Dortmund-Real Madrid Michael Zorc, el Monchi de Alemania

El director deportivo del Borussia, aurinegro durante 17 años, es la figura clave de la historia moderna del club

Dortmund-Real Madrid: 
Michael Zorc, el Monchi de Alemania

Si hay un campeonato entre las grandes Ligas europeas que dibuja su historia con trazos desiguales, ese es la Bundesliga. La liga alemana acumula 53 ediciones, y 25 de ellas han sido ganadas por el Bayern de Múnich. El cuarenta y cinco por ciento. La estadística adquiere aún mayor impacto si el foco lo alumbramos solo en el siglo XXI. De los dieciséis torneos germanos disputados en lo que llevamos de centuria, diez de ellos han ido a parar a la capital de Baviera. Una «dictadura» solo tambaleada por el Borussia Dortmund, campeón de la Bundesliga en cinco ocasiones, tres de ellas en este siglo, gracias al trabajo con traje y corbata de Michael Zorc, el futbolista con más partidos (555) y goles (156) en la historia del club germano.

El director deportivo del Borussia ocupa el cargo desde 1998, año de su retirada como futbolista profesional, que desarrolló en su totalidad en el Dortmund durante 17 temporadas (1981-1998). Mediocentro «box to box» de incansable recorrido, fue clave en la primera época dorada del club aurinegro, durante la década de los noventa, en las que sumó sus dos primeras Bundesligas (1995 y 1996) y las únicas Champions (1997) y Copa Intercontinental de su historia (1997).

Desde entonces, Zorc sigue siendo indispensable, pero desde su despacho. Dejó las botas y el brazalete para capitanerar la dirección deportiva del club, y ahí lleva los últimos 18 años, construyendo desde la nada la segunda gran etapa del Borussia. Él y Hans-Joachim Watzke, director general y hombre clave del Dortmund para evitar la bancarrota en 2004, son las auténticas figuras de la historia moderna del club alemán. Entre ambos han diseñado una política deportivo-económica que salvó al club de su desaparición hasta convertirlo en un referente en Europa.

Fichar bueno, bonito y barato y vender caro, ese el patrón de trabajo del Borussia, de la mano del visionario Zorc que reconstruye la plantilla verano tras verano sin que ello merme el potencial del equipo. Su hoja de ruta se basa en jugadores locos por comerse la hierba y triunfar. Nada de futbolistas acomodados. Si tienen calidad y hambre, el Borussia Dortmund es su club. Y da igual si juegan en la élite o en las catacumbas del fútbol. Para lo que muchos clubes serían despojos, para los ojos de Zorc es talento desaprovechado. Bien lo saben Kagawa y Pulisic. El japonés fue fichado del «Cerezo Osaka», cuando jugaba en la segunda división nipona, y el norteamericano llegó a la cuenca del Ruhr con solo 16 años, con unas prestaciones brillantes en el fútbol sala, pero vírgenes en el fútbol. Casualmente, ambos son hoy jugadores claves para Thomas Tuchel, el meticuloso y perfeccionista técnico del Borussia que intenta hacer olvidar la exitosa era Klopp (2008-2015).

Vivero de estrellas

En los últimos diez años, Zorc ha traído a Dortmund futbolistas a precio de saldo, y por entonces desconocidos, que hoy son estrellas mundiales. Hablamos de Hummels, Lewandowski, Gundogan, Subotic, Reus, Mkhitaryan o Aubameyang. Sin ir más lejos, este pasado verano, ha hecho lo mismo con Guerreiro, Dembélè, Bartra, Weigl o Mikel Merino, jóvenes perlas con mucho que decir en el futuro del deporte rey. Y no podemos olvidarnos de la cantera, de donde han salido futbolistas como Schmelzer, Sahin o Gotze.

La habilidad financiera y deportiva de Zorc, y de Watzke, ha multiplicado por cuatro el presupuesto del Borussia: de 65 millones en 1998 a 260 en 2016, además de elevar el número de socios a la cifra récord de 135.000. Deportivamente, el club germano lleva años en el escaparate de la Bundesliga y de la Champions. Se llevó la liga alemana en 2010 y 2011, llegó a cuartos de la Liga de Campeones en 2014 y estuvo muy cerca de conquistarla en 2013, cuando fue derrotado en la final por el Bayern. Esta noche, ante el Madrid, querrán volver a demostrar a toda Europa que su techo siempre tiene un peldaño más por construir.

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