Real MadridLos cinco de Zidane

Carvajal, Marcelo, Modric, Kroos y Casemiro constituyen el eje de un Madrid más rico tácticamente

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El Madrid actual no tiene tanto una columna vertebral como un eje: Marcelo, Carvajal, Casemiro, Modric y Kroos.

Estos cinco son los fundamentales en cualquier partido importante. El juego del equipo no se ve tan afectado si hay cambios en la defensa o en la delantera. No importa tanto si se ha de elegir entre Ramos, Pepe, Varane o Nacho, y las opciones arriba tampoco modifican la competitividad del equipo. A menudo, la ausencia de algún miembro de la BBC -o incluso la de todos- mejora el rendimiento de conjunto.

Pero los laterales no tienen fácil sustitución. Carvajal la encuentra alguna vez en Danilo, con peor prensa que rendimiento. Y los cambios en la media afectan a la sustancia del juego, a su densidad, a lo que se juega realmente. Con una excepción: Kovacic pudo en sus últimos partidos aportar cosas de Casemiro, aunque no todas.

La importancia de Casemiro es multiplicativa. Para empezar, empuja más al equipo hacia el rival, y refuerza el rendimiento de Modric y Kroos, que quedan aliviados de algunas obligaciones y pueden recuperar su naturaleza de centrocampistas puros. Casemiro los empuja unos cuantos metros adelante.

Estos cinco de Zidane ocupan el campo totalmente, lo ensanchan, lo equilibran, garantizan posesión y un porcentaje elevado de acierto en el pase. Casemiro, que siempre fue -revisen sus datos en Oporto- un experto en recuperaciones, aprende ahora a acompañar la jugada y a concretar su toque.

Casemiro -el partido ante el Granada fue otro recital en eso- se preocupa de cubrir las bandas, y el abanico de su influencia termina por aliviar también al lateral. Marcelo encuentra seguridad para avanzar. Y ahí ese eje de cinco, esa superioridad horizontal del Madrid,se hace opulenta: con Marcelo el Madrid recupera otro diez.

Con Casemiro, Kroos y Modric el Madrid tiene por vez primera en años superioridad en el mediocampo respecto al Barcelona. Su porcentaje en el pase es por primera vez superior. Modric es lo más parecido a Xavi después de Xavi, y Kroos no es Iniesta, aunque aporta una claridad infrecuente, pero su influencia directa en el gol no dista mucho. Iniesta urdía desde muy atrás, daba el pase antecedente. Kroos no ha recuperado su poderío de mediapunta llegador que explotó con Heynckes en Alemania, pero a cambio contribuye con los balones parados. Es evidente la importancia de Kroos y Modric para que el Madrid sea una “potencia” europea por alto.

A esos tres, por fin parangonables con el Barcelona, el Madrid añade la sorpresa posicional, el lujo, el disparate de Marcelo, que de 3 se hace 10, el mejor 10 posible en muchos tramos del partido.

Así que el Madrid de Zidane es, sobre todo, un Madrid de centrocampismo. Es el Madrid que recupera el centrocampismo. Esto tiene una importancia para un club que había perdido el sentido de esa posición.

Variantes tácticas de Zidane

Estos futbolistas le dan al Madrid una riqueza posicional que Zidane ha explotado, pues en lo que va de año ha jugado en varios sistemas.

El 4-3-3 es el inicial, y es un módulo con algo de “político” por cuanto garantiza el rango de la BBC. Ese sistema de partida es un sistema institucional.

El 4-4-2 fue la primera (es la primera, de hecho) respuesta defensiva y prudente. Es el sistema en Champions cuando Bale admite regresar en la banda. En cuanto cae alguno de los delanteros, aparece el Lucas Vázquez. Ese 4-2-2 es módulo defensivo, solidario, y tuvo algo de prudencia primera, de primer repliegue. Fue la primera alternativa táctica.

Pero Zidane ha probado otras cosas este año.

Para empezar, el 4-1-4-1. Esto -casi guardiolístico- es una de los lujos que le permite Casemiro. Casemiro multiplica el rendimiento de los demás y las posibilidades tácticas, mutantes del equipo.

El 4-1-4-1 con Casemiro habla claramente de la ocupación total del frente ofensivo. Casemiro redime el mediapuntismo frenético del Madrid. Se hace sostén. Pero el equipo no se parte, no se alarga, sino que con Zidane se ensancha. Tácticamente, Zidane empieza a ser garantía de cuerpo, de solidez táctica, de ocupación y presencia en el campo. De equipos con flancos amplios. Esa es la primera medida táctica de Zidane: el repliegue solidario, el juntarse, algo que no es del todo contragolpe, como su toque tampoco es del todo eso que se llama tiquitaca. Es muy equiibrado lo que intenta Zidane. No contras, sino repliegue; y posesivo, pero no morbosa, no ideológica, sin perder el sentido de la portería.

Zidane mejora el equilibrio de Ancelotti. Lo enriquece, pero sobre todo por Casemiro.

Nos habíamos quedado en el 4-1-4-1. Los partidos con Kovacic relajaron ese 4-1-4-1 en un esporádico 4-2-3-1. Colocaba al lado a Modric o a Kroos.

Lo bueno de Zidane es que estos cambios los ha ido incorporando a lo largo de los partidos. La mejor muestra es el 3-4-3 o 3-5-2, el sistema felizmente de moda en Europa.

La línea Moses-Kanté-Matic-Alonso de Conte en el Chelsea ha triunfado en la Premier. Pues para comprender lo que es este Madrid sólo hay que compararla con los Carvajal/Marcelo-Modric-Casemiro-Kroos. Con seguridad, uno de los tres mejores en cada puesto.

El 3-4-3 se ha utilizado en tramos de algún partido, y como esquema para las remontadas. También en la Intercontinental. El equipo abre las alas. Es perfecto para los laterales del Madrid.

Lo bueno que tiene Casemiro es que le permite desplegarlo durante los partidos. Es decir, Casemiro se descuelga hacia la soledad del 4-1-4-1 o se incrusta en los centrales -lo ha hecho alguna vez- , y entonces el Madrid se hace 3-4-3.

La importancia de Casemiro en la variedad táctica del Madrid es otro factor a sumar a su rendimiento ”invisible” junto al robo de balón y a la seguridad posicional, magnética. Multiplica a los demás y amplía las posibilidades tácticas.

Dicho todo lo anterior, no hemos mencionado la delantera. Cuando en los tres de arriba hay cambios, aparecen dos nuevas opciones que enriquecen el juego. Si juega Isco el Madrid suma a lo anterior su capacidad con la pelota. Incluso de espalda, su conducción, sumada a esa media, convierte al Madrid en el equipo con más capacidad para prolongar la posesión.

Si el que entra es Lucas Vázquez, el campo se abre aún más y se multiplica el dinamismo. El toque se aligera de verticalidad. Una cosa es fundamental: puede jugar pegado a banda, pero ha demostrado que se entiende muy bien con Carvajal, Juntos juegan bien, él asume posiciones de interior con inteligencia, se desdobla a la perfección. Consigue que su fútbol no se solape, sino que se potencian. Se convierten en algo martilleante en la banda. Uno de los grandes talentos de Lucas es el de asociarse. Hacerse parte subordinada en la relación. Juega en pareja, y se adapta perfectamente a lo que quiere el otro.

En resumen, el Madrid de Zidane es lo que es porque ha recuperado la hegemonía en el centro del campo, algo desconocido para el Madrid en décadas. Tan importante como la BBC es el eje de cinco estrellas mundiales en sus respectivos puestos. Estos cinco jugadores permiten, además, tal cantidad de cambios que el Madrid multiplica su plasticidad. Eso hemos visto estos meses: la capacidad de Zidane para trabajar varios sistemas incluso en un mismo partido.

El Madrid es diverso, cambiante y tiene tantas respuestas como tramos del partido.

Esos cinco de Zidane con Casemiro no recuerdan tanto al Madrid suyo con Makelele de escudero como al de la Octava con del Bosque en 5-3-2. Esa superioridad en lo ancho con Redondo, Mcmanaman y Roberto Carlos llegando.

Aún le queda a Zidane, después de todas las opciones mencionadas, la apelación épica final y directa con Morata, Ramos y compañía en los últimos minutos.

(Nótese que lo anterior se ha escrito sin mencionar a Bale, el mejor jugador del equipo).