Champions | Sporting de Portugal-Real Madrid Los orígenes de Cristiano, el niño que retaba a los coches en las paradas de semáforo

Ronaldo regresa a su primera casa, la del Sporting de Lisboa, club en el que jugó desde 1997 a 2003. ABC repasa con detalle sus complicados orígenes en Madeira y la capital lusa

Cristiano Ronaldo, en su etapa de jugador del Sporting de Lisboa
Cristiano Ronaldo, en su etapa de jugador del Sporting de Lisboa - ABC

Madeira, el jardín del Atlántico, es una hermosa isla con una orografía de marcado carácter volcánico, coyuntura que condiciona la disposición de sus ciudades, en especial la capital, Funchal. En los ochenta y noventa, con un solo campo en toda la ciudad, jugar al fútbol en Quinta do Falcao era un ejercicio de funambulismo, aunque para Cristiano Ronaldo fue una bendición. Las empinadas calles y el deteriorado asfalto del humilde barrio que vio nacer y crecer al futbolista luso ejercieron sobre él una impagable enseñanza: «Regresaba del colegio, comía y le mandaba a hacer los deberes, pero en cuanto me daba la vuelta cogía un yogur de la nevera y se escapaba de casa. Hasta casi la medianoche estaba jugando al fútbol», recuerda María Dolores dos Santos, su madre.

«Regresaba del cole y en vez de hacer los deberes, se iba de casa para jugar con los amigos», revela María Dolores, la madre de CR7

Ronaldo, llamado así por Ronald Reagan, presidente de Estados Unidos entre 1981 y 1989, fue el cuarto hijo de Dolores y José Dinis Aveiro, tras Elma, Hugo y Katia. Vino al mundo en el hospital Cruz de Carvalho a las 10.20 horas del 5 de febrero de 1985. Pesaba cuatro kilos y medía 52 centímetros: «Con esa porte va a ser futbolista», le vaticinó el ginecólogo a la progenitora. La premonición no pudo ser más acertada.

Inicios callejeros

Sus primeros pasos en el fútbol los dio en el Andorinha, con ocho años. Hasta entonces, Cristiano forjó su marcada personalidad y desarrolló su potencia y técnica en las sinuosas avenidas de Quinta do Falcao. Partidos con dos piedras que ejercían de portería y un balón que una veces era una botella de plástico y otras una pelota hecha de papel y bolsas de plástico. Y cuando no había nadie para jugar, horas y horas de disparos contra una pared: «La calle te da chulería y confianza. Si encima vives en un barrio pobre, o pisas o te pisan. Cristiano lo tuvo claro desde el primer día», detalla Rui Santos, el presidente del Andorinha, orgulloso del paso de Ronaldo por su club: «Un futbolista como él no aparece todos los días y no necesitas mucho tiempo pasa saber que es especial, distinto». Allí le colgaron el mote de «abelhinha (abejita)», por su forma de entender el fútbol. Estaba todo el partido revoloteando por el campo.

«La calle te da confianza y chulería. O pisas o te pisan», recuerda Rui Santos, el presidente del Andorinha, primer club de Cristiano

A los diez años, Cristiano fichó por el Nacional de Madeira a cambio de 2 balones y 20 equipaciones. Allí siguió puliendo sus enormes cualidades: «El fútbol de la calle era el culpable de su talento y su coraje», explica Antonio Mendoça, su entrenador. Como en el Andorinha, su periplo en el Nacional apenas dura un par de temporadas. Su crecimiento es imparable. Fernando Sousa, padrino de Cristiano, es amigo de Joao Marques de Freitas, asistente del procurador de Madeira y presidente de la peña del Sporting de Portugal en Funchal, y aprovecha su relación para avisarle del diamante que tiene como ahijado. Marques de Freitas no lo duda ni un segundo y se pone en contacto con Aurelio Pereira, el jefe de reclutamiento del club lisboeta. Era la Semana Santa de 1997 y, a sus doce años, Cristiano Ronaldo iba a subirse a un avión por primera vez en su vida para pasar una prueba que marcaría su lustroso camino en el fútbol.

