Una devota reza a la Blanca Paloma
Una devota reza a la Blanca Paloma - J.M.SERRANO
EFEMÉRIDES

Rocío 2018: Una Romería preludio de conmemoraciones especiales

La presente cita anual con la Virgen del Rocío no es una convocatoria cualquiera: la de 2018 aglutina y es preámbulo de un buen puñado de efemérides que hacen que destile un sentimiento extraordinario

ALMONTEActualizado:

La celebración de la Romería del Rocío es una gran conmemoración anual que integra, a su vez, una serie de ritos de distinta relevancia, desde los más domésticos –preparación de enseres y viandas para el camino y los días en la aldea-, hasta los oficiales –los actos litúrgicos y sociales que conlleva la solemnidad-. Como todo rito, se repite desde tiempos inmemoriales con escasas variaciones, muy sutiles y en todo caso diluidas en el transcurrir de los años, porque de eso se trata: de conservar la tradición de la forma más fiel e inalterable posible. Pero hay años, como en este 2018, en el que convergen o se inician otras conmemoraciones que guardan relación con El Rocío y que ni Almonte ni la Hermandad Matriz han querido pasar por alto.

La primera de ellas, la más cercana en el tiempo, es el 25 aniversario de la visita que el Papa San Juan Pablo II realizó a la aldea el 14 de junio de 1993. Aquella visita supuso de algún modo la consolidación del proceso de universalización que la devoción rociera había experimentado desde la Coronación Canónica de la Virgen del Rocío el 8 de junio de 1919; el espaldarazo del más alto representante de la jerarquía eclesiástica a una manifestación de fe mariana sencilla y popular, profundamente arraigada en el sentir de un pueblo cada vez más numeroso, que se congregó alrededor del Sumo Pontífice, rezó en silencio con él y supo contagiarle su singular modo de profesar su fe. Y el «Papa viajero», que a partir de entonces pasó a ser también conocido como el «Papa rociero», correspondió el sincero cariño de los peregrinos con un mandato que ya está cincelado para siempre en los anales de la historia de la devoción a la Blanca Paloma: «¡Que todo el mundo sea rociero!».

San Juan Pablo II emitió aquella célebre frase desde uno de los balcones del Santuario, que pasó a llamarse «Balcón del Papa». Y precisamente el Santuario, declarado recientemente como Nacional por la Conferencia Episcopal Española y en proceso de ser declarado Internacional, cumplirá 50 años en 2019. La obra, proyectada por los arquitectos Antonio Delgado Roig y Alberto Balbontín, sufrió, desde que se colocara la primera piedra en 1964, no pocos contratiempos y retrasos. Pero finalmente, en abril de 1969, la ermita fue bendecida y la Virgen pudo ocupar su lugar en el templo.

Sin duda, la espera mereció la pena y el ahora Santuario Nacional se ha convertido en uno de los más emblemáticos de España, con su entrada en forma de concha y su perfil blanco recortado en el exuberante espacio de las marismas de Doñana, un valor añadido para este espacio que incide en su espiritualidad de una forma casi mágica.

Precisamente el Parque Nacional de Doñana, en cuyo entorno se enclava el Santuario y por cuyos caminos peregrinan miles de romeros al encuentro de la Blanca Paloma, fue creado como tal en 1969. El Parque Natural se crearía 20 años después, por lo que también cumple años en 2019. La creación de ambas figuras ha supuesto una creciente protección del conjunto de ecosistemas que lo conforman, declarado en 1994 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, y aunque las cada vez más estrictas normativas que afectan a este territorio han provocado no pocos roces entre sus habitantes y las administraciones encargadas de su gestión.

También se han producido choques entre estas instituciones públicas y las hermandades filiales, ya que no siempre se ha adaptado el espacio a la misma velocidad y con la misma intensidad con la ha ido creciendo la devoción rociera. En cualquier caso y dejando a un lado tensiones puntuales, tanto las hermandades como las administraciones continúan en su esfuerzo por compatibilizar la conservación de la reserva natural más importante de Europa con una devoción que le es inherente.

Junto con el Centenario de la Coronación, cuyos fastos darán comienzo con la procesión extraordinaria de la Virgen del Rocío por la aldea el próximo 8 de septiembre, y la Venida de la Virgen a Almonte que se producirá en agosto de 2019- acontecimiento que ha merecido la concesión por segunda vez del Año Jubilar por parte de la Santa Sede-, los rocieros afrontan un ciclo de dos años absolutamente ineludible e imprescindible, que toda una generación de devotos tendrá el privilegio de poder presenciar en primera fila.