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Real Madrid-Manchester UnitedCasemiro e Isco sonrojan a Pogba

Pobre partido del francés ante una exhibición del brasileño y el malacitano

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Hoy hace justo un año, el Manchester United hacía oficial el fichaje de Paul Pogba. 105 millones de euros para la Juventus y 15 para Mino Raiola, el pizzero metamorfoseado en famoso y rico agente de futbolistas. En total, 120 millones de euros. Hasta la contratación de Neymar por el PSG, la operación más costosa del fútbol mundial. Entonces muchos se preguntaron si realmente Pogba era un jugador de tres dígitos de valía. 365 días después, el interrogante no solo no ha desaparecido, sino que ha cogido más altura que nunca. Ante el Real Madrid, muchos aficionados blancos ajenos a la Premier comprobaron de primera mano que un cambio Pogba-Casemiro no le hubiera salido rentable al Real Madrid.

El mediocentro francés siempre estuvo en el radar de los blancos, con Zidane como principal valedor. Y fue justo antes de que acabara en Old Trafford cuando más caliente estuvo su contratación en los despachos del Bernabéu: «Pogba es un gran futbolista y en el Madrid siempre tienen que estar los mejores futbolistas. ¿Quién no lo querría en su equipo?», se preguntaba en público Zidane durante el mes de julio del pasado año, semanas antes de que Pogba firmara por el club inglés.

En el Madrid no veían con malos ojos el fichaje, pero tampoco les hacía mucha ilusión. En solo cinco meses, Zidane había hecho al equipo campeón de Europa y se había ganado el derecho a pedir, pero los mandatarios blancos consideraban el coste del francés bastante elevado. Además, había un motivo aún más importante que el dinero que hacía dudar a la dirección técnica. ¿Qué pasaría con Casemiro?

El pivote brasileño ha sido el pilar sobre el que ha edificado Zidane su obra maestra en el banquillo del Real Madrid. La Undécima tiene grabada a fuego su nombre y apellidos, con mención especial a su exhibición en la final de Milán, donde él solo sostuvo a su equipo en el tiempo extra. La llegada de Pogba le habría relegado a un papel secundario y, quizás, hubiera roto el ecosistema de este Real Madrid pluscuamperfecto que va «pisoteando» rivales en Europa cómo y cuándo quiere. Anoche, el United fue la última víctima. Casemiro vestía de negro. Pogba de rojo, y el Madrid levantó la cuarta Supercopa de su historia. Todo encajaba.

Casemiro, al ataque

El brasileño deslumbró con un soberbio partido en el corte y confección, especialidad de la casa. Pero sus méritos fueron mucho más allá de un excelente trabajo de destrucción. Se sumó al ataque con el descaro de un «10» y rozó el gol en los primeros minutos. Primero, con un remate de cabeza al larguero. Poco después, trallazo desde el vértice del área por encima de la portería de De Gea. A la la tercera, el brasileño no perdonaba. Mágica asistencia de Carvajal y remate con la izquierda, de primeras, al palo largo del guardameta español.

La actuación de Casemiro chocaba de bruces con el rendimiento de Pogba. El francés pasaba más tiempo corriendo detrás de la pelota o perdiendo balones en zona de riesgo que fabricando fútbol, y cuando tuvo la oportunidad de lucirse, naufragó cual Titanic. Con empate a cero, el galo condujo un contragolpe de tres para dos, con Lukaku y Lingard a ambos costados. Situación de clara superioridad para haber fabricado una ocasión, pero Pogba pecó de egoísmo y falta de ideas y acabó lanzando un disparo desde 30 metros que se estrelló contra el cuerpo de Varane. Luego, en la segunda mitad, libre de marca en el área pequeña, remató inocentemente a las manos de Keylor un centro de Valencia. 120 millones de euros exigen más protagonismo. Los 7,5 de Casemiro dejan en cueros a la estrella francesa.

Recital de Isco

El otro hombre del partido en el Real Madrid fue Francisco Román Alarcón. Dándole continuidad a su inolvidable final en Cardiff, el malacitano supo leer a la perfección la defensa de cinco del United. De un costado a otro, se movió entre líneas con inteligencia, dándole amplitud, verticalidad y definición a su equipo. Precioso su tanto, en pared con Bale, finalizada con un remate de interior imparable para De Gea. Aunque la tiene apalabrada, todavía no ha firmado su renovación, pero por si acaso haría bien el Madrid en sellar cuanto antes el acuerdo. Con los tiempos que corren, su cláusula de 150 millones de euros es una bagatela.

Quien no salió tan contento de Skopje fue Bale. Decía el lunes Mourinho, en su habitual movimiento de ajedrez prepartido, que si no le veía sobre el verde del Phillip II daría por hecho que Zidane no contaba con él. Sí que lo vio, aunque tímidamente. Ni el larguero estuvo de su lado. Por suerte, hace tiempo que el Madrid dejó de depender de la BBC para convertirse en un equipo de centrocampistas, el lugar donde se cocinan el fútbol y los títulos.