La ficha del Cristiano en el Andorinha,, su primer club
La ficha del Cristiano en el Andorinha,, su primer club- ABC

Cristiano llegó al aeropuerto de la capital portuguesa con un letrero de cartón colgado al cuello y su nombre escrito en él: «Lloramos mucho toda la familia. Pero yo sabía que estaba haciendo lo mejor para él. Encima tenía opciones de ir al equipo del que yo era hincha y en el que jugaba Figo, mi ídolo», rememora la madre de Cristiano. La noche de antes del vuelo, Ronaldo no pegó ojo. Estaba muy nervioso, pero el test salió niquelado: «Nada más terminar las pruebas, el resto de chicos se acercaron a Cristiano para felicitarle y para preguntarle si podían ser su amigo. Fue un recital. El balón era una extensión de su cuerpo», explica a ABC su mentor.

«Fue tal exhibición en la prueba de acceso que el resto de niños le pidieron ser su amigo», cuenta Aurelio Pereira, su descubridor

Junto a sus ayudantes Paolo Cardoso y Osvaldo Silva, Aurelio Pereira redacta un informe demoledor: «Cristiano es jugador con un talento fuera de serie y técnicamente muy desarrollado. A destacar su capacidad de desborde, tanto parado con en movimiento. Tiene una gran variedad de regates y es buenísimo con los pies, sin miedo y atrevido». En ese momento, el Nacional tenía una deuda con el Sporting de 5.000.000 escudos (25.000 euros). Demasiado dinero para un crío de solo doce años, pero Aurelio Pereira logró convencer al club para que ese fuera el precio del fichaje: «Era una gran inversión de futuro», recuerda. Y tanto que lo fue.

Un nuevo mundo

Ronaldo regresó a Madeira y acabó la temporada con el Nacional. En agosto se incorporaría a su nuevo club. Un radical cambio de vida para un chico de una familia en el umbral de la pobreza, con un padre en el paro, una madre doblando jornadas como cocinera y cuatro bocas que alimentar: «Su primer año fuera de casa fue muy duro. Tenia ‘saudade’ a todas horas. La mayoría de los chicos que no son de Lisboa y vienen al Sporting regresan a su hogar a las pocas semanas de llegar al club. Solo los más fuertes y ambiciosos resisten», explica Aurelio Pereira.

En su primer año en Lisboa llamaba a casa llorando casi todas las noches, se peleaba con los profesores y tiraba su sueldo en chocolatinas

En el colegio, los compañeros se mofaban de Cristiano por su acento isleño. Su ira la pagaba con los profesores, malgastaba su sueldo mensual (10.000 escudos, unos 50 euros) en chocolatinas, y llamaba casi todas las noches desde una cabina telefónica a su madre, con la que desahogaba llorando sin parar. Pero Dolores sabía bien lo que hacía y nunca se puso de su lado cuando su comportamiento era rebelde: «La educación y la formación es la prioridad número uno de nuestra Academia. Y la madre de Cristiano siempre nos dio la razón cuando castigábamos a su hijo. Sabía que no había actuado correctamente y que lo hacíamos por su bien», detalla su descubridor.

Cristiano, junto a su descubridor
Cristiano, junto a su descubridor- AURELIO PEREIRA

Tras esa primera temporada llena de espinas, Cristiano empezó a adaptarse y a centrarse en su cometido: «Un día tuve una charla con él y le dije si quería seguir llorándole a su madre o quería jugar al fútbol. Me contestó lo segundo, sin titubeo alguno», revela Pereira. En el colegio, Ronaldo había mejorado su comportamiento y sus notas, y sobre el campo comenzaba a demostrar la categoría de futbolista que llevaba dentro. Su implicación ya era total, tanto que hubo que ponerle freno. Varias madrugadas a la semana, Ronaldo se escapaba de su habitación, saltaba una valla, escalaba un muro hasta llegar a un tejado y accedía por la ventana trasera al gimnasio del club. Allí fortalecía sus músculos, corría en la cinta y perfeccionaba su técnica dando infinitos toques al balón: «Era un depredador. Un perfeccionista. Hasta medía su velocidad con los coches en las paradas de semáforo, para ver quién corría más. Pero era aún muy joven para darse esa traca de entrenamiento a horas intempestivas. Así que tuvimos que ponerle candados a las puertas y ventanas del gimnasio», explica Aurelio Pereira.

Arritmia cardíaca

Conforme quemaba etapas, Cristiano iba subiendo escalafones en el club y consolidaba su pandilla de amigos. Todos ellos ejercían de recogepelotas los domingos en el antiguo estadio José Alvalade, durante los partidos del primer equipo. La recompensa eran cinco euros, invertidos pocas horas después en una pizzería cercana al estadio que les hacía un dos por uno. Una noche, con quince años, al regresar del cine, Ronaldo y tres compañeros más fueron asaltados con navajas en el metro de Lisboa. El único que no corrió fue él. Y salió de aquel lío con su monedero y su físico intactos. A gallardía y defensa propia no le ganaba nadie. Lo aprendió en su barrio de Quinta do Falcao, donde sobrevivir formaba parte de la hoja diaria de ruta.

«Se escapaba de la habitación a la una de la madrugada para colarse en el gimnasio y entrenar. Tuvimos que ponerle candados», revela Pereira

Otra muestra de su valentía durante sus seis años en Lisboa fue la operación de corazón a la que se sometió cuando se aproximaba a los 16 años: «Tenía un problema congénito, una arritmia cardíaca que le provocaba pulsaciones demasiado altas en reposo. Fue una intervención sencilla, a través de cirugía láser. Ni él ni su carrera corrieron ningún riesgo, y Cristiano nunca tuvo miedo de lo que pudiera pasar», revela Aurelio Pereira.

Ronaldo ha sido el único jugador en la historia del Sporting de Portugal en jugar en el sub 16, sub 17, sub 18, equipo B y primer equipo en una sola temporada. Ocurrió en la campaña 2001-2002, justo cuando abandonó la residencia del club. Acababa de firmar su primer contrato profesional. Cuatro años de vinculación, a 2.000 euros al mes y una cláusula de 20 millones de euros. Y se marchó a vivir junto a tres compañeros más al «Residencial Dom José»: «Ocupó el cuarto número 34. Era un chico delgado, risueño y bromista. Nunca pensé que podía haber llegado tan lejos y por eso apenas tenemos recuerdos de él», cuenta a este periódico José Pereira, el dueño de la pensión, situada a quinientos metros de la icónica plaza lisboeta de Marqués de Pombal.

Ronaldo, junto a Deco y Sa Pinto, en un Oporto-Sporting,
Ronaldo, junto a Deco y Sa Pinto, en un Oporto-Sporting,- ABC

Su adiós a Lisboa

En la temporada 2002-2003, con el húngaro Lazlo Boloni de entrenador, Cristiano consolidó su estatus de jugador del primer equipo. El 7 de octubre anotó su primer tanto oficial, en un encuentro ante el Moreirense. Con 17 años, 8 meses y 2 días se convirtió en el goleador más joven de la historia del Sporting. Fue el primero de sus muchos hitos. Aquella campaña la terminó con unos registros discretos, pero su juego embelesó a media Europa. Inter, Liverpool, Barcelona y Arsenal, que incluso llegó a un acuerdo verbal con Jorge Mendes, llamaron a su puerta, pero finalmente acabó en el United.

Cristiano, con la camiseta del Nacional
Cristiano, con la camiseta del Nacional

El 6 de agosto de 2003, un amistoso entre Sporting de Lisboa y Manchester sirvió para inaugurar el nuevo estadio José Alvalade. Aquella calurosa noche de Lisboa, Ronaldo detuvo el mundo. Una portentosa exhibición que adelantó los acontecimientos: «El Manchester había cerrado su fichaje la noche anterior, pero el acuerdo era dejarlo esa temporada cedido en el Sporting. Esa noche, Cristiano jugó uno de los mejores partidos de su carrera y Ferguson obligó a cambiar el trato para que desde ese mismo verano fuera ya integrante del United», detalla Joao Aroso, segundo entrenador del Sporting en aquel momento.

Ronaldo firmó un contrato de cinco años a cambio de dos millones de euros por temporada y lo primero que hizo nada más estampar su rúbrica fue decirle a su madre que dejara de trabajar y eligiera la mejor casa de Funchal. Seis años después de salir de Madeira, la familia Dos Santos Aveiro tenía la recompensa a tanto sacrificio. Y el niño que retaba a los coches en las paradas de semáforo empezaba su brillante carrera hacia la cima del fútbol.

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