El Rocío
HISTORIA

Así era el Rocío en 1973: el documental «Raíces» de Televisión Española

Hace más de 40 años el santuario aún no tenía la concha, ni el retablo neobarroco y, sobre todo... la Virgen salía al alba

SEVILLAActualizado:

El Rocío es una fiesta que ha cambiado en su forma, en su estética, en sus cantes... pero sigue guardando el mismo contenido: todo es la Virgen. Pero, ¿cómo ha cambiado? Hace unos días, Televisión Española ha compartido en redes sociales el documental «Raíces», a color, emitido en 1973 y en el que se aprecian unos caminos más vírgenes, una aldea menos saturada, un santuario más humilde, como lo eran también las gentes que peregrinaban entonces para postrarse ante la Blanca Paloma.

En el documental se pueden contemplar planos bellísimos de Huelva, la Rocina, Doñana y las playas de Bajo de Guía y Malandar. Capta la misma esencia de esa romería de hace 45 años, mucho más flamenca, más andaluza y familiar.

Todo se inicia en la capital onubense con la preparación de los característicos carros de papelillos multicolor tiradas por mulos, como el carro de Pijanca, que un día sirve para cargar cajas y al día siguiente para dormir en los caminos hacia la aldea. Sale el Simpecado, con el águila franquista en su base. Entonces, aún quedaban algunos años de Régimen franquista. Meses después, ETA asesinaría a Luis Carrero Blanco. Fue en ese mismo mes de diciembre. Se ve una ciudad con un caserío humilde, con un asfalto repleto de baches.

Sus gentes también han cambiado. Miren si no las vestimentas, con esas batas con inmensos volantes, peinados ensortijados y voluminosos o grandes patillas que recuerdan a las del Selu en la chirigota de Juan. Por no hablar, también, de las señoras mayores completamente de negro en lo alto de las carretas.

Suenan cantes más allá de las sevillanas. En Huelva se canta fandango camino del Rocío. Se ve el ambiente en la aldea. El documental graba a Paco de Lucía y a Camarón por bulerías.

Luego aparece Bajo de Guía y el desembarco de las hermandades de Cádiz en la playa de Malandar. Los peregrinos cruzan en barcos, balsas y botes. Y otro plano hermosísimo: el de Gines, con su antigua carreta del Simpecado, cruzando por las veredas con un ambiente de pueblo nada que ver con las bullas que lleva ahora esta importante filial.

Llega el momento de la presentación. El santuario, entonces ermita, no tiene aún la concha de pórtico. Y, en el interior, el altar mayor es de lo más humilde. Aún no se había realizado el imponente retablo neobarroco actual, ni las capillas laterales.

Por la noche del Domingo de Pentecostés se celebra el rosario, con tracas y fuegos artificiales ya desaparecidos. En la ermita, los almonteños se agolpan mientras los santeros retiran los elementos del altar de la Virgen. Justo cuando se retira el último, la tensión se hace irreprimible. Se produce el salto de la reja y la complicada bajada de la Blanca Paloma del altar. De fondo, la puerta del santuario, por donde entra la luz del día. Ya ha amanecido. Entonces, la salida de la Virgen era al alba...