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El paradójico motivo por el que los modelos no sonríen en la pasarela

Diferentes profesionales que participan en la semana de la moda de París explican por qué nunca se ven felices

El motivo por el que los modelos no sonríen en la pasarela
El motivo por el que los modelos no sonríen en la pasarela
BITÁCORAS.com - Actualizado: Guardado en: Actualidad

¿Qué les pasa a las modelos de Zara? ¿Por qué están todas tan tristes? ¿Por qué tienen todas una pose de resignación como si las llevaran al matadero? Son algunas de las retóricas preguntas que en abril de 2015 lanzaba al respetable la bloguera de moda Alicia Santiago en un post que tuvo una gran repercusión en la red.

La publicación ponía el dedo en la llaga sobre un tema que estos días ha vuelto a salir a la palestra a raíz de unas declaraciones realizadas por varios profesionales durante la semana de la moda de París y recogidas por AFP y que desvelan el motivo de esta singular tendencia.

Entre ellos, el modelo británico de origen nigeriano Ty Ogunkoya, quien comentaba a la agencia francesa: «No hay que sonreír, es así de sencillo. Me sentiría raro si tuviera que hacerlo». En una línea similar se expresaba su colega de profesión Matthieu Villot señalando: «Lo que quieren es mostrar la ropa y no nuestras caras. Si sonreímos, la atención se focaliza en nuestros rostros y no en la ropa». De hecho, parece que muchos de estos modelos intentan visualizar episodios negativos para concentrarse en este guión que exige seriedad:«Cuando camino, pienso en algo triste, como cuando murió mi gato», relataba a AFP otra joven modelo eslovaca.

Aunque la idea de subir a la pasarela modelos con caras largas parece actual, en otro artículo publicado hace unos meses en el blog Trendencias, Abril Camino recuerda que su origen se remonta a la era victoriana, cuando se pusieron de moda las cartes de visite, unas tarjetas que que se entregaban en diferentes actos y visitas sociales coincidiendo con el boom de la fotografía. En ellas, era imprescindible mostrar un semblante serio, con lo que se denomina 'desdén aristocrático'. Las más conocidas son las de la propia reina Victoria, quien, como comenta la autora «no fue precisamente célebre por regalar sonrisas a la cámara».

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