Prosinecki, con Fernando Hierro, compañeros en el Real Madrid
Prosinecki, con Fernando Hierro, compañeros en el Real Madrid - EFE

Real MadridDe Prosinecki a Bale

El yugoslavo, fumador empedernido, te recibía con un Chesterfield y una cerveza para entrevistarle; su boca era una caries total. El galés es lo contrario, se cuida con esmero

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La plaga de lesiones de Bale recuerda la criba de roturas que Prosinecki, Robben y Woodgate sufrieron en su etapa madridista. El yugoslavo es rememorado precisamente en estos momentos porque fue el fichaje más caro de la historia el club hasta ese momento, 550 millones de pesetas en 1991 (por Hugo Sánchez se pagaron 200 millones de pesetas en 1996), lo que actualmente serían en precio de mercado 110 millones de pesetas. Y Robert Prosinecki llegó prácticamente lesionado. Bale costó 91 millones, cinco millones menos que Cristiano, y la ansiedad por demostrar su valía ha sido una constante en ambos casos. La gran diferencia es que Bale se cuida y le cuidan con un esmero.

Prosinecki, sin embargo, representaba la antigua escuela del futbolista. No vigilaba su forma de vida, su convivencia era similar a la de cualquiera persona que no fuera futbolista. Y lo pagó caro.

El Madrid acusó al Estrella Roja de venderle a Prosinecki por 550 millones de pesetas, lo que hoy equivaldrían a 110 millones de euros, cuando estaba físicamente destrozado

Fumador empedernido de «Chester», con una boca repleta de caries, el líder del estrella roja, que había ganado la copa de Europa, solo jugó 73 partidos con el Real Madrid, que acusó al Estrella Roja de infiltrarle muchas veces para jugar en la temporada anterior, hechos muy clásicos sobre los deportistas en aquella Europa del Esteque buscaba reconocimientos como fuera, destrozando a los mejores.

El yugoslavo era simpático, dicharachero, locuaz, cercano, invitaba a cerveza y a Chesterfield cuando hablablas con él en la vieja cafetería de la ciudad deportiva del Real Madrid. Campechano, solo pedía que no le hicieras foto con el cigarro y la cerveza porque no quedaba bien. «La cerveza viene bien después del entrenamiento porque repones líquidos». ¿Se imaginan hoy una foto con un cigarro y una cerveza? El pobre Coentrao ha soportado toda su vida aquella foto con un cigarro en una fiesta, como si fumara un paquete todos los días. Hace treinta años, eso no era un problema grave. Cruyff y Maradona, por decir ejemplos de figuras, fumaban después de los partidos. Diego Armando lo hacía en la parte trasera del avión, junto a la prensa. Lo mismo que ahora ¿eh?

El yugoslavo fumaba «como un jugador de antes», sí, pero sus problemas principales fueron las caries de una boca sin cuidar y las infiltraciones mensuales que los médicos del Estrella Roja le clavaron durante toda una temporada para que disputara todos los partidos de la Copa de Europa, hasta ganarla. Porque Prosinecki y Savicevic eran los jefes y talentos de aquel equipo.

Mendoza fue a fichar a Savicevic y contrató a Robert, porque le gustó en un gran partido de la Copa de Europa. El infortunio destrozó una buena inversión de 550 millones de pesetas.

Otros casos de lesionados crónicos y desafortunados en el Real Madrid fueron Woodgate, Robben y Cunningham.

• Woodgate (2004-06). Llegó al Real Madrid lesionado. Se pagaron 22 millones por el inglés. Y solo disputó 14 partidos en dos años. Se rompió el recto anterior constantemente. Reaparecía y recaía. En el Middlesbrough recuperó posteriormente parte de su nivel.

• Arjen Robben (2007-09). Ramón Calderón pagó 36 millones al Chelsea por un lesionado. Nunca disputó más de cinco partidos consecutivos. Se rompía en una rodilla o en la otra. Se perdió el 40 por ciento de los encuentros en dos campañas. Jugó 65 veces y anotó 13 goles.

• Laurie Cunningham (1979-1983). Un extremo veloz, hábil, que sufrió lo indecible por causas ajenas al fútbol. Uno de los pocos madridistas que ha sido aplaudido en el Camp Nou. Costó 127 millones de pesetas y vino del West Bromwich Albion.

Jugó bien en un principio, pero el asesinato de dos hijas y de su cuñada le hundieron en una depresión de la que nunca salió. No pudo triunfar en el Real Madrid. Disputó 66 partidos y anotó 20 goles en cuatro años. Luego jugó en Inglaterra y Bélgica, para regresar a España. Militó en el Sporting de Gijón y en el Rayo Vallecano. Y en Madrid sufrió la tragedia final. Perdió la vida en un accidente de tráfico el 15 de julio de 1989.