Isco
Isco - REUTERS

Real MadridLa metamorfosis de Isco

Desde abril, nadie le tose la titularidad. Se asocia más y mejor, retiene menos el balón y su influencia en el juego gana partidos y títulos

MADRIDActualizado:

Hace justo un año, en la concentración de la selección española de octubre de 2016, Isco se desnudaba con una reflexión valiente y sincera: «No soy tonto, si no soy titular con Ancelotti, Benítez y Zidane es mi responsabilidad». Tres meses antes, en la gira de pretemporada por tierras norteamericanas, el de Arroyo de la Miel se sentó cara a cara con el técnico francés. Zizou le animó a pelear por un puesto de titular y a no bajar los brazos, pero también le advirtió que la competencia sería alta y que solo su rendimiento le haría ganarse un rol mollar, o no. En su mano estaba. Isco aceptó el desafío y le hizo saber a Zidane que le demostraría que podía ser un futbolista importante. Y así fue.

Más tarde que pronto, según la hoja de ruta que el andaluz tenía en su cabeza, pero logró su objetivo, que era hacerse con una plaza fija en el once. Desde el clásico del Bernabéu de la pasada Liga, jugado en abril y en el que Isco no disputó ni un solo minuto, el Real Madrid ha afrontado 21 encuentros oficiales y en 18 de ellos el «22» blanco ha jugado de inicio. Es verdad que el viento ha soplado a su favor gracias a la lesión de Bale y la extensa sanción a Cristiano, pero sus méritos deportivos han estado a la altura de lo demandado por Zidane.

Evolución en su juego

El entrenador francés nunca tuvo dudas del talento y de la valía de Isco, pero hubo ocasiones en las que hasta James llegó a estar por delante en el orden de preferencias y soluciones. El paso del tiempo invirtió esta situación. El colombiano se desacreditó él solo, con su actitud rebelde y sus declaraciones fuera de lugar y contexto, a la vez que Isco entrenaba más y mejor, no montaba números ante los medios y aprovechaba con más inteligencia y acierto los minutos que le daba Zidane.

Como reconoció Isco, no podía ser casualidad que tres entrenadores de tanto fuste le dejaran en el banquillo, así que actuó en consecuencia y no se atrincheró en excusas. Francisco Román Alarcón examinó su estilo de juego minuciosamente con la idea de mantener su esencia, pero a la vez, introducir pequeñas modificaciones que aumentaran su influencia en el juego. En el club siempre se ha ensalzado la figura de Isco, pero eso no era óbice para exigirle más juego combinativo y más repercusión en el juego ofensivo. En ambas situaciones ha dado varios pasos adelante el malagueño. Ahora retiene menos el balón, se asocia con más asiduidad, y supera líneas y rivales con una de sus mejores virtudes, el pase al espacio.

En esta evolución ha encontrado Isco números notables. Cinco goles y seis asistencias en los 18 encuentros que ha jugado como titular desde el Madrid-Barça del 23 de abril. Algunos tantos, decisivos, como en la vuelta de la semifinal de Champions en el Vicente Calderón, con la eliminatoria a un solo gol de ser igualada por el Atlético. O su diana en la Supercopa de Europa, frente al Manchester, donde fue nombrado MVP.

Su sello también lo ha dejado en la Liga, con dobletes de sumo valor, como el logrado en El Molinón durante la pasada Liga o el materializado ante el Español el domingo por la noche. Dos ejemplos más de la sobresaliente metamorfosis de Isco.