en una de las pruebas de los Juegos Mundiales de Deportistas Trasplantados 2017
María José Moscoso, en una de las pruebas de los Juegos Mundiales de Deportistas Trasplantados 2017 - Raúl Rodríguez
Trasplantes

Órganos activos, órganos sanos

Cada vez más los médicos comienzan a ver los beneficios de la actividad física como herramienta terapéutica para alargar la vida del paciente y el órgano

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España sigue a la cabeza de los países con mayor número de donantes de órganos del mundo. Un orgullo nacional, envidia y ejemplo para otros, que multiplica vidas y perpetúa la solidaridad. El ascenso sigue imparable cada año: 2016 se acabó con el mayor número de donaciones del mundo; en 2017 el número de trasplantes ya es un 11’5 % más alto que en 2016; y el donantes, un 10'5 %. Es otorgar y recibir una segunda oportunidad para seguir riendo, leyendo, aprendiendo, viajando, amando... Para ello, el órgano debe mantenerse despierto, activo, vivo. Y para lograrlo, pocas cosas mejores que el deporte. ¿Cómo? Con alegría, voluntad y consejo profesional.

Son muchas las campañas de concienciación para los donantes. También es cada vez mayor la información para los trasplantados. Pero esta se termina en cuanto se realiza la operación. A partir de ahí, la persona que ha recibido el órgano queda etiquetada como «enferma crónica» y la costumbre era aconsejarles y recetarles reposo, precaución e inactividad para proteger el órgano. «Y tenemos que desterrar eso ya», afirma tajante Mateo Ruiz, trasplantado de médula en varias ocasiones, director de la Asociación Deporte y Trasplante.

«Somos los mejores en donación, pero en actividad física no. Hasta hace nada, los médicos desaconsejaban el deporte. Nos tenían muy protegidos, ya desde el propio hogar. Y es una anormalidad absoluta. Hay que tener unos cuidados, pero no marginar. La actividad física mejora la calidad de vida y, por tanto, alarga también la vida del órgano, lo hace útil más tiempo», continúa. «El deporte permite a este órgano restablecer una rutina normal. Es beneficioso para ambas partes, teniendo en cuenta qué tipo de trasplante y las especificaciones de cada uno. No existía la sensibilización de que el deporte pudiera tener tantos beneficios. Y se está incorporando a la práctica habitual en los centros de trasplante», observa Beatriz Domínguez Gil, directora de la Organización Nacional del Trasplante.

Pocos estudios

Hay todavía poca literatura científica al respecto, pero son muchos los ejemplos que Vicente Elías, médico del deporte y trasplantado de hígado hace seis años, ha observado para confirmar que el deporte es una de las mejores medicinas. «Una persona trasplantada puede hacer casi de todo, cada uno en su nivel, y debe hacerlo: caminar, andar, nadar, bicicleta. El mayor problema es que no hay demasiados estudios y el desconocimiento por parte de trasplantados y entrenadores es muy grande. Poco a poco estamos comprobando que el deporte es una gran arma terapéutica: soluciona y previene muchos problemas. En cuanto recibes el trasplante ya no eres un enfermo porque tu problema está solucionado. Pero hay que empezar o continuar con el deporte con cuidado, claro. E incluso es algo que se debería recomendar para antes de la operación. Sube la energía y la confianza».

Tanto por sus pacientes como por su propia experiencia, Elías subraya dos factores importantísimos para que los trasplantados comiencen a realizar actividad física: «Pasar un reconocimiento médico para asegurarnos de que podamos hacer deporte sin problema. Con o sin trasplante, pero más si lo hay. Yo sé que mi hígado está bien, que lo tengo que mimar con todo mi cariño, pero quién me dice a mí que no tengo un problema en otro sitio. Es sentido común, pero todavía no ha entrado en la cabeza». Y segundo: «pedir consejo profesional, un experto, un entrenador. No puedes salir por tu cuenta. Necesitas una persona que te programe, que te ayude, que te ofrezca un plan. Estos preparadores conocen el mundo del deportista sano, pero tenemos que trabajar en que haya más especialistas en trasplantados».

Aunque no hay demasiadas diferencias y están asumidas. «Cuando tienes una hospitalización larga tu tono muscular desaparece. Y el ejercicio físico hace que lo vayas recuperando. El mayor problema es la medicación: los inmunodepresores castigan tus músculos, hace que se produzcan más contracturas o lesiones, pero cualquier profesional en educación física te puede hacer una tabla de ejercicios para recuperar tono muscular», comenta Ruiz.

María José Moscoso, trasplantada de hígado, y José Luis Maury, intestinal, son dos buenos ejemplos de que el deporte mejora la calidad de vida de un trasplantado y más allá. Ambos admiten que lo más duro no fue la operación en sí, sino la adaptación del cuerpo a ese nuevo órgano. Y que la actividad física les ha otorgado una fuerza extra física y mental. «Antes del trasplante hacía atletismo y tenía el listón bastante alto. Me entrenaba mucho y daba igual que estuviera cansada porque siempre rendía. Ahora mi cuerpo tiene esa memoria, y siempre quiero estar al cien por cien, pero ya no es lo mismo. La medicación afecta al sistema inmune, nos destruye el músculo y recuperamos más lento. Pero bueno, también es la edad, ¿eh?», sonríe Moscoso, que cuenta con la ayuda profesional de Sonsoles Hernández y Alberto García Bataller.

Salud mental

«Soy trasplantado intestinal y perdí casi 30 kilos durante los nueve meses que estuve ingresado. Al principio levantarme ya era un ejercicio descomunal, pero poco a poco mi cirujano me animó. Sé que hay riesgos y pocos ejemplos en los que mirarme -es el único trasplantado de este tipo de España-, pero me gusta ese reto de superarme».

Hay miedo, claro, pero sobre todo, desconocimiento. «Siempre pienso: ¿y si me pongo a tope y no le gusta a mi órgano nuevo? El otro estaba acostumbrado, pero este no es mío. No es que te pongan el hígado y a funcionar. A veces es la cabeza la que te frena, las dudas, el no saber. Si tu cuerpo no lo reconoce, ¿qué?, a lo mejor no hay otro. Por eso sé que hay que ir poco a poco, pero ir. El deporte nos mantiene sanos, a mí y al órgano», añade Moscoso. «Al final es uno mismo el que sabe qué camino tomar. No vas a poner en riesgo tu salud por ir al límite extremo, es ponerte retos día a día. Uno es consciente y realista, a partir de ahí todo es fuerza mental. Pero no estoy hablando solo de competir como intento yo. Sino de salir a pasear, de ir a la piscina dos veces a la semana… El deporte como salud. Pequeñas metas que hacen que te levantes y veas que puedes. El órgano está más sano, y tu cabeza también», concluye Maury.

Ambos participaron en los Juegos Mundiales de Deportistas Trasplantados, celebrados en Málaga en junio. Una reunión internacional de 2.300 deportistas con los mismos problemas e ilusiones. Una fiesta de la vida porque se celebró la solidaridad en donación y se compartieron medallas, esfuerzo, risas y consejos, porque siempre hay alguien que ha pasado por ahí y que ayuda a ver el camino más despejado. Tanto en la pista, como en la vida.