Real Madrid Zidane se pone serio: la indisciplina defensiva lastra a su equipo

El técnico está molesto y preocupado por la carencia de entrega de algunos jugadores. Sabe que no ha conseguido que sus figuras se sacrifiquen

Zinedine Zidane
Zinedine Zidane - EFE
TOMÁS GONZÁLEZ-MARTÍN - Actualizado: Guardado en: Real Madrid

Más quisieran muchos haber ganado una Champions y una Supercopa de Europa en ocho meses como entrenador de alto nivel. Muy pocos consiguen ser campeones de Europa como técnicos. Consuelo de tontos. Zidane no se conforma con el éxito reciente. Es pasado. No se resigna. Quiere llegar a lo más alto en esa profesión. Detrás de esa sonrisa cómplice que resta gravedad a todo lo que dice se esconde un hombre con una ambición tan medida como infinita. Y sabe que ese equipo de talento que dirige, ganador nato, tiene dos problemas que surgen y desaparecen como un Guadiana: falta de actitud y de «disciplina defensiva». Estas dos palabras son repetidas en el seno del club para entender el desastre de Varsovia, salvado con el empate gracias a un tercer toque de talento.

El reto del técnico es conseguir que las figuras asuman que el sacrificio sin balón es necesario para ganar títulos

El francés cumple cien partidos como entrenador del Real Madrid con el mismo dilema que cuando llegó el 4 de enero: conseguir que este grupo de genios trabaje, sude y «corra sin balón» para frenar al contrario. Es otra frase reiterada en la casa blanca. «Zizou» asume que no lo ha logrado.

Se echa la culpa

Sin pompa, humilde, sincero, autocrítico, el responsable del Real Madrid afirma que no se considera el mejor entrenador del mundo, aunque sea candidato al galardón, porque sabe que no ha conseguido superar el más difícil todavía de un equipo hecho de futbolistas constructores de fútbol que digiere mal correr detrás del enemigo. Está enfadado por la carencia de entrega de algunos de sus jugadores. Enojado por la ausencia de sacrificio para «ejecutar la estrategia defensiva que tanto trabaja teóricamente y en el césped», como señalan los profesionales que están a su lado.

No admitirá cargar con la culpa de un problema que trabaja con sus hombres en el césped y en la pizarra para que después no cumplan lo hablado

A la hora de la verdad, muchos de sus pupilos no cumplen lo escuchado, lo entrenado. La historia se repite. Es la asignatura pendiente de estos diez meses en el cargo. En enero conocía que el talón de Aquiles madridista era la ausencia de trabajo destructivo de los hombres creativos. Debutó en el Bernabéu frente al Deportivo y el Sporting de Gijón y esperó. Vio. Decidió. Y venció después de atacar el problema crónico con la revolución de marzo. La derrota del derbi del 27 de febrero, 0-1, suscitó la reacción de todos cuando vieron las orejas del lobo que les esperaba en junio. El Real Madrid, entonces, reaccionó. Lucas, Casemiro y Pepe fueron las banderas del cambio. Ahora, Zidane realizará otra revolución. Pausada. Las bajas le impiden hacer todo de golpe. Pero tiene clara una cosa, la misma que expuso en febrero a su plantilla, tras aquel 0-1 del derbi: no permitirá que le echen por la falta de disciplina defensiva de diversos hombres. Los cambiará. Entonces expuso a sus pupilos que primero le despedirían a él, aunque luego irían ellos. Ahora no admitirá cargar con la culpa de una debilidad que trabaja con sus hombres para que después no le hagan caso y el equipo se parta en dos, cinco abajo y cinco arriba mirando. Por ahí no pasará.

No critica con nombres. Sus hechos lo dirán todo. Asume que es el responsable de no encontrar solución al problema y tomará medidas. Habrá cambios. De jugadores y de esquema en la estrategia defensiva. Casemiro y Kovacic la realizan bien. El equipo de diciembre no será el mismo de ahora.

La relajación le ha costado al equipo los empates de Las Palmas, Borussia Dortmund y Éibar

Zidane le ha expuesto a su plantilla que se repiten los defectos de siempre, errores que han hablado cien veces (en sus cien partidos). Y no lo acepta. La desconexión general del equipo se ha producido en los tres empates sufridos ante Las Palmas, el Borussia Dortmund y el Éibar. También se observó frente al Athletic, cuando Álvaro Morata solventó la falta de tensión anterior con su gol salvador en el minuto 83, el 2-1.

«Es humano que vayas ganando por 0-2, te ves muy superior, te relajas y después sufres problemas», dicen los profesionales del Real Madrid que quieren ver una visión puramente futbolística al 3-3 en Varsovia. El técnico va más allá. Sabe que con esa letanía del equipo no ganará títulos. Aunque cuenta con la reacción de sus pupilos cuando llega la hora de la verdad.

